A la vasca

Mirando a Bilbao. Julen Landa

Después de pasar el último fin de semana en Bilbao he vuelto a darme cuenta de la gran riqueza que tiene el País Vasco. Una gastronomía espectacular, un patrimonio cultural muy amplio, un entorno envidiable… es una parte de nuestro país de la que podemos estar bien orgullosos.

Si bien las bondades de este territorio son muchas, hoy quiero hablar de una en particular: su sistema de investidura. En estos momentos en los que España se encuentra paralizada por el bloqueo institucional al que nos llevan obligando nuestros “políticos” ( y digo políticos entre comillas porque si la política es, según la RAE, el “arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados”, es algo de lo que nuestros representantes están huyendo), y con la cercanía de los comicios en el País Vasco, me pregunto si no nos convendría, para evitar otra vez esta situación, mirar hacia nuestros compatriotas vascos y copiar una de las tantas cosas buenas que tienen, como lo es su modelo de investidura.

Para quien no lo conozca, el sistema vasco de investidura es muy simple: una vez se han realizado las elecciones y los 75 escaños de su parlamento se han repartido, cada partido decide si presenta a la investidura a su candidato. Es decir, no tiene por qué existir (como en el congreso nacional) un único candidato que busque los apoyos, si no que pueden competir, en una misma sesión, varios. Una vez conocidos los candidatos que desean presentarse al proceso, ¿cómo votan los parlamentarios? He aquí la clave. Una vez dan el paso uno, dos o varios diputados para optar a lehendakari, el resto de sus compañeros deben decantarse por alguno de los candidatos o abstenerse. No existe el voto negativo. El resultado es muy simple, quien más “síes” consiga es nombrado presidente de la comunidad autónoma.

Como ejemplo, el actual lehendakari, Íñigo Urkullu, fue investido con sólo los 27 votos de su grupo (un tercio de la cámara), mientras que Bildu, con 21, votó a su candidata, Laura Mintegi, y el resto de grupos se abstuvieron.

Tras las dos investiduras fallidas de Mr. No Sanchez, más los dos igualmente malogrados intentos del inmovilista Mariano, muchas son las opciones para modificar el sistema que se han puesto sobre la mesa, de cara a que no vuelva a ocurrir dicha situación y el país pueda echar a andar: cambiar el modelo institucional a uno presidencialista, cambiar la constitución para que gobierne la lista más votada, cambiar el sistema de reparto de escaños al estilo de, por ejemplo, Grecia, otorgando 50 escaños extra a la lista con más apoyos… pero “la opción vasca” es mucho más sencilla y, probablemente, más democrática que todas ellas.

¿Qué hubiera pasado tras el 20 de Diciembre si se aplicase este sistema? Pues las opciones son varias, pero hubiera sido interesante verlo. Seguramente, por la cantidad de escaños, los candidatos a la investidura hubieran sido Rajoy y Sanchez, ya que si Pablo Iglesias no quisiera ser responsable de la continuidad de Rajoy, se vería obligado a votar si al PSOE. Tanto PP como PSOE, tendrían que negociar el apoyo de Ciudadanos para poder tener más “síes” que el otro candidato, o bien iniciarse en la vía nacionalista/independentista del resto de grupos del parlamento. Lo que está claro es que, al ser un uno contra uno en el que si no ganas, pierdes, y no existiendo la opción de “prórroga” que actualmente está sucediendo, los partidos se verían forzados en mayor medida a pactar, a ceder y a entenderse. Una vez formado gobierno, comenzaría el juego de la implantación de leyes, que tendría que ser muy debatido, mediado y acordado entre los varios grupos presentes; es decir, si bien sería mucho más complicado legislar, las propuestas sacadas adelante serían mucho más representativas de la pluralidad ideológica española.

Los ciudadanos españoles nos hemos cansado de tanto jueguecito y postureo político. Nos hemos cansado de sufragar unas elecciones tras otras para no cambiar nada. Si como bien decía Einstein “Locura es hacer lo mismo una vez tras otra y esperar resultados diferentes”, dejamos repetir acciones y errores y tomemos la iniciativa. Tomemos el ejemplo de nuestros compañeros vascos.

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