Adiós, viejo

Este sábado, 30 de Septiembre, cierra el Vicente Calderón. Y lo hace para siempre. Con el nuevo estadio ya estrenado, la tienda del club y las visitas por el interior del hasta ahora feudo rojiblanco cierran a finales de este mes, de cara a preparar la demolición, que previsiblemente empezará a principios del año que viene.

Es cierto que el cambio que se ha hecho ha sido a mejor en prácticamente todos los sentidos: el Metropolitano, para los que ya hemos podido verlo desde dentro, está sin duda entre los estadios mejores y más modernos del mundo del fútbol. La iluminación, el sistema audiovisual, la acústica, la grada, la cubierta… todo es seña de un salto importante en calidad. Además, el terreno amplio y despejado de alrededor del nuevo estadio hace que el día de partido transgreda a los noventa minutos habituales, y la idea (con clara referencia en los deportes americanos) de hacer cada jornada una fiesta con bebida, comida, conciertos, actividades para niños… parece que no se limitará al día del estreno y se mantendrá en el tiempo, debido a la gran acogida entre los colchoneros.

Pero, pese a todo ello, el día que el candado se eche definitivamente en el Calderón, muchos corazones se encogerán. Porque, como dijo Fernando Torres, al nuevo estadio sólo le falta una cosa: llenarlo de sentimientos. Y de eso es algo de lo que había más que de sobra en la ribera del manzanares. Porque, como alguien dijo una vez, el fútbol es la cosa más importante entre las cosas que no importan.

El Vicente Calderón fue aquel estadio que se inauguró con un gol del eterno Luis Aragonés en 1966. El estadio que vio la mejor época del equipo y también la más negra. El lugar donde quedaron para la historia los Luis, Adelardo, Gárate, Leivinha, Griffa, Ratón Ayala, Futre… El estadio que vio el debut de Fernando Torres y que se llenó hasta la bandera para recibirle en su vuelta al equipo. El campo donde los goles de Kiko y Simeone certificaron aquel histórico doblete. El estadio de las eliminatorias de Champions contra el Bayern, el Barça, el Chelsea… pero también el estadio que se llenaba los sábados a las doce del mediodía en segunda división. El estadio al que entré por primera vez con mi padre hace tanto tiempo que no estoy seguro de que mis recuerdos sean reales o construidos a base de relatos. Las gradas a las que pude acompañarle siendo un niño en varias ocasiones más, a ver a un equipo de Musampas, Álvaros Novo y Pablos Ibañez empatar a cero con el Getafe o el Zaragoza (porque, como se cantaba en esas gradas hasta hace muy poco “jamás te dejará esta hinchada”). El estadio al que no me importaba ir solo a ver eliminatorias de la UEFA cuando empecé a vivir en Madrid. El estadio que despedimos mi padre y yo (como no podía ser de otra forma) pisando su césped pocas semanas antes de su cierre definitivo.

Uno de los lugares más emblemáticos del fútbol español cierra este fin de semana, y todo esto queda allí, y quedará para siempre en el recuerdo. Ahora nos toca a todos los atléticos crear nuevos recuerdos en el Metropolitano, para que en algún momento pueda llegar a estar tan lleno de sentimientos como lo ha estado el Vicente Calderón hasta los últimos días. Yo, por mi parte, ya he empezado: el nuevo estadio lo he pisado por primera vez de la misma forma que lo hice en el anterior. Acompañado de mi padre.

1 Comment

  • Ríete dice:

    Menuda patraña de artículo. El Wanda es el producto de un robo patrimonial y especulaciones varias.
    Las lágrimas de cocodrilo y’a de nada sirven, se ha instaurado el todo vale y Uds como clientes/siervos bajan la cabeza.

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