Ahora, ¿Madrid?

Manuela Carmena ya ha sido investida alcaldesa de la capital.
En las calles aledañas y las plazas sociales ha comenzado la celebración. Vítores y cantos a Carmena, pero también a Madrid. Curioso.

Haciendo una revisión rápida a Facebook y Twitter leo comentarios regionalistas, de orgullo de ciudad en personas que hace un mes la calificaban de “rancia y sucia”. ¿Qué ha cambiado en Madrid? Nada, absolutamente nada ha cambiado aún en Madrid.
Sin embargo, el sentimiento madrileñista se ha implantado ya, en muchos de los que con ilusión, han alzado a la nueva alcaldesa a su posición.

No es un sentimiento extraño, responde a la sensación de pertenencia. El sectarismo clásico de saberse parte del caballo ganador. Algo que ya se experimentó en la era Aznar o ZP. Ningún cambio en ese aspecto.
Más allá de lo llamativo, esto no tiene porque ser negativo si está bien gestionado. Es una oportunidad para eliminar la polarización que ha sufrido nuestra ciudad en los últimos años. En los que el rencor, la endofobia y la apatía eran premiados socialmente, como si de una muestra contra la mala gestión del PP se tratase.

En la sociedad española el maniqueismo y la endofobia están implantadas como norma. Esta puede ser la oportunidad para hacer que deje de ser así.
El sentimiento de pertenencia u orgullo sobre ser parte de una región o ciudad, va más allá de quién la gobierne. Tiene que ver con sus costumbres, su historia, sus gentes. Tiene que ver con su cultura, su arquitectura y su estilo de vida. Y esto, no ha cambiado en el último mes. Madrid es hoy, como lo era hace un mes, la capital plural, diversa y reivindicativa que en 1808 nos libró de la conquista, que en 1936 luchó contra las imposiciones y que en 1978 reivindicó el respeto y la democracia.
Madrid es hoy la ciudad que nos llena de orgullo a los que hemos vivido fuera de ella y la hemos visto con antojo de sus tardes de terrazas y su sentimiento de pueblo castellano. Lo es y lo será igualmente, se apellide Aguirre, Botella o Carmena la persona que dirija el consistorio.

El sentimiento reivindicativo de los matritenses carmenitas hoy, es agridulce. Al fin hay una integración en la sensación de sentirse parte de una ciudad que ya les acogía ayer. Agrio porque aún no supone la comprensión del respeto a la diversidad ideológica en la misma. También amargo por el riesgo a que esta sea una sensación temporal y la endofobia regrese, con más fuerza que nunca, tras la decepción con el consistorio.
De hecho una muestra de esta incredulidad de pertenencia se ha dado en el juramento del cargo. Con representación dramatúrgica (Ya habitual) incluida, a la hora de prometer. Los nuevos concejales de AM, proferían el grito de “omnia sunt comunia” y “por imposición legal”. Un hecho esperpéntico, viniendo de quién ya dispone del poder y gobierno de la ciudad.

Mucho tendrán que acostumbrarse algunas mentes a comprender que ya no hay a nadie a quien quejarse sino a sí mismos.
Ahora son ellos los responsables y objetivos de las críticas por la gestión que es desde ahora su responsabilidad. Los escraches, las manifestaciones, los improperios hacia el gobierno que los nuevos concejales acostumbraban a proferir, “cambian de bando”. Por tanto, el tiempo de las palabras y las interpretaciones histriónicas se ha terminado. Al menos ya no les corresponden a ellos. El “omnia sunt comunia” no ha de proferirse, ha de realizarse.

Toca entonces un nuevo tiempo de responsabilidades, respeto a nuestra identidad local y optimismo contenido. Toca por tanto trabajar ahora, por Madrid.

(Actualización)

Antes de publicar este artículo, salta a la luz el caso de los polémicos tuits de Soto y Zapata, entre otros miembros de la formación.
Parece tristemente confirmar la teoría de la sectarización ideológica, en ese sentimiento agridulce de pertenencia.
Zapata no ha dejado su acta de concejal.
Madrid sigue siendo la misma, la sigo queriendo, aunque parece que a la diversidad, le pertenece un poco menos.

©Imagen: cuartopoder.es

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