Ama a Venezuela, admira a Venezuela

Casi nos olvidamos, porque como nos queda lejos y nadie nos lo quiere enseñar por televisión, pues termina por convertirse en inexistente. Pero es que el éxodo y la huida es tangible e imposible de maquillar. Las penurias, calamidades y sacrificios para escapar de la miseria y la hambruna quedan ilustradas en la frontera con Colombia, por ejemplo. Ahí, jovencísimas promesas tienen que vender su cuerpo por 2.907 bolívares (0,01€) para poder llevarse un mendrugo de pan a la boca.

El heredero encargado de gestionar esta desgracia, (el elegido), Nicolás Maduro, regresaba de vender lo que quedaba del alma de Venezuela al socio chino (acierto tras acierto), cuando creyó oportuno detenerse en Estambul para celebrar la devastación de su país; como quién cree oportuno alzar el puño izquierdo, mientras empaqueta con el derecho su mudanza, de Vallecas a La Navata. En Estambul, Maduro se encendió puros habanos y engulló exquisita carne. Enseñó al mundo los excesos que blindan su refulgente andorga. “Este chef ama a Venezuela, admira a Venezuela”, decía entre humo y ternera. Yo solo puedo pensar en Coco Chanel cuando decía que “la libertad siempre es elegante”; la desvergüenza de este déspota sólo puede ser chabacana y burda.

Foto: Duchess Flux – No Shake! 

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