American Freak Show

Las primarias presidenciales estadounidenses se encuentran en un momento de relevancia crítica. Las primeras votaciones empiezan en breves en los estados de Iowa y New Hampshire, que, al ser de los primeros en votar, tienen la capacidad de impulsar a un candidato hacia la ansiada nominación, aunque no siempre han acertado. Ningún candidato de los dos grandes partidos parece tener la victoria asegurada, y esto hace que la polarización entre los candidatos esté en aumento.

Los focos se centran en el excéntrico multi-millonario Donald Trump, sabe dar titulares y generar audiencias, es un hombre de negocios. Sus comentarios, xenófobos y contrarios la cultura de lo “políticamente correcto”, han sido bien recibidos por las bases republicanas. Los debates Republicanos han asimilado un formato semejante al de un reality show, exprimiendo cuestiones sin sustancia con respuestas que buscan llamar la atención dentro de un circo de más de doce candidatos. Trump se ha presentado como un “ganador” (lo ha sido toda su vida), prometiendo a sus votantes, entre otras cosas, la construcción de un muro en la frontera sur del país, pagado por México. Sus falacias le han dotado de un apoyo esperanzador, a pesar de su ampuloso discurso de matices machistas y xenófobos. Es la manifestación más sincera del populismo conservador, que ha caracterizado a los republicanos durante la administración de Obama. No es improbable que Trump consiga la nominación republicana en Julio, pero su aparición y gran popularidad han hecho que el establishment del partido conservador replantee su estrategia política, que tanto ha radicalizado a sus afiliados. Le siguen en los sondeos Ted Cruz, un fundamentalista religioso en busca del voto evangélico, y, el más moderado, Jeb Bush, hermano del expresidente George Bush.

En la campaña demócrata, Hillary Clinton parecía tener todas las de ganar hasta que hace unos meses el candidato independiente de Vermont, Bernie Sanders, empezó a surgir en las encuestas. Con sorprendente semejanza a como Obama le arrebató la nominación a Hillary en 2008, Bernie Sanders ha despertado un gran interés entre las bases demócratas que no suelen participar en el proceso de primarias. Sanders se auto-define como socialdemócrata, algo inédito en la política estadounidense, y está movilizando el voto joven y enfadado que busca el cambio social en un país donde la clase media no deja de menguar, mientras los recortes destrozan la educación y la sanidad es cada vez más accesible.

Sorprendentemente, Bernie también moviliza parte del voto descontento republicano gracias a su desafío del status quo de Washington, donde, gracias a una decisión de la Corte Suprema, las empresas pueden sobornar legalmente a los políticos con millones de dólares en contribuciones a sus campañas electorales, excepto a Trump, que se la paga solito. En repetidas ocasiones, Hillary ha atacado el izquierdismo de Sanders, el cual contraataca señalando que los cinco mayores contribuidores a la campaña de Hillary son macro-entidades financieras de Wall Street, como Goldman Sachs y City Group, que tienen intereses en la política fiscal del país. En el presente, las sondeos de Iowa muestran a ambos candidatos empatados, y, en New Hampshire, Bernie saca una holgada ventaja a Hillary. Las primarias del 1 de febrero en Iowa tienen el potencial de dar un gran empuje a la campaña de Bernie, como pasó con Obama, o de mantener a Hillary como la favorita.

Independientemente de lo que pase en las primarias republicanas, todos los sondeos indican que la presidencia estadounidense permanecerá controlada por el grupo demócrata otros cuatro años más. Esto es comprensible como consecuencia del creciente extremismo ideológico dentro de las bases republicanas y de la influencia que ciertos grupos ultra-religiosos tienen sobre los candidatos del partido conservador. Los dirigentes republicanos deberán volver a acercarse a las mayorías ideológicas de los Estados Unidos, y dejar de hacer de menos a las minorías (cada vez más amplias), si quieren volver a ganar alguna elección presidencial.


Rodrigo González: Estudiante en University College London. Apasionado de la política internacional y de la ciencia.

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