Año cero

  • La cifra habla por sí sola: de 248 conflictos armados tras la Segunda Guerra Mundial, EE.UU participó en 201

  • Un proceso iniciado el 11 de septiembre de 2001 ha sacudido los pilares de la opinión pública estadounidense

  • Rusia ganaba la batalla y el que fuera el primer país moral materializaba su más grave claudicación

Decía Ortega y Gasset que la estructura de la vida se transforma siempre de quince en quince años, constituyendo la unidad efectiva que articula el tiempo histórico. Pues bien, en este año que acaba hemos asistido al fin de un proceso histórico que comenzó brutalmente hace quince años. Hemos asistido al fin del siglo XX. Y todo ello, porque EE.UU ha decidido claudicar.

Conviene recordar cuáles fueron las claves que marcaron el siglo pasado. Un mundo convulso en la primera mitad de siglo, hizo emerger a los Estados Unidos de América como superpotencia mundial. Una nación fuerte, dinámica, convencida de su capacidad de enfrentarse a cualquier conflicto que ocurriese en cualquier parte del mundo, influir decisivamente en el mismo y hacer valer sus intereses. Su vocación internacionalista fue total, lo que le llevó a mantener una guerra sin cuartel contra el comunismo que culminó con la caída del Muro de Berlín y a defender y difundir sus valores fundacionales a casi cualquier precio. La cifra habla por sí sola: de 248 conflictos armados tras la Segunda Guerra Mundial, EE.UU participó en 201.

Su liderazgo en el mundo trajo consigo la famosa globalización y un período de intercambio cultural, apertura económica y libertades públicas e individuales a nivel global nunca visto hasta entonces. En ese período, los niveles de pobreza extrema se vieron reducidos en más de un 60% y las democracias se expandieron por la cuenca mediterránea, Europa del Este, África, América Latina y Asia Oriental. Con sus luces y sus sombras, EE.UU se encargó de expandir la cultura occidental y de ejercer de áspero calmante en un mundo en continua fricción.

Reducción de la pobreza

Sin embargo, son varios los motivos que llevan a pensar que esa época es Historia. Un proceso iniciado el 11 de septiembre de 2001 ha sacudido los pilares de la opinión pública estadounidense, torcido su ánimo y transformado radicalmente su imagen ante el mundo. Estados Unidos ya no quiere seguir ejerciendo su rol.

No hay más que echar un vistazo a la Guerra de Siria para darse cuenta. En dos ocasiones pudo EE.UU haber intervenido decisivamente y no lo hizo. La primera se remonta al ataque químico perpetrado en Guta en 2013 por el ejército de al-Asad, tras el cual el gobierno de Barack Obama no dudó en afirmar que intervendría militarmente en Siria como respuesta al mismo.

Al contrario de lo que ocurrió en la invasión de Iraq de 2003, amplios sectores de la comunidad internacional eran favorables esta vez a la intervención, el uso de armas químicas estaba probado y sólo una votación en el Congreso de EE.UU bloqueaba la inmediata intervención. Henos aquí que, en un movimiento clave, Rusia consiguió que Siria pusiese sus arsenales químicos bajo control internacional. Obama no dudó en morder el anzuelo y, a horas de la votación en el Congreso, pospuso indefinidamente la misma. Rusia ganaba la batalla y el que fuera el primer país moral materializaba su más grave claudicación.

La segunda ocasión vuelve a tener a Rusia como co-protagonista. Mientras la comunidad internacional luchaba contra la amenaza del autoproclamado Estado Islámico, las tropas rusas con apoyo iraní bombardeaban posiciones rebeldes para inclinar la balanza a favor de su aliado chií y culminaban la toma de Alepo de forma despiadada con los rebeldes y civiles de la ciudad. El silencio de EE.UU resonó durante meses en todos los medios y todo lo que se ha atisbado a oír ha sido un “It should shame you” de boca de Samantha Power en la ONU este mismo mes. No hija mía, la vergüenza no es un sentimiento conocido a las naciones que triunfan – todo lo contrario que el orgullo.

Alejarse de Siria sólo sirve para confirmar el repliegue de EE.UU de la escena geopolítica actual y su falta de iniciativa. El acuerdo de paz de Colombia, otro de los grandes hitos de 2016, ha puesto sobre la palestra el papel de mediador de Cuba. China continúa elevando el tono en sus reclamaciones territoriales en el Mar de China Meridional. Ucrania sigue sin cerrar su conflicto tras haber cedido la Península de Crimea a una Rusia cada vez más inquieta, y que causa verdaderos quebraderos de cabeza en aguas bálticas.

Sin entrar en profundidad a analizar las causas de esta clara “dejadez de funciones”, conviene destacar algunos aspectos. En la actualidad, no existe un enemigo claro como lo fuera el comunismo. La famosa War on Terror ha evolucionado en una enquistada guerra sin épica contra dispersos grupos islamistas radicales con alta probabilidad de prolongarse durante todo el Siglo que ahora comienza. Por otro lado, la independencia energética que supone el desarrollo del fracking ha hecho perder interés a EE.UU en Oriente Medio, matriz de la mayoría de conflictos actuales. Si a esto sumamos el desgaste provocado por la Guerra de Iraq y los desequilibrios económicos internos del país – entre los que destaca una desigualdad récord en niveles de 1929 – obtenemos el cóctel perfecto para volver a la opinión pública en contra de un mayor papel en los asuntos del mundo.

Pero lejos de parar aquí, este proceso concluye con el hecho más relevante de la historia reciente, el que nos mete de lleno en la siguiente unidad efectiva mediante una pirueta cruel: la llegada de Donald Trump a la Presidencia de los Estados Unidos. Nunca antes había gobernado los EE.UU un populista alzado a golpe de polémica gracias a unas redes cada vez más viralizadas y menos sociales, gracias a unos medios de comunicación cada vez más retwiteadores y menos informativos. Nunca antes la democracia liberal se había atacado de semejante forma en las urnas. Un presidente twitero (1500 tweets frente a cero ruedas de prensa en los últimos 150 días, nada que envidiar a nuestro presidente-plasma) que traerá años de involución, de proteccionismo, de recorte de libertades individuales y políticas, de abandono de la escena internacional; años de viraje estratégico, de posible ruptura de acuerdos internacionales (Cuba, Irán, TTP, OTAN), de extrañas alianzas. Un presidente que trae un nuevo esquema de valores bajo el brazo (o, a lo mejor, como mucho, rayajos pintados con tinta de esa que se borra y que fue inventada solo para diestros).

En definitiva, el gran garante del siglo XX ha cedido su puesto. Así, comienza un nuevo Siglo sin dueño.


Alberto Rodríguez: Ingeniero Industrial, defensor de un desarrollo sostenible y seguidor del panorama político internacional. LinkedIn

Foto: Ted Eytan

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