Aprendiendo a aprender

  • Es más importante en la edad escolar fomentar la curiosidad por saber de los niños, que cargarlos de libros y provocar un temprano odio a la educación.

  • La Selectividad (PAU para los “modernos”) es de todo, menos selectiva.

  • Ser un “tío estudiao” ya vale para poco, porque hay otros quinientos como tú en la cola del paro, esperando un puesto en un sitio de comida rápida.

Hoy vengo a quejarme. Porque me apetece. Estoy en época de exámenes. En la que, probablemente sea la última de ellas (afortunadamente). De manera que luego no digan que no les avisé.

 

«El estudio no se mide por el número de páginas leídas en una noche, ni por la cantidad de libros leídos en un semestre. Estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas».
Paulo Freire

No consigo entender el modelo educativo actual. Puedo entender la cantidad de conocimientos que se deberían aprender en poco tiempo. Puedo entender, que debido a las facilidades de entrada en los centros de estudios superiores, los requisitos en las contrataciones posteriores sean más exigentes y se necesite más preparación. Puedo, incluso, llegar a entender. Lo que no voy a conseguir entender, es la necesidad de “educar” a base de intentar memorizar conceptos, porque sí, porque es así y ya, hay que hacerlo y se hace. Sin motivación. Sin ganas. Sin aprender.

Cuando estás en la escuela, crece el número de libros curso a curso, pero a pesar de eso, en ninguno de ellos, te enseñan a pensar (vaya, no me lo esperaba). Empiezas a tener exámenes, donde tienes que vomitar cual domingo resacoso en la mañana, lo que has memorizado a base de clavar los codos días antes. Y lo haces rápido, ya que las palabras se escapan por las orejas a una velocidad vertiginosa. Es maravilloso que alguien inventase el ordenador (computador) con más capacidad de almacenaje de información que los humanos, y nosotros nos dediquemos a intentar imitarlo sin usar lo que tenemos diferente (se supone) a las máquinas, que no es, ni más ni menos, que la capacidad de raciocinio. Es más importante en la edad escolar fomentar la curiosidad por saber de los niños, que cargarlos de libros y provocar un temprano odio a la educación.

¿De qué sirve que leas la metamorfosis de Kafka, si solo haces un resumen para entregar, pero no llegas a entender el mensaje del libro? Eso deberíamos preguntarnos no solo con ese en particular, sino con todos. Con las decenas de libros que te obligan a leer por ser “imprescindibles” en el instituto; en lugar de, con la curiosidad ya germinada de la época anterior, enseñar a aprender por uno mismo, a tener una opinión propia, que puede ser tan válida como cualquier otra, y llegar a conocer qué le evoca un clásico de la literatura a un adolescente, en lugar de atosigarlo con una prueba que decidirá su vida, que se hace llamar selectividad (PAU para los “modernos”), y que es de todo menos selectiva.

«Me pregunto cuántos Einsteins potenciales habrán llegado a sentirse irremediablemente descorazonados a causa de exámenes competitivos y del hastío generado por acumular méritos en su currículo a la fuerza».
Carl Sagan

 

Pero es que llegas a la universidad, y la cosa no mejora. Ese templo, que debería ser la cúspide del conocimiento y el reflejo del avance de las ideas, se ha convertido en una ratonera con más ego por metro cuadrado que la Torre Trump, y donde casi el único mérito de la mayoría, es conocer al que te ha dado el puesto. Se ha convertido en un emplazamiento donde se mezclan clases en las que profesores se quejan de lo malo que es Bolonia y alardean de lo bien que lo han hecho ellos en su vida; y los alumnos se pasan cuatro o cinco años, preparándose durante horas para aprobar “exámenes tipo” que sirven, esencialmente, para nada. Bueno si, para tener un título y ser un “tío estudiao” como dicen en mi pueblo. Lamentablemente, ser un “tío estudiao” ya vale para poco, porque hay otros quinientos como tú en la cola del paro esperando un puesto en un sitio de comida rápida.

Igual que en las dos etapas anteriores, en esta tercera se deberían consolidar y ampliar conocimientos, fortalecer opiniones propias con datos y conocimiento de causa, llegando así a educar, con mayúsculas, a una persona. Solo así, podríamos decir que una persona es libre e independiente, estando a salvo de los listos de turno que suelen aprovecharse de los ignorantes.

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