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¡Hola, gente! A ver, antes de nada, ya sé que pasó hace unos días, pero hay que ver esto otra vez:

 

Reaccionando al discurso de Pedro Sánchez

Reaccionando al discurso de Pedro Sánchez

No hay nada peor en política -bueno, hay muchas cosas peores, pero en fin- que fingir lo que no se es. Pedro, si no eres un tío de gritar, macho, no te pongas así, que te sale raro. Si algo hemos aprendido de las series de Disney Channel para pre-adolescentes protagonizadas por artistas gente como la hermana de Britney Spears, es que hay que ser uno mismo.

En España seguimos centrándonos a nivel político no en ser, sino en parecer. Y eso lleva años condicionando la política española, convirtiéndola muchas veces en una tragicomedia demagógica y populista. El otro día leí un pequeño artículo que me invitó a reflexionar. Se titulaba “El prestigio de ser pobre en política”, y voy a destacar dos párrafos que me resultaron claves:

La política americana es muy distinta. La credencial de cualquier político que se presente a nivel local o nacional es haber tenido éxito en el sector privado. Resulta complicado labrarse una reputación si uno ha cobrado siempre del estado o no ha ejercido una actividad profesional.

Resultaría inconcebible un concejal de Chicago diciendo que no tiene cuenta corriente, y crearía sospechas acerca de su capacitación profesional. Todo político norteamericano que se precie puede esgrimir un success story que le otorga una cierta credibilidad de partida.

Aunque EEUU y España son países muy distintos, sí que es verdad que nosotros, como sociedad, digerimos de una forma peculiar conceptos como el dinero y el éxito. De entrada tienen una connotación negativa. Si una persona ha tenido éxito, mucha gente piensa que en realidad ha tenido suerte. Si una persona tiene dinero, mucha gente piensa que en realidad ha robado algo. Normal que los políticos tiendan a presumir de comprar ropa en el Alcampo, de tener pocos ahorros, o de tener que pagar una “modesta” hipoteca.

Este pensamiento es nocivo y merma considerablemente nuestro potencial. Cuando se atribuye el éxito a la suerte, no solo estamos minusvalorando algo excepcional conseguido por otras personas o grupos, sino que nos estamos negando a nosotros mismos la capacidad y el potencial de alcanzar esos u otros grandes logros, ya que al atribuirlos a la fortuna, inconscientemente nos estamos diciendo que no hay nada que podamos hacer para alcanzar grandes cosas, y que debemos esperar a ser agraciados con la suerte, o a que un salvador nos prometa esos sueños que creemos imposibles. Algo que nos deja a la deriva como ciudadanos.

Cuando una persona tiene éxito, es posible que también alcance un nivel de vida superior, o dicho muy simplificadamente, lo habitual es que tenga más dinero. El éxito y el dinero van de la mano pero no porque seamos una sociedad esclava del dinero, sino porque el dinero es una expresión universal de valor. Y como valores hay tantos como personas que valoran, el dinero es la herramienta que hace posible que entendamos e intercambiemos todo tipo de valor.

En este sentido, las personas que generan más con menos, aportan doblemente a la sociedad, primero porque optimizan mejor los recursos, y segundo porque al optimizarlos mejor, hay más recursos disponibles para otras actividades. En cambio, parece que la tradición política española reciente ha sido la de generar menos con cada vez más.

Hay que tener en cuenta que a un dirigente político se le confían, principalmente, el presente y el futuro de la sociedad. Por supuesto que no todo político tiene por qué haber tenido una espectacular historia de éxito para poder ser político, pero habría que empezar a valorar, también, el que así fuera. Ser político es una responsabilidad excepcional, por ello lo suyo es que como sociedad demandemos políticos excepcionales.

La política gestiona dos cosas principalmente: recursos escasos y talento. Recursos -del contribuyente- para desarrollar políticas y optimizar resultados, y talento para trabajar en equipo y plantear estrategias y objetivos que, mediante el empleo de los recursos disponibles, mejoren la vida de la gente.

¿Qué garantías nos ofrece un político que ha vivido prácticamente la totalidad de su vida vinculado a la actividad política? Sí, esquivará perfectamente las preguntas complejas en un debate, será un adalid de lo políticamente correcto, y nos presentará un precioso manifiesto sobre cómo deberían ser las cosas; pero yo no me imagino a un ejecutivo de una empresa diciendo “señores, hemos tenido las mayores pérdidas de los últimos años. Para mañana debemos publicar un manifiesto indicando lo positivo que es para la sociedad que las empresas tengan beneficios”.

Los políticos deben gestionar recursos, solucionar problemas, y tener un proyecto de ciudad/región/país. Encontrar perfiles que lleven a cabo estas tareas con éxito es muy difícil, pero precisamente por ello no podemos hacer experimentos a costa del contribuyente. Necesitamos gente que nos dé garantías. Y el éxito profesional, empresarial o intelectual son, sin duda, una garantía no infalible pero mucho mayor que la de ser cachorros de partido. Tal vez sea el momento de empezar a exigir en los políticos no pobreza, sino virtud.

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