Canción de hielo y fuego: 2016

  • La época dorada de los curanderos: Farage, Tsipras, Le Pen, Trump, Pablo Iglesias…

  • En Inglaterra se obró el milagro con la victoria del Leicester en la Premier League.

  • La frases de Chus Lampreave en los anuncios de Campofrío pesan demasiado en nuestras conciencias.

Hace un año escribía pidiendo que 2016 fuera un año canalla, pero joder, el guión de este año, al más puro estilo George R.R. Martin, nos ha cogido a todos en paños menores. Ha sido un año complicado, triste, oscuro. Pero llamadme loco, a mí el 2016 me ha gustado. Puede que sea por ese carácter tan español de levantarnos cuando nadie da un duro por nosotros, pero me ha gustado. Creo que podemos ir a peor, sin duda. Hay fechas en el calendario que dan más miedo que pasar la ITV del coche, y no es para menos. Sin embargo, la historia, esa gran profesora, nos ha demostrado que los peores momentos despiertan también a las mejores mentes. Y yo me quedo con eso. 2016 nos ha mandado a la repesca, pero estoy seguro de que el mundo se levantará y le meterá doce goles a Malta quién toque.

Otra vez el terror(ismo). Tal y como acabó el 2015, empezaba prácticamente 2016. Bruselas, Orlando, Niza, Berlín, Turquía, Irak, Somalia, Nigeria, Afganistán, Siria, Libia, Burkina Faso… La lista es larga. Incluiría la Luna o la Estación Espacial Internacional, si sus creencias (la de los terroristas) les permitiesen aceptar cualquier tipo de avance social y tecnológico de la época contemporánea – a excepción del control remoto, claro, que los hay listos y no quieren esparcir sus vísceras en nombre de un dios que saben que no les va a regalar 70 vírgenes. Y así estamos, con un nivel de muertes que está al alza. Nos encontramos posiblemente ante la 5ª oleada del terrorismo si nos atenemos a las cuatro que ya identificó David Rapoport. Y es que el terrorismo es como los vaqueros, nunca pasan de moda. Los hay pitillo y de campana, de cadera alta y enseñando nalga. Pero vaqueros al fin y al cabo.

La respuesta a esto debe ser unánime, sin fisuras. Y esa unanimidad está costando más de lo necesario. Más de lo que una persona de a pie puede llegar a comprender. Como en todo, hay intereses y demasiados interesados. Son estos últimos los principales beneficiarios de la expansión e internacionalización de este terror. Y es que los remedios caseros que se están poniendo sobre la mesa son más antiguos que el agua con miel y limón para el dolor de garganta. La xenofobia, el proteccionismo, la división. Aquí se me viene a la cabeza cualquiera diciendo “es peor el remedio que la enfermedad”. Como si las balas entendieran de colores de piel. Como si en Siria, Libia o Irak no se estuviesen matando entre ellos mismos.

Esta falta de acierto en los diagnósticos, de poca visibilidad de los verdaderos resultados, es la que está favoreciendo la época dorada de los curanderos: Farage, Tsipras, Le Pen, Trump, Pablo Iglesias… Los hay de todos los colores, de todos los niveles y de todas las relevancias. Líderes creyéndose Gene Wilder llevando su fábrica de chocolate. La victoria de Trump y del Brexit nos han dejado tan K.O como un golpe del gran Muhammad Ali (una de las muchas y notorias pérdidas de 2016). Las consecuencias son aún impredecibles, pero el avispero occidental que tenemos está para pocos meneos. Y lo que queda…

Además de la crisis política y la todavía presente crisis económica (Panama Papers incluidos), nos enfrentamos a una crisis total de valores. La Unión Europea lleva meses lidiando con una situación que tiene más que atragantada, la de los refugiados. Lo único claro es que el mar Mediterráneo se ha tragado más de 4000 víctimas mientras se sigue hablando de protocolos, de medidas, de papeles… – para papeleta, la que tenemos: demasiado por hacer y nada de tiempo. Somos nosotros los que debemos sacar a nuestros líderes de este bloqueo resolutivo. Debemos luchar por la Europa que sabemos que podemos llegar a ser. Defender nuestros mayores logros, como Schengen, o no serán más que historias para contar, y no para vivir.

Last, but not least, 2016 ha sido el año del asentamiento del infantilismo social. Ojalá 2017 nos traiga una Princesa Leia que luche contra el Imperio de la corrección política y de la post-verdad, algo tan sumamente extendido y profundamente dañino para nuestro desarrollo como sociedad.

Os preguntareis ¿y qué ha habido de bueno? No mucho, efectivamente. Hemos vivido unas espectaculares olimpiadas en Brasil, con las despedidas de dos de los deportistas más impresionantes de la historia: Bolt y Phelps.  En Inglaterra se obró el milagro con la victoria del Leicester en la Premier League – quizá con alguna que otra ayuda de Alan Severus Rickman. En Colombia los narcoguerrilleros recibieron el no más duro que se puede recibir: el de la sociedad. Y en mi querida España, nuestros políticos han aprendido a pactar. La frases de Chus Lampreave en los anuncios de Campofrío pesan demasiado en nuestras conciencias. Casi tanto como las de Umberto Eco, recordándonos que el sXX está más vivo que nunca.

Muchos más nos han dejado durante 2016, aunque por suerte su obra perdurará siempre. Los famosos seis acordes de Leonard Cohen, las curvas (sin pensar mal) de Zaha Hadid, la extravagancia de David Bowie o la purple rain de Prince. También George Michael vivió su “last christmas”.

Os dejo otro resumen, el de Google y sus búsquedas.

*Post data: Sólo una cosa más le pido a 2016: “wake me up before you go-go”, que quiero que 2017 me pille bailando.

Foto: peter castleton

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