Capaz de leer 741 folios en cinco minutos

A mí ya me podéis contar lo que queráis sobre la evolución humana, que a más años, más desengaños. Hay incluso quién, considerándome inepta para descifrar su significado, me ha explicado (con palabras) la célebre imagen de las siluetas que, interpretadas en sentido occidental, parten del encorvado primate hasta el erguido hombre de cráneo proporcional: “Lo ves, hemos evolucionado, ahora somos civilizados y libres”. El punto y final de la frase fue un escurridizo escupitajo que buscó su propia libertad, encontrándola sobre la ilustrada cabeza neandertal, al abrirse paso a través de los caninos de aquél imbécil. ¿Cuánto habremos evolucionado, me pregunto, si cada vez que se nos priva de un Cesáreo pulgar condenatorio, añoramos hacer leña del árbol caído?

En penúltima instancia, tres jóvenes Magistradas fallaron, en la friolera de 741 folios y basando su argumento en la legislación vigente, que los condenados son los que son y tienen la pena que tienen. Una vez más, muchos ayudaron a contribuir a nuestros brillantes resultados en rankings mundiales de lectura, batiendo un insólito récord: 741 folios en cinco minutos. Tras la lectura a conciencia, ardieron  de sed y agonía las gargantas ansiosas al grito de “¡no hay igualdad ante la ley, queremos sangre y no NOOS la dan!”. Efectivamente, creyeron con error que, además de la nocturnidad y la alevosía, existe, entre los principios del derecho, el agravante por linaje regio. Vamos a ver, hijos de Voltaire y Robespierre, lamento deciros que igualdad ante la ley: haberla, hayla. Otra historia es que los cuñados de España se conjuren y, haciendo de su vacío existencial un trending topic, reclamen, desde su evolucionada postura de homo sapiens erguido, ese pulgar de César boca abajo.

Al atardecer, las filas del Comité de Salvación Pública alertaron de que el linchamiento perdía fuelle, el contradictorio suflé de ‘penados-privilegios’ legales se desinflaba. Entonces, inducido el séquito por un puré de aburrimiento y sentimiento de tenencia de la verdad absoluta, se vino arriba cantando que aquella resolución convertía en florero a la mujer. Se produjo una especie de orgasmo en comunidad (como no podía ser de otro modo), por el abrumador nivel de ingenio. Ignoraron u olvidaron, claro, que quién resolvió no fue hombre, sino mujer; y no en base al refranero, sino en base a la ley.

Yo ya intuí que el mundo sería una mierda desde que Dumbledore moría en aquellas páginas pero, para una idealista, constatarlo es muy duro. Desafortunadamente, no voy a explicaros por qué en España funciona el sistema de derecho, esa arena se la dejo a otros y a buen entendedor, pocas palabras bastan. Pero sí voy a dejar por escrito que tres jóvenes Magistradas han dictado sentencia de casi mil folios y los condenados tienen las penas que tienen en base a la ley vigente.

Foto: Javier Real

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