Capitalismo 2.0

Los días 19, 20 y 21 de Noviembre se celebra el Ouishare Fest Barcelona 2015. Ouishare es una comunidad global sin ánimo de lucro, fundada en París en 2012 y presente en 25 países, que tiene como objetivo fomentar y extender el conocimiento sobre la economía colaborativa.  Desde 2014 organiza eventos anuales (los Ouishare Fest) en los que, además de ofrecer ponencias y diálogos sobre casos concretos de economía colaborativa, entrega los Ouishare Fest Awards, premios a las mejores iniciativas en este campo, divididos en cuatro categorías: consumo colaborativo, finanzas P2P, conocimiento abierto y producción colaborativa. El Ouishare Fest Barcelona 2015 es el primero de estos eventos enfocado a proyectos desarrollados en lengua hispana, tras el éxito de los realizados en 2014 y Mayo de 2015 en París.

La economía colaborativa va a revolucionar el mundo. Puede sonar tremendista o exagerado, pero los ejemplos de Blablacar o Airbnb se están trasladando a todos los espacios de consumo de la sociedad. En un momento de la historia en el que el emprendimiento está cada vez más de moda y existe un boom de desarrollo de nuevas empresas o start-ups, la economía colaborativa ha tomado ventaja a la tradicional. En la actualidad, podemos disponer en nuestros smatphones de apps en las que vender objetos de los que queramos desprendernos, intercambiarlos por objetos de otras personas, encontrar una plaza de parking temporal, enviar un paquete, contratar clases de idiomas o de refuerzo de asignaturas, organizar partidos de fútbol o pádel, alquilar espacios de trabajo de manera temporal, compartir pisos… Como veis, las opciones son interminables.

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Tal es el auge de este movimiento, que ha conseguido revolucionar hasta el mundo de las finanzas. Tenemos a nuestra disposición infinidad de plataformas de financiación por crowdfunding o, en español, micromecenazgo, es decir, financiación colectiva entre varios “prestamistas” individuales, a cambio de, o el simple hecho de “donar” a una causa o proyecto al que uno se sienta afín, o derechos sobre algún bien producido por la empresa, o un tanto por ciento de su inversión (crowdlending) o, incluso, una participación en el accionariado de la entidad a financiar (equity crowdfunding). Ya es posible obtener capital para arrancar tu empresa sin necesidad de créditos bancarios, y en el futuro los bancos tendrán que competir en un juego en el que tengan gran protagonismo las aportaciones de particulares.

Esta nueva forma de hacer negocios movió en el mundo en 2014 alrededor de 2.700 millones de euros y según un estudio de la consultora PricewaterhouseCoopers, en 2025 podrían representar cerca de 335.000 millones. Sólo para 2015, Forbes estima que este método de intercambio entre particulares crecerá un 25% en todo el planeta. España es uno de los países de la Unión Europea con más potencial de crecimiento en este sector, con un 55% de la población interesada en este tipo de intercambios, según Nielsen.

Estos datos son suficientemente importantes para creer que el capitalismo que conocemos actualmente está camino de cambiar radicalmente, cediendo protagonismo a la economía colaborativa, pasando de los intercambios económicos entre profesionales, o de profesionales a particulares, a un modelo de intercambio directo particular-particular. Es decir, un capitalismo 2.0 en el que el papel del individuo sea mucho más relevante que en la actualidad. Si bien la economía colaborativa no sustituirá al cien por cien al sistema actual, será un complemento inevitable, con gran protagonismo. Saber posicionarse como intermediario en estos intercambios, será clave para que muchas empresas triunfen en los próximos años.

Los emprendedores y los pequeños o grandes empresarios han podido darse cuenta de que el modelo de intercambio económico tradicional se ha quedado obsoleto, y las nuevas tecnologías son un medio por el cual se puede re-enfocar hacia un modelo mucho más directo, con más protagonismo de la persona. Los sectores tradicionales tendrán que adaptarse a él. La otra opción que les queda es enfrentarse a ello, impulsando trabas legales e intentando frenar su desarrollo, pero, sinceramente, será como intentar poner “puertas al campo”, y tienen todas las de perder, cómo ya le está pasando, por ejemplo, al sector del Taxi frente a UBER en muchas ciudades del mundo.

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