Cataluña y la edad del pavo

Cataluña ha sido durante décadas la niña mimada de una España cuyas regiones nada tienen que envidiarse entre sí. Muchas de estas regiones, a sabiendas de su grato pasado o su prometedor futuro, miraban, más con piedad que con envidia, estos tratos de paños calientes a quien se creía la más guapa de la clase. Sin embargo y como suele ocurrir con los adolescentes sobreprotegidos, la edad del pavo de la Cataluña malcriada está siendo insufrible.

Muchos miran ahora al pasado y piensan qué han hecho mal. Pero si le decíamos que era la mejor, la más lista, la más avanzada, la más moderna, la que todos anhelaban. Todo era poco para subsanar las inseguridades de ésta. ¿Qué pudo fallar?

El nacionalismo catalán es en el fondo, como cualquier otro nacionalismo, un reflejo de xenofobia y supremacismo. Lejos de aplacar a la bestia, las prebendas, guiños y cariños desde el gobierno central, han alimentado un ego que es hoy inconmensurable y que se traduce en el desprecio al resto de España. Hay, por supuesto, quien debatirá sobre la economía, las infraestructuras e incluso las características culturales. Pero no nos engañemos, como bien demuestra el último CIS, la realidad es el rechazo al resto de España, esto es, el sentimiento de superioridad generado por el supremacismo.

Ya Jordi Pujol describía en su momento al andaluz como un “hombre a medio hacer”. Lo único que ha cambiado desde entonces es el márketing, la inteligencia en el uso de la palabra y la hipocresía. Pero el trasfondo sigue igual de podrido, peor incluso, pues las nuevas generaciones ya han nacido en esa enseñanza de superioridad al resto.

La jugada para el nacionalismo es en este ámbito perfecta. Si desmientes la imagen de grandeza imaginaria (los datos son así de crueles) serás declarado un traidor. Si alabas sus virtudes, el monstruo seguirá creciendo. Y si por extraña casualidad, pinchas en algún defecto que acepten, siempre tendrán un estado enemigo al que culpar. Así pues, los racistas, como los adolescentes en su pavo, siempre quedan libres de toda mácula… ante su espejo.

Veremos si la realidad explota en la cara, como le acaba ocurriendo a todo puberto, o aún nos tocan años de caras enquistadas y consignas revolucionarias para ello.

Foto: Diario ARA

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