Chamaeleo chamaeleon

El camaleón es un animal a primera vista, o segunda si no lo ves bien, inofensivo. Sus antepasados tienen ya más de sesenta millones de años y sus principales características son su habilidad para camuflarse y su lengua “rápida y alargada”. Si alguno no ha visto ninguno en persona, seguro que en la tele sí: Alberto Garzón.

Publicaba Garzón ayer en Público un artículo que rotulaba: “la normalización de la extrema derecha”. Chapó. Es totalmente verídico hasta en su puntualización del polo derecho. Entre otras cosas porque la parte siniestra, la extrema izquierda, hace tiempo que está integrada en la mayoría de sociedades europeas. Como Alberto Garzón, un tío normal, demasiado normal. Añadiendo además que este político malagueño, quizá por eso de ser malagueño, tiene bastante encanto. Sobre todo entre las abuelas, cuyo corazón se parte cuando Garzón y Rivera discuten.

Si te sumerges en la poción multijugos que sigue al buen encabezado de la columna de opinión, leerás de todo. Entre otras cosas, encuentra similitudes entre el AfD y el PP o critica, con razón, el ultranacionalismo de movimientos como el citado o el Frente Nacional. Lo de la crítica al nacionalismo es para lots of laughs. Es aquí donde se pueden apreciar las habilidades y debilidades de un camaleón. En primer lugar su lengua es rápida y alargada, por lo que se defienden mejor en entornos más acotados, que en largas distancias. Es decir, mejor 140 caracteres que un artículo de una página, donde la mosca o el intelecto, tiene más margen para esquivarla. Lo que sí que maneja de maravilla es el camuflaje. Una americana y ya cualquiera se olvida de cualquier tufo a comunismo. Ni Pablo domina eso tan bien.

Habla Alberto de la presencia de la extrema derecha empieza a ser normal. Lógico Alberto. Izquierda Unida, paraguas bajo el que se cobijan la mayoría de partidos de extrema izquierda que quieran (o quisieran) llegar a algo, como los comunistas, tiene: cuatro eurodiputados, ocho diputados nacionales, diecinueve autonómicos y más de dos mil concejales. Fijaos si están bien camuflados que voy a dejaros un ejercicio de “fill in the gaps”. Rellenar los huecos vamos.

Como podéis comprobar, este texto es aplicable a cualquier extremo y a muchas situaciones que se están viviendo estos días con las que por cierto, Garzón simpatiza. La normalización de la extrema derecha es, efectivamente algo peligroso, pero no menos que el hecho de que la extrema izquierda se haya institucionalizado. Porque al final los extremos se tocan. Por eso votan juntos en muchas ocasiones en el Parlamento Europeo, por eso Melènchon y Le Pen tienen tanto en común. Por eso el Movimiento 5 Estrellas lo mismo está de un lado que de otro. Porque el existencia de uno depende de la existencia del otro. Porque son ideologías destructivas que dependen de la imposición al otro, su corte supremacista impide toda convivencia. Decía un compañero ayer, que puede que estemos viviendo una inversión de la gráfica de Nolan: del debate sobre el eje izquierda – derecha al debate sobre el eje liberalismo – totalitarismo, ya sea de izquierdas o de derechas. Y no hablo de un liberalismo económico, antes de que salten los garzoners, sino de las sociedades y democracias liberales.

En definitiva, el artículo refleja que estamos ante una extrema derecha modernizada, con un mensaje mucho más adaptado al siglo XXI, donde por ejemplo la homosexualidad “está bien vista”. Como cuando Garzón te dice que el comunismo no es incompatible con el uso del Iphone o con una boda por todo lo alto.

El peligro de la gente como Garzón es que lo mismo te imprimen billetes, que papeletas, que carnets de demócrata. Él mismo indica al final de su reflexión algo importante: “las bases democráticas de nuestro país no son muy sólidas”. Y ya se sabe, a moscas revueltas, ganancia de camaleones.

Foto texto: Público

Foto cabecera: Fernando

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