Ciudadades Inteligentes ¿Algún papel para el ciudadano?

Los proyectos sobre ciudades inteligentes abandonan el mundo de la teoría hace una década. En esos proyectos, los sociólogos se plantean sobre el papel qué distingue a ciudades vibrantes social y económicamente: porcentaje de personas con carreras universitarias es para ellos la principal respuesta. Junto a los sociólogos, las ciudades inteligentes poblaban también la imaginación de futurólogos.

A mediados de la década del 2000, instituciones internacionales como la ONU, la OCDE, y la Unión Europea se hacen eco del crecimiento de las ciudades. Este crecimiento es una de las tendencias básicas del siglo XXI, y presenta retos tan importantes para ciudades nuevas y emergentes como para ciudades que necesitan adaptarse a nuevas necesidades de su población. Necesidades nuevas que pueden derivarse del aumento de la emigración, la obsolescencia de los servicios públicos, el incremento de la edad media de la población ciudadana, o el reto de generar energía de forma limpia y sostenible, con atención a la huella ecológica.  A la vez, las empresas de tecnología se convierten en una fuerza muy potente impulsando planes que denominan inteligentes. IBM lo hace con su marca smart city, y también lo hacen muchas otras empresas como Cisco, Siemens…

Para algunas ciudades el foco de sus planes de ciudad inteligente consiste en articular conocimiento, poder y tecnología para ser capaces de obtener beneficios del nuevo sistema tecnológico basado en la microelectrónica, la computación y la comunicación digital, como señala Manuel Castells cuando nos recuerda la conexión creciente de estos sectores con la ingeniería genética y lo que denomina revolución biológica. Este esfuerzo es más evidente en ciudades que están desarrollando esfuerzos muy vastos y concentrados para destacar como ciudades globales. Este es el caso por ejemplo de Shanghai.

En este contexto ¿Queda algún papel para el ciudadano o residente? La participación del ciudadano en proyectos o plataformas bajo la denominación de ciudad inteligente es limitada. Un problema principal es de acción colectiva. Al ciudadano particular le resulta muy costoso participar en proyectos cuyos resultados pueden ser muy difusos. Esto es muy cierto. Sin embargo las plataformas tecnológicas, pese a sus limitaciones, permiten y en ocasiones han logrado hacer de la participación algo clave, sobre todo en momentos o para aplicaciones muy específicas. Veamos algunos ejemplos:

  • Peta Jakarta es una plataforma de código abierto en Yakarta que permite recolectar y difundir información sobre la infraestructura del agua y donde las personas pueden contribuir mapeando información sobre inundaciones.
  • SoCar es una de las iniciativas impulsadas por el gobierno de Seúl en el ámbito de la economía colaborativa, que busca favorecer un uso más racional de los vehículos. Nebengers tiene el mismo objetivo en Yakarta, impulsada desde el sector privado.
  • Better Reykjavik conecta a los ciudadanos con el gobierno municipal y ha conseguido desde su creación una participación de la mitad de la población de la ciudad.
  • BlockPooling, en Singapur favorece el intercambio de servicios y herramientas entre vecinos, que busca fortalecer la comunidad.
  • OpenStreetMap impulsa con geodatos sitios web, aplicaciones móviles y dispositivos de hardware.

Un problema adicional para la participación en plataformas similares es la formación tecnológica: muchos residentes y ciudadanos no son desarrolladores. Pueden usar, pero no desarrollar tecnología.  En este sentido quedan políticas importantes que diseñar, de forma que grupos tractores como residentes, empleados públicos y empresas –fundamentalmente las pequeñas empresas- desarrollen las habilidades que les permitan participar y beneficiarse de un ecosistema que articula conocimiento, poder y tecnología de una forma diferente a la que hemos conocido en el siglo XIX y XX.

 


Olga Gil es Doctora en Ciencias Políticas y Sociales por el Instituto Universitario Europeo de Florencia y es profesora en la Universidad Complutense de Madrid. Olga hace investigación aplicada sobre ciudades inteligentes. @OlgaG

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