Reivindicaciones legítimas, soluciones políticas y asuntos que se arriman

  • Cuando uno incumple la ley, la Justicia debe intervenir. ¿Pero es la manera de solucionarlo? Pues no.

  • Todos somos iguales y algunos somos más iguales que otros.

  • A la naranja catalana se le ha arrimado una larva que, sin conocer si ha roído o no el interior del fruto, está destrozando la raíz a bocados feroces.

  • Se ha hecho un horrocrux del alma de Ciudadanos tras la marcha de Carolina Punset.

Desde donde mi memoria alcanza, en Cataluña, concretamente en el sector naranja, hace poco más de un mes que un grave problema de confusión de conceptos viene arrimándose a los escaños opositores del Parlament,  en forma de negra y alargada sombra. ¿Y qué hay más peligroso que un opositor sin ideas claras? Uno que dice a los demás tenerlas, cuando en realidad no.

Recuerdo que hace mes y medio, a mediados de septiembre, me hallaba yo sin más labor que la de buscar estar ocupada. Poco hacía del regreso de unas merecidas vacaciones después de un año intenso, y mi hambre por tener actividad y rutina ya rugía con fuerza. Sin embargo, y aquí seguro que muchos jóvenes se identificarán conmigo, la búsqueda me exigía paciencia y salud mental. Así que establecí una rutina que me obligué a seguir como si del ejército se tratase.

Una parte de mi rutina consistía en estar al día de la actualidad política de, al menos, mi país, en el que, o b v i a m e n t e, incluyo a Cataluña. Y llegó el 14 se septiembre, y con él el siguiente artículo: “Arrimadas: Lo de la Independencia en 2017 no se lo cree ni Puigdemont”. Hasta ahí todo normal.

Bueno, normal en el sentido de que Cataluña seguía sin plan y a la cola en todo; su sobrevenido presidente desvariaba en sus declaraciones, como de costumbre; la canción independentista seguía liderando las listas de éxitos del Parlament; y la jefa de la oposición estaba haciendo eso: oposición. Pero… hete allí un manchurrón en aquel artículo. ¡Qué digo manchurrón! Una deposición política de tal magnitud que casi me causa el vómito en el acto:

– (Periodista): Propone salidas políticas, ¿cree que hay un exceso de judicialización de la política? ¿Demasiado recurso ante el Tribunal Constitucional?

– (I. Arrimadas) Cuando uno incumple la ley, la Justicia debe intervenir. ¿Pero es la manera de solucionarlo? Pues no. Hay que rebatir argumentos, dialogar y ceder en algunas posiciones.

“Pues no”. ¡”Pues-no”! Como el Joshua en los Morancos: “¡Pos no!”

Sólo para que quede claro, y sobre todo a la audiencia de horario infantil: cuando uno presume de vivir en un sistema democrático y de derecho; cuando uno vive en un sistema democrático y de derecho, como el que hay en España. Más todavía: cuando uno vive del sistema político y de derecho, y a ese uno se le plantea la hipotética situación en la que alguien (hombre, mujer, sin importar raza o religión, clase o cargo) comete un delito, del tipo que fuere, lo último que debe contestar es “¿Pero es la manera de solucionarlo? Pues no.”

Y la razón es bien sencilla: las leyes y el marco legal establecido en democracia están para ser respetados. Porque respetándolos, garantizamos que nuestra convivencia sea pacífica. Respetándolos: somos más libres. Y someter, por vía legal, a quién no los respeta, para que así lo haga, es lo más demócrata que puede haber. Acomplejarse a estas alturas por hacer uso de las instituciones jurídicas es de desconocedores de toda ética y moral. Abanderados del miedo al qué dirán, rodeados de falsos aplausos ansiosos por encumbrarse de un modo u otro; de cualquier manera, a cualquier precio.

Reivindicaciones Legítimas

Apenas pasarían días hasta que volviera a leer otra perlita que hiciera me salieran canas prematuras de ver tanta roña en un mismo lugar. “El principal responsable es el gobierno de la Generalitat, pero también el de España, que cierra los ojos, que piensa que no hay reivindicaciones legítimas y que la independencia es cosa de cinco”.

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Casi muero de ansiedad al revelarse ante mí tal castración mental en tan pocas líneas. Esas ‘reivindicaciones legítimas’ no son más que afirmar: “Todos somos iguales y algunos somos más iguales que otros”. Es el cantar nacionalista e insolidario al que, no solo España, sino Europa entera, todavía hoy, tiene que verse haciendo frente.

Si hay algún tipo de reivindicación legítima, que un catalán pueda tener, es aquella que exija de sus representantes públicos: mejor funcionamiento de la administración pública, más garantías judiciales, menos burocracia absurda, mejor sistema sanitario, mejor calidad universitaria, mayor acceso a oportunidades laborales, menor desigualdad social, mayor protección de libertades, mayor inversión en desarrollo e investigación, y un largo etcétera que nada tiene que ver con reivindicaciones de identidad.

Porque discutir sobre cómo se siente uno, o cómo se deja de sentir, no es cuestión de estado. Y el Parlament de Cataluña es estado.

Rosa y Naranja: Marrón

Hace tan solo un par de días, Jesús Cacho, en su artículo de opinión en ‘vozpópuli’, me confirmaba lo que ya venía semanas sospechando: A la naranja catalana se le ha arrimado una larva que, sin conocer si ha roído o no el interior del fruto, está destrozando la raíz a bocados feroces.

Sin poder evitarlo, recuerdo el dictum de Lord Acton; o, si se prefiere, de Maquiavelo: “El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. La oposición en Cataluña, que alardea de ser naranja – cuando a mí me huele que ya ha adquirido ese color resultante de mezclar rosa (Lliures) y naranja (Cs), que es así como ‘marrón-putrefacción’ (los que alguna vez habéis dibujado seguro que visualizáis la paleta cromática con claridad)-, no puede recordarme más a la antigua Convergència en épocas de tonteo con Esquerra y su ideología nacionalista.

Aunque también me recuerda a aquel PSC soberbio frente al auge del nuevo grupo político fresco y liberal. Aquel PSC que planteaba problemas inexistentes tales como la necesidad de hacer un referéndum para ver si queremos, o no, constituirnos como un estado federal. Ciudadanos recuerda hoy a aquel PSC que perdió el cinturón rojo, por fingir trabajar; por ver si diciendo inmadureces rejuvenecían algo, sin lograr más que quedar como esos padres que intentan hacerse los guays delante de los amigos de sus hijos.

En este punto, solo me queda pedir un minuto de silencio. Se ha hecho un horrocrux del alma de Ciudadanos tras la marcha de Carolina Punset. Y, como dirían en el norte, “gustárame más, gustárame menos”, las bases y principios de la eurodiputada están claros y su moral intacta, y con eso… ¿qué queréis que os diga? Con eso, ya me vale.

 

 

Fotografías: El Mundo

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