Comentemos Amistosamente

Tras el esperpéntico espectáculo del Parlament de Cataluña —esta introducción servirá durante meses—, he podido leer el siguiente comentario en Twitter:

Ha mort el franquisme. Visca la República Catalana”.

Esto, que es divertido en sí mismo por un sinfín de razones, no deja de ser una contundente, clara e inequívoca representación de lo que yo llamaría, el “Siglo de Oro de los comentarios en redes sociales”. Esta nueva etapa literaria que acabo de bautizar se caracteriza por una enorme masa de individuos, enamorados de las letras, que se lanzan a expresar su visión del mundo a través de grotescos personajes —perfiles de redes sociales— que no son sino un reflejo de su propio yo en sociedad, una expresión de la relación de su interior y de su espíritu, con el entorno circundante. Hombres y mujeres dispuestos a compartir con nosotros la profundidad y complejidad de sus ideas. Hombres y mujeres dispuestos a ser testigos de una época.

Estos individuos hacen uso de tradiciones como la Raholiana o la Annagabrielana y las impregnan de una de las señas de identidad de nuestro tiempo: el fracaso absoluto del sistema educativo.

Este clima de éxtasis cultural, por la característica inmediatez de su medio —la red—, nos brinda obras maestras a diario, obras maestras que son ya, sin duda, identificadoras de la España actual. ¿Cómo olvidar, por ejemplo, a la bárbara señora que recientemente regurgitó su personal visión de Inés Arrimadas?

Son muchas las constantes manifestaciones de esta nueva vanguardia: tuits, comentarios en las noticias de periódicos, estados de Facebook… Uno se pierde entre tanta riqueza popular.

Por suerte para los enamorados de lo contemporáneo, este movimiento sobrepasa lo cultural, y tiene su impacto en política. Porque todas estas cabezas, autoras de tan letrados comentarios, ejercen, siempre con criterio, su derecho a voto.

Surge así un, digamos, estado de las cosas, que olvida lo meramente práctico y estable para alcanzar un ideal de sociedad basado en los primarios sentimientos de odio, resentimiento e incapacidad para la reflexión. Porque, ¿qué es el hombre sino un animal?

Ante esta ola de desarrollo intelectual, solo cabe sentarse y disfrutar del fruto de años de política para el pueblo perpetrada por, no ya políticos, sino visionarios.

Han creado una gran nación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.