Como ‘gallo’ sin cabeza

  • Lo del hijab con el Gran Muftí del Líbano estaba más que pensado.

  • Una convulsa campaña electoral marcada por escándalos y alianzas: puede haber sorpresas.

  • Algunos, como Fillon, están jugando demasiado con la guillotina.

Fin de ciclo. Así podríamos resumir las expectativas, ahora mismo, de los principales partidos franceses. Ni Les Républicains ni el Parti Socialiste están en condiciones de competir en estos momentos por un hueco en la segunda vuelta de las presidenciales francesas. Digo uno, porque el otro ya se ha encargado Le Pen de tenerlo bien atado. Este renovado Front National viene, desde hace tiempo, liderando las encuestas para pasar con cierta solvencia la primera vuelta. Veremos qué pasa en la segunda. Y es que, además, se lo están poniendo en bandeja. Lo del hijab con el Gran Muftí del Líbano estaba más que pensado. Lo de hoy en el Parlamento Europeo  – de levantarle la inmunidad para poder ser investigada por unos tweets – es de tener muy poquitas luces. Marine Le Pen ha cambiado el antisemitismo por la islamofobia; a pesar de su catolicismo conservador, está atrayendo voto homosexual de derechas que no encaja en la política social de Fillon; en definitiva, está convirtiendo un partido de extrema derecha en un movimiento mucho más trasversal quedándose simplemente con la etiqueta de extremo. Toda una estrategia de cara a atraer un mayor número de votantes en la segunda vuelta, entre ellos, del también antieuropeísta Melenchon.

Volvamos a las elecciones. Hay varias características en estos comicios que difieren de anteriores convocatorias. La primera, es que Hollande, tras batir récords de popularidad hacia abajo, es el primer Presidente de la República que decide no volver a presentarse. Sobra decir por qué.  La segunda, es que los sondeos de las dos primarias que hemos vivido, ¡sorpresa! han vuelto a errar. Déjà vu. En ambos casos, tanto en el LR como en el PS, Fillon y Hamon partían como los terceros en discordia. Y han acabado imponiéndose a los favoritos, Sarkozy y Manuel Valls – ambos con una mochila demasiado pesada. Da pena no vivir el morbo de tener una Francia gobernada por un Presidente de origen español. Valls tendrá que vivirlo desde la barrera y junto a él, ‘Sarko’. Las plantillas le están viniendo bien para alcanzar a ver la desastrosa evolución de la campaña para sus republicains. Teniendo en cuenta las expectativas de ambos partidos, quizás deban estar agradecidos de no ser ellos los perdedores. La última característica, es que puede haber una cohabitación entre Presidente y Primer Ministro por primera vez desde que se redujera el mandato del primero – de siete a cinco años -, hace tres legislaturas. Y es que, no lo olvidemos, en junio hay elecciones legislativas y muy posiblemente – ahí, sí – ganen los republicanos franceses.

En medio de estos tres partidos tradicionales (porque aunque el centro derecha se refunde y el Front National se renueve, siguen siendo los tres viejos partidos), se cuelan dos figuras más, Emmanuelle Macron y Jean-Luc Mélenchon. Ninguno de los dos se presenta con una estructura de partido detrás, sino que lo hacen basándose en movimientos civiles: En Marche! con las iniciales de Macron (lo que indica que al frente está él y poco más); y La France insoumise por parte de Mélenchon. Ya tenemos formado quinteto de gala, con dos en banda derecha, dos en la izquierda y sólo un mediocentro.

La realidad es que tras el #PenelopeGate y el #FillonGate de ayer las posibilidades de una segunda vuelta entre Le Pen y Fillon parecen remotas. Más remotas si cabe después del abandono de Bayrou, cabeza del partido de centro MoDem y que ha prestado su apoyo a En Marche!, lo que le ha hecho subir varios puntos porcentuales en las últimas encuestas compitiendo ya con Marine por el primer puesto, en la primera vuelta. Ayer se sumó también el apoyo de UDI (Unión de Demócratas e Independientes) – o lo poco que quedaba de ellos – del lado republicano. Todos estos movimientos son importantes, también para las legislativas, ya que pueden proporcionar a Macron una estructura de partido que ahora mismo no tiene pero que, con MoDem, UDI e incluso el PS, en algunas circunscripciones, puede darle cerca de 100 diputados en la Asamblea francesa. En estas legislativas también habrá que poner el ojo sobre Le Pen, puesto que a pesar de obtener casi un 18% en las presidenciales de 2012, apenas obtuvo 2 diputados de 577.

Últimas encuestas de las presidenciales francesas. Fuente: Electograph

A la vista de las encuestas, parece que, por el momento, no hay rival para el dúo Le Pen-Macron. Sin embargo, queda mucha campaña por delante. Difícilmente remontarán Les Republicains por lo que la única opción reside en la izquierda. El ego de Melenchon y su profundo antieuropeísmo es lo único que le separa de Hamon. Él puede quedar como el “culpable” de que no haya un candidato de izquierdas en la segunda vuelta. Su claudicación en favor de Hamon puede hacer que se ponga interesante la recta final, aunque sus votantes – en parte provenientes del sector comunista – podrían aceptar esa decisión; los que ya optaban por votar a Le Pen por su antieuropeísmo, en la segunda vuelta, quizá se decanten por la candidata nacionalista también en la primera.

Estamos, por tanto, ante una convulsa campaña electoral, marcada por escándalos y alianzas así que puede haber sorpresas. El “antiguo régimen” se tambalea como ya hiciera hace más de 200 años y algunos, como Fillon, están jugando demasiado con la guillotina. La gente está deseando tirar de la cuerda y las elecciones son un buen momento para dejar a algún que otro gallo francés, correteando sin cabeza.

Foto: Blandine Le Cain

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