Cuando el insomnio tiene nombre

  • Asesinos protegidos tras un escudo que rememora al “Comandante Intergaláctico”.

  • Maduro baila sobre las tumbas de los bebés que son abandonados en contenedores de basura.

  • La causa de mi insomnio son las 38 muertes que hasta ahora han dejado las protestas. Mientras escribo esto, ya van 39.

Mil veces he intentado escribir estas líneas, nunca me ha sido fácil poner en palabras con delicadeza o soltura las cosas que más me importan. Cuando cursaba la carrera de Periodismo, mis profesores me veían sufrir cada vez que quería contar todo lo que sucedía en Venezuela. Siento que, hasta ahora, nunca había estado satisfecha con el resultado.

Es de esas grandes ironías de la vida la razón por la que escogí estudiar mi carrera, la de “perro guardián de la verdad y la libertad de expresión”. Fue gracias a Hugo Rafael Chávez Frías. Él, con sus decisiones arbitrarias de cierres de canales de televisión, emisoras de radio, leyes mordaza y su profundo desprecio por todo aquel que pensara diferente a él, me hizo querer, aún con más fervor, luchar por contar la verdad. La verdad de todos los venezolanos.

Sin embargo, hoy ya no estoy en Venezuela, de hecho, hace ya cuatro años que me fui de mi país “para buscar un futuro mejor”, es lo que todos repetimos. El asunto es que, hay algo muy curioso cuando emigras siendo venezolano, y es que tu cerebro te acompaña, pero tu corazón se queda. Sí, puede sonar muy cursi, pero desconozco al venezolano que hoy no se acueste en su cama todas las noches pensando en Venezuela, llorando de frustración, de dolor y de inmensa impotencia.

Hace ya cuarenta días que no duermo, y la causa de mi insomnio no es otra que las 38 muertes que hasta ahora han dejado las protestas –y que mientras escribo esto cae uno más: ya son 39–. Mejor dicho, los asesinatos que, hasta ahora, ha perpetrado la Guardia Nacional Bolivariana, cómplice de un narcogobierno y producto de una revolución desalmada. ¿Cómo es posible que aquellos que juraron protegernos y proteger nuestra Constitución no son más que burdos y escuálidos asesinos protegidos tras un escudo que rememora al “Comandante Intergaláctico” (sí, me refiero a Chávez)?

Mientras queman en vida a un joven, arrollan con una tanqueta a otro, disparan perdigones a quemarropa y lanzan bombas lacrimógenas aún cuando la gente intenta escapar, únicamente por expresar su legítimo derecho a manifestarse en contra de los ideales fétidos del patetismo; Nicolás Maduro Moros, presidente de la República “Bolivariana” de Venezuela baila salsa cual pelele en televisión nacional. Una transmisión, además, que todos los canales de señal abierta deben transmitir, por tratarse de los importantes mensajes y eventos que Madurito o Maburrito, quiere hacerle llegar a su flamante pueblo. Sí, Nicolás se burla de todos los venezolanos, sin excepción. Y no sólo se burla, nos humilla, nos deja ver que él es un sangriento asesino que no teme disparar porque quiere perpetuar su bailar en televisión nacional para toda la eternidad si pudiese. Nos insulta en nuestras caras porque baila sobre las tumbas de todos los muertos que ha dejado su represión, que ha dejado la falta de medicinas y tratamientos para todos los enfermos en nuestro país, que ha dejado el hambre que no tiene piedad y arrasa en todas las edades. Maduro baila sobre los jóvenes estudiantes que serán juzgados por Cortes militares y encarcelados como terroristas por exigir un futuro mejor; baila sobre las lágrimas de los más de 120 presos políticos y sus familias, desesperadas por tenerlos cerca, por sus hijos, que crecen cada día sin sus padres. Maduro baila sobre los venezolanos asesinados cada 18 minutos en manos del hampa; baila sobre las tumbas de los bebés que son abandonados en contenedores de basura por el impensable desespero de jóvenes madres que no ven posible criarlos en aquel país, donde los sueños fueron a morir.

Sí, por todo esto y mucho más que ha pasado en Venezuela durante los últimos 18 años es que no duermo. Pero la verdad es que poco importa si no duermo, yo vivo ahora la ironía de estar aislada de mi propia historia, hay personas más valientes que se quedaron en Venezuela para contar la verdad y ser sus perros guardianes, no solo de ella, sino también de la democracia. A todos estos héroes les agradeceré siempre su temple y por haber dejado de tener miedo. Es ahora momento de continuar una protesta pacífica que pueda ganarle al más violento y sangriento de todos los Gobiernos de la historia de Venezuela.


Laura Cristina Méndez Blanco, venezolana y española graduada en Periodismo por la Universidad de Navarra.

Twitter: @LauraCMendez

Foto: Carlos Adampol Galindo

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