Cuanto peor, mejor

En medio de uno de esos trabalenguas indescifrables a los que acostumbra Rajoy, encontraba el Presidente una de las claves de la sociedad actual. Dudo que fuese un hallazgo voluntario, menos aún a juzgar por su nulo aprovechamiento, ya que este es el lema raíz de Podemos.

“Cuanto peor, mejor” es el mantra contemporáneo que resume a la perfección el cambio de valores sociales. No, Antonio Navalón, no es problema de una generación Millennial, es un problema intergeneracional. Hace ya décadas que el sistema del heroísmo fue aniquilado y en España también hemos sido pioneros en ese asesinato. Nuestro Cid ha pasado con más pena que gloria siempre al lado de la picaresca del Lazarillo. Nuestros antihéroes Mortadelo y Filemón, arrasaban a Superman con cualquier aparato del Doctor Bacterio. Por no hablar ya de Torrente o Superlópez, esos eran nuestros antihéroes. Pero de estas parodias, constructivas muchas veces, ha surgido una nueva figura que es ahora el objeto de todo deseo en nuestro país, el perdedor. Ya no hablamos de un héroe patriota, ni de un antihéroe que nos busca las cosquillas, sino de un auténtico perdedor, del que todos se apiadan y al que todos quieren ver ganar.

Poco importa si el motivo de que sea un perdedor es su cinismo, su incapacidad, su falta de esfuerzo o simplemente su maldad. Siempre será objeto de piedad y ejemplo. Es el icono de una época. Los verdaderos héroes son ahora odiados, los antihéroes burlados y calificados de incultos, el verdadero icono es el perdedor. El que representa toda nuestra basura y que nos reconforta al saber que siempre seremos un poco mejores. Nos ayuda con la ley del mínimo esfuerzo, nunca pide más y es el tonto útil de la ineptitud ¿Qué más podemos pedir?

Si un gran deportista (uno de los pocos lugares donde quedan iconos) se enfrenta a otro, inestable y mediocre, no tengamos duda que será el mediocre al que el grueso social apoye con fervor enfermizo. Desde que elegíamos al imbécil de la clase como delegado, hasta que promovemos al becario como héroe revolucionario, seguimos la tendencia del “Cuanto peor, mejor”. Los perdedores de una guerra, los expulsados de una conquista, los que se inmolan. Cuanto más zafios y bajos sean nuestros ejemplos, menos esfuerzos tendremos que hacer para ser mejores. En eso se basa este mantra de perdedores que se extiende y en el que nadie parece reparar.

Después nos preguntamos qué tienen fuera que nos eclipsan, para acto seguido apoyar al más inepto y criticar al triunfador, que para eso somos españoles.

Foto: Xuan Che

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