Desde Rusia con amor

  • Mezclado, pero también agitado, se ha quedado el panorama internacional tras la irrupción de Putin

  • Todos los acuerdos firmados entre las dos partes, han caído en el mismo error, el ninguneo a Rusia

  • La pieza se llama Crimea, y aunque es pequeña, resulta una pieza clave en el puzzle geopolítico ruso

Mezclado, no agitado debe ser el Martini que se está tomando Vladimir Putin en su residencia de Novo-Ogariovo. Si es que vive ahí, claro. Y es que mezclado, pero también agitado, se ha quedado el panorama internacional tras la irrupción de Putin a lomos de esta reemergente Federación Rusa. Digo reemergente, porque este coloso territorial poco tiene que ver con la época del cómico y a ratos, alcohólico, Boris Yeltsin. No sabemos si los Acuerdos de Cooperación de la década de los 90, los firmó en plena fase de exaltación de la amistad de alguna de sus borracheras, lo que sí sabemos, es que no se trataba de un acuerdo entre iguales. Bruselas se aprovechó de la resaca postsoviética que sufría su vecino, en extensión a la de su presidente. Y de esos polvos, por si el alcohol no era suficiente, estos lodos.

Desde aquel primer acuerdo de 1994 (aunque implementado en 1997), todos los acuerdos firmados entre las dos partes, han caído en el mismo error, el ninguneo a Rusia. Evidentemente, este ninguneo no ha tenido el mismo grado con Yeltsin que con Putin, ni siquiera con el Putin de principio de los 2000 y el de ahora. Pero no hay duda de que existió, existe y veremos si espabilamos o se le sigue ninguneando mañana. La expansión natural hacia el este de la UE se entendió en el Kremlin. El aumento de socios de la OTAN, también hacia el este, ya le costó a Putin una mueca al más puro estilo “cariño hoy comemos en casa de mi madre”. Pero es que a la UE, siempre inocente ella, aun le quedaba un punto de lucidez troll y se puso a rascar en ese felpudo de no bienvenida que es Ucrania para Rusia, a ver si había premio.

Y lo había, vaya si lo había. No puedes jugar con el nuevo zar a algo en lo que es de los más listos de la clase. Mamá Washington dejó a Bruselas que abriera el kinder sorpresa y lo que había dentro se nos ha atragantado. Hay que leer las instrucciones siempre, y la UE se saltó la parte de “puede contener piezas pequeñas”. La pieza se llama Crimea, y aunque es pequeña, resulta una pieza clave en el puzzle geopolítico ruso. La pérdida de la principal salida al Mar Negro de la flota rusa a través de Sebastopol era algo que, evidentemente, Putin no iba ni aceptar, ni permitir. Dos días pasaron entre el referéndum celebrado en Crimea y la posterior adhesión a Rusia. Vamos, ni la burocracia alemana es tan ágil. Muy representativo fue además el reconocimiento de Sebastopol como ciudad federal, al nivel de Moscú y San Petersburgo. En algún lugar de los pasillos del Parlamento Europeo se escuchó: “¡ay, Manolete! si no sabes torear, pa’ que te metes” – lo soltaría alguien del PP fijo, que son muy de este tipo de dichos.

A lo largo de estos años, Putin ha puesto de su parte para que la relación tanto con la UE como con Estados Unidos fructificase. Tras los atentados del 11-S, Rusia permitió la instalación de bases “temporales” en Asia Central para facilitar la intervención en Afganistán y se abstuvo en la votación del CSNU para la intervención en Libia, por ejemplo. A lo primero, Bush hijo, respondió rechazando el Tratado de Misiles Antibalísticos (ATB) un año después (2002) y promoviendo la creación del famoso Escudo Antimisiles. A lo segundo, la OTAN, bajo mandato de Naciones Unidas, respondió incumpliendo la única condición que puso Rusia, la no intervención en la caída de Gadafi. En definitiva, Occidente sigue menospreciando a una Rusia cada vez mejor preparada y con más capacidad para acelerar ese viraje hacia el mundo multipolar. El uso de la guerra híbrida en Ucrania, saltándose cualquier tipo de legalidad; la intervención en Siria o la modernización de su ejército, con unas capacidades de actuación más ágiles que las de la OTAN; debería ser motivo suficiente para que a cualquiera medianamente avispado se le encendiesen las alarmas.

Queda claro que tanto OTAN como UE deben cambiar a una política de vecindad dónde Rusia sea un socio de primer orden, ya que de ahora en adelante será un actor importante a nivel regional y mundial. Y Bruselas no está para ganarse enemigos.

“Debemos redefinir las reglas del juego o Rusia jugará sin reglas”, esto dijo Putin en 2014. Quién avisa…

Foto: haylee

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