Diseño, deporte y política. Perder antes de jugar

Seamos claros, el nuevo diseño de equipación para la Selección española de fútbol es sencillamente un insulto. Es un insulto en primer lugar a los creadores de este país, denostados y olvidados por la mayor industria deportiva. Es un insulto también a la historia, que carece de representación e identidad en el diseño. Y es un insulto además para todos los españoles, que en un sistema de mercado y globalización se verán representados por semejante esperpento en las tiendas y estadios de medio mundo.

¿Y por qué es tan pésimo el diseño? En primer lugar porque carece de innovación e identidad y eso es imperdonable a al hora de representar a un país líder. No hay una investigación o presentación innovadora en patrones, en textiles, en texturas. Es más, el patronaje ni siquiera se ajusta a la figura de los jugadores, elimina la sensación atlética que se presupone de un deportista y que según la marca querían representar.

Sumado a esto, existe una nula representación de elementos identificativos de España, ni de su historia ni de sus símbolos reconocidos internacionalmente, lo que le resta impacto y capacidad de recuerdo en los espectadores, además de eliminar la vinculación con los propios ciudadanos del país. La referencia a una camiseta concreta de hace 23 años, en un mundial en el que España fracasó estrepitosamente es absurda y una mera excusa para las licencias personales de los creadores.

Para rematar, las franjas laterales crean un efecto óptico de tonalidad de otra bandera y además funcionan mal a reducción a distancia, lo que hace que tampoco sea funcional visualmente. Este producto sería un suspenso fulminante para cualquier estudiante de primero de diseño.

Artes, política y deporte han ido de la mano desde el nacimiento de estos. Los eventos deportivos han sido siempre como un escaparate en el que mostrar mediante el diseño, el espectáculo y los triunfos la grandiosidad política de cada país. Decía Sun Tzu que la política es el arte de la guerra sin sangre, de ahí la importancia de estos escaparates. España hasta los años 90 fue plenamente consciente de ello, el mundial del 82 y las olimpiadas de Barcelona así lo demostraron. Parece sin embargo que esto ha caído en el olvido y tras la desidia de aquella equipación de Londres 2012, volvemos a caer en la vergüenza total.

Si alguien no lo recuerda, en Londres 2012 mientras los americanos vestían por Ralph Lauren, los ingleses por Stella McCartney, o los italianos por Armani, España se presentó con unas florituras tribales de la marca rusa Bosco, que hacían cuanto menos, agachar la cabeza. Después de la polémica, la Asociación de Creadores de Moda de España, ACME, se puso a disposición para enmendar aquello. Poco ha durado, estamos en 2017 y ahora es la Federación de fútbol la que camina paso firme a avergonzar a todo un país. Señores de la RFEF, ir con esto, significa perder antes de empezar el partido.

 

 

España es el país de Balenciaga, de Paco Rabanne, de Manolo Blahnik. Es el país de Inditex, de Mango, de Custo, de el Ganso, de Bimba y Lola. Es el país de Picasso, de Miró, de Dalí, de Barceló. España es un país de arte, de artistas, de diseño y de liderazgo del textil mundial. Presentar a este país con semejante aberración, sin identidad referencial, sin patronaje, sin historia… es sencillamente una vergüenza.

La Federación Española de Fútbol debería plantearse seriamente dar un paso atrás, pedir perdón y contar con los expertos nacionales para diseñar una representación digna de cara a uno de los escaparates más importantes a nivel mundial.

Es hora de que las entidades se tomen en serio la colaboración y la creación de una marca país a todos los niveles. El buen diseño, la buena imagen es un factor esencial para la competitividad en el siglo XXI y una vez más hemos fallado en ello.

 

Valentín Garal,
Diseñador y especialista en innovación y estrategia.

 

Fotos: Adidas

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