¿Dónde está el dinero?

¿Son los Estados los verdaderos culpables de que el crédito no fluya a la economía real?

El mundo tiene hoy más dinero en circulación que hace 7 años. ¿Cómo es posible que habiendo más dinero fluyendo por todas partes no seamos capaces de salir de una de las peores crisis que hubo en la historia?

La respuesta es muy clara y responde al efecto desplazamiento o más conocido como crowding out. ¿Hacia dónde está yendo ese dinero? La respuesta es clara e inequívoca. Hacia la deuda pública.

Partimos de la premisa de que el dinero es fungible. Un Gobierno nos vende que necesita subir los impuestos, por ejemplo, para poder pagar los subsidios por desempleo. Pero da la casualidad que sin ese dinero podría pagar los subsidios perfectamente. La idea de partida es clara, vivimos en un mundo donde la capacidad productiva está limitada por la cantidad de recursos. La producción no es ilimitada, ya que los recursos (inputs) tampoco lo son. Entonces nos encontramos ante la problemática de ver cómo los Estados cuando tienen que ser financiados lo serán en detrimento de las alternativas privadas.

Cuando aumentan los impuestos, ese dinero que podría ser utilizado por los ciudadanos o las empresas para financiar la inversión privada no lo es, y va para financiar a un Estado.

Cuando un Estado emite deuda pública o se crea dinero mediante inflación artificial (como es el caso del QE de Draghi) se está detrayendo esa cantidad equivalente de las manos privadas hacia el Sector Público.

Todo incremento del Gasto Público provoca un coste de oportunidad en la inversión privada.

Es tan claro como que cualquier aumento de gasto innecesario por parte del Estado provoca que se estén reduciendo oportunidades de inversión privada en la economía.

He escuchado en innumerables ocasiones a mucha gente decir que si con sus impuestos se hicieran más cosas, no les importaría pagar más impuestos, pero resulta que no es el caso.

¿Dónde radica la diferencia entre los Estados y las empresas?

Pues principalmente en que los Estados lo primero que hacen es fijar sus políticas de gasto y decidir así en dónde gastar el dinero y luego deciden cómo financiar ese gasto. Mientras que las empresas lo que hacen es justo al revés. Planifican de dónde pueden obtener los ingresos necesarios para acometer sus gastos e inversiones para crecer y expandirse.

Las familias al igual que las empresas hacen lo mismo. Dependiendo del dinero que entra cada mes, gastan más o menos.

Cada euro recaudado ya no está vinculado a una partida de gasto. Ni las cotizaciones sociales sirven totalmente para pagar a los desempleados, ya que no hay dinero y se tiene que tirar de la hucha general.

Llegamos aquí a la situación donde cuánto más gasto público innecesario tengamos, le estamos dando al Estado más poder y control sobre la economía. Y de esta manera estamos evitando que ésta crezca.

Los Estados llegaron a tal nivel de acaparamiento que un día será insostenible todo el gasto que soportan y la deuda que conlleva ese gasto.

Como dijo el ministro de petróleo de Arabia Saudí, las leyes de la oferta y la demanda gobernarán el mundo del petróleo en los próximos años. ¿Volverán a gobernar la economía en general?

Mientras exista el nivel de deuda pública actual es muy difícil que vuelva a fluir el crédito.

Ese dinero creado va para financiar a los Estados. Por eso, como he repetido en numerosas ocasiones los bancos ya no son aquellas entidades que canalizaban el ahorro hacia la inversión.

Tenemos que dejar paso a los fondos de inversión y al capital riesgo como vías de ahorro y financiación.

Eso sí, en ese mundo solo vencerán los más competitivos.

Se nos ha vendido la idea de que el dinero no fluye porque la demanda no es solvente. Y claro que no es solvente, porque compitiendo contra estos megaestados nadie es solvente. El binomio Estado-bancos en la economía actual es una simbiosis en la que uno se alimenta del otro.


Carlos Prado Conde es analista de mercados financieros y escritor en varias páginas web de economía como inBestia.

 

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