El milenarismo va a llegar

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“La he liao parda”, frase icónica de nuestra generación, es lo que debe estar pensando el periodista Antonio Navalón. Reconozco que no soy un lector ferviente de este periodista más allá de algunas columnas suyas en el diario El País. Pero a partir de ahora, ni lo intentaré. La razón es simple, con su último artículo sobre nuestra generación, parece que se trata de una persona más cercana al milenarismo de Fernando Arrabal y Sanchez Dragó (que apoyó abiertamente a Le Pen) que a la generación millennial de la que habla, y que leído lo leído, desconoce.

En su artículo, Antonio Navalón, hace gala de una inmensa ignorancia del mundo actual, ese en el que cualquier periodista debería moverse (saber hacerlo sea quizá pedir demasiado). Nos acusa de indiferencia hacia el mundo real, de irresponsabilidad, de falta de vinculación al pasado o de falta de aspiraciones sociales o políticas. Lo mínimo que podrías haber hecho, como periodista, es informarte de lo que vas a hablar, porque te estás poniendo a la altura de Ferreras. ¿En qué mundo vives? que diría mi madre, una baby boomer.

Podría rebartirte, de manera sobrada cada uno de los argumentos o acusaciones que nos lanzas. Para un millennial como yo, con un rápido y fácil acceso a casi cualquier tipo de información, desmontar la mecedora en la que te meneas con la satisfacción del deber de una generación cumplida es muy fácil, después de todo, no creo que sea de IKEA. No sé en que momento decidiste relegar tu comprensión de la realidad al más absoluto ostracismo, pero hazte un favor y tráela de vuelta.

En un artículo de hace poco más de un mes te preguntabas “qué hacían, dónde estaban y en qué estaban pensando los burócratas de Bruselas justo antes de que David Cameron convocase el referéndum de manera suicida”. Si quieres te respondo: lo mismo que tú, lo mismo que casi toda tu generación, nada. Nada porque el contexto político, social y económico os está sacudiendo hasta el punto de que hay caderas que están diciendo basta. No sabéis por donde os vienen dadas y cuando creéis que tenéis la solución a algunos de los problemas a los que os enfrentáis, os surgen dos nuevos frentes que combatir. Por si no fuera poco, la mayoría de ellos provienen de tu quinta, Antonio. Sois tantos que en todos lados cuecen habas, así que en tu generación, más. De esa época salen compañeros de jardín de infancia como Trump, Melenchon, Farage, Putin, Erdogan, y casi casi Le Pen, que se retraso un poco, como sus ideas. La crème de la crème. Me pregunto, Antonio, si las vinculaciones al pasado o las aspiraciones sociales y políticas de esta serie de líderes, van más con tu rollo. Sánchez Dragó al menos lo dice alto y claro.

Llego a esta conclusión, porque la realidad en la que vivo como millennial es muy diferente a esa que pintas. Somos nosotros, los millennials, los que estamos a la cabeza precisamente de la protección y el impulso de proyectos sociales y políticos que gente de tú generación hace años se esforzó por construir y que gente de tu generación ahora se afana en romper. Podemos hablar de derechos y libertades o proyectos concretos, como la Unión Europea. Hablo de que todas las estadísticas reflejan que somos nosotros los que nos mantenemos firmes a favor del aperturismo, de la globalización, de los proyectos que suman. Fuimos nosotros los que votamos a favor del Bremain; los que votamos a Macron; los que votamos a Hillary, e incluso a Sanders; los que votamos nuevos proyectos políticos, como Ciudadanos o Podemos; los que luchamos en contra del cambio climático; los que luchamos a favor de colectivos como el LGTB; los que exigimos mucho más en valores como la transparencia o la tolerancia. Somos nosotros, Antonio, los millennials. Porque nuestra generación tiene dos señas de identidad, el inconformismo y la (auto)exigencia.  Y seguiremos esforzándonos para que a pesar del bloqueo o las trabas de gente de tu quinta, puedas seguir escribiendo barrabasadas en un periódico; por suerte para nuestra generación, tenemos acceso a muchos otros.

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