El tiempo

Cómo me gusta ver el parte meteorológico en la televisión. Anticiclones, isobaras, temperaturas suaves para la época, algún chubasco en los Pirineos… Aunque yo siempre me fijo en la alargada Asturias y en la llovizna que casi siempre la viste; e intento imaginar el amanecer tranquilo en la cuenca del Nalón. Trato de recordar el olor a césped recién cortado; el aroma de leña ardiente durante la noche y empapada al alba por el rosario. Imagino a mi abuela preparando compota con ramas de canela en su cocina vestida de punto y croché, y de tiempo por el amor al buen gusto. Cómo me gusta ver el parte meteorológico en la televisión estos días. Qué paz. Qué momento de descanso del monotema.

Pero qué va, no me engaño. Aún cuando me veo frente a esta vieja piel de toro con caricaturas de solecitos, nubes y relámpagos, el vicio de mi mente acaba por traicionarme y termino por asociar las tormentas en Cataluña a lo que allí sucede: “llueve para que los niños dejen las calles y vuelvan a las aulas, que es donde tienen que estar”. Y si bajan las temperaturas: “eso es que los de ‘JuntsPelsPrivilegis’, y toda la ciudadanía catalana en general, se han quedado helados al dejar de ver al PSC de perfil, o de espalda, o haciendo el pino y bailándole el agua a los separatas”. Y si arrecia la tramontana por mi Costa Brava – donde mi niñez sigue jugando en sus playas – no puedo evitar pensar: “Ese vendaval lo ha provocado Dalí desde Portlligat en defensa de su colega, Serrat. Los iguales se echan un capote incluso estando sin estar.” E imagino a Salvador diciendo al soplo: “Que nadie manche su nombre, que el mío no lo mancharán.

Cuánto disfruto viendo el pequeño recuadro en el bajo izquierdo de mi pantalla. Cómo me alegra el sol en Canarias, el calor de un tiempo grande más allá del océano. Algunos hoy reclaman lo que llaman un referéndum “legal y pactado”. En realidad lo que piden es un referéndum “ad hoc para que así podamos decir que es legal, pero la igualdad ante la ley nos la pasamos por el arco del triunfo”. Estos manipuladores del lenguaje, violadores de mentes libres, parecen haber olvidado que ahí, donde siempre brilla el sol, en el continente africano, en el archipiélago español, también hay ciudadanos soberanos del territorio de España que, digo yo, algo tendrán que decir en caso de que vayan a modificarse las fronteras del país ¿Cómo va a decidir la chiupipandi perriaflautada de Cataluña – en soledad – el futuro de todo el reino español? ¿Estamos locos? ¿Cómo vamos a pactar con golpistas a estas alturas?

Cómo me gusta ver el parte meteorológico en la televisión y tener la certeza de que se avecina tormenta, aunque nadie me lo indique. Qué triste palpar la violencia; y qué satisfacción tener la libertad mental para preverla. Aunque Forcadell y los suyos quieran venderme que “el poble català” no es “violent”, conmigo van a tener que esforzarse más. Y, desde luego, si la violencia y la imposición son los medios, el pacto no debería ser el fin. 

Foto: marimbajlamesa

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