El timbaler d’Amer

“Los guerreros victoriosos primero ganan y después van a la guerra, mientras que los guerreros vencidos primero van a la guerra y después buscan ganar” Sun Tzu

Hace poco más de doscientos años, ya estaba de moda la independencia en el noreste de España. Por aquel entonces el opresor era Napoleón, y las tropas de ocupación eran francesas. Relax, no voy a entretenerme con momentos históricos que os deberían haber enseñado en la escuela. A quien sí quiero recuperar de la memoria es a Isidre Lluçá i Casanoves, quizás más conocido como “el tamborilero del Bruch”.

Por contextualizar un poco este episodio de nuestra historia, hay que remontarse a 1809, cuando este chaval, porque era un chaval, cogió su tambor y ante el paso del mariscal Lefebvre se puso a tocar a los pies del macizo de Montserrat. Las tropas francesas, cercanas a las 4000, ante el eco del ruido del tambor, pensaron que las tropas españolas eran mucho más numerosas y se batieron en retirada.

La sociedad ha avanzado notablemente desde entonces y el eco natural que proporcionaba Montserrat ha dado paso ahora al eco mediático que proporcionan los medios de comunicación. Pero ambos contextos tienen algo en común, y es la utilización del eco para modificar una realidad tangible, como son los números. Entonces el ejército español estaba en desventaja ante el poderío napoleónico y ahora, sin guerra de por medio, los números que aglutina el separatismo tampoco suponen una mayoría social. Ni de los que votan, el 47,74% de las últimas autonómicas, ni por tanto de los que tienen derecho a hacerlo, el 36,82%.

La tamborrada del separatismo, encabezada por TV3 y Catalunya Radio, se encarga precisamente de eso, de magnificar una porción de la sociedad, que aunque no es pequeña, desde luego no es mayoritaria. Echad un vistazo a los 11 principios de la propaganda de Goebbels y buscad similitudes. La Generalitat mantiene la vital batalla dialéctica porque todo hace indicar que la batalla real, la de los números, la tiene perdida. Por ahora. La dejadez del Gobierno de participar en la batalla mediática y la inexistencia de un contrarrelato (en positivo) a ningún nivel, ni siquiera exterior, juega a favor del separatismo. Los números, la legalidad, ni siquiera la razón, ganan por sí mismos las guerras, que se lo digan a Napoleón.

Mientras Rajoy piensa, el timbaler d’Amer, Puigdemont, sigue repicando.

Foto: Sean Payne

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