Emmanuel, el antagonista

  • Nadie mejor para vencer a Le Pen que Emmanuel Macron, el único de todos los candidatos de estas elecciones que representaba una posición diametralmente opuesta.

  • Si Francia ha esquivado la bala de la extrema derecha no ha sido gracias a la izquierda supuestamente antifascista de los indignados.

  • En la última década, el gasto público en porcentaje del PIB se ha encontrado por encima de cualquier otra época en su historia.

Hemos ganado. Y digo “hemos” porque la victoria de ayer de Macron en Francia no sólo, presumiblemente, es mejor para los franceses que la opción de Le Pen, sino porque el conjunto de los europeos tenemos mucho en juego en lo que pase a partir de ahora en el país galo.

Las recetas de proteccionismo económico, cierre de fronteras, romper con Europa, agresividad contra la inmigración, más estado, más impuestos, más gasto, nacionalizar empresas… que promulgaba la hija de Jean-Marie, han fracasado siempre que se han implantado a lo largo de la historia, y planeaban sobre Francia y todos aquellos que la rodeamos como buitres sobre oveja moribunda.

Y nadie mejor para vencer a Le Pen que Emmanuel Macron, el único de todos los candidatos de estas elecciones que representaba una posición diametralmente opuesta a la líder del Frente Nacional. Si Le Pen pedía subir impuestos y gastos, Macron proponía bajar ambos, que ella quería expulsar inmigrantes e impedir la entrada de nuevos, el líder de En Marche soñaba con una sociedad abierta que ayude en la integración de los extranjeros, cuando Marine, en medio de su discurso populista, le echaba la culpa de todo a la Unión Europea y a Merkel (¿os suena de algo?), Emmanuel se envolvía en la bandera azul y apostaba por una Europa mejor y llena de oportunidades. Hasta en el tono de la campaña han sido como la noche y el día: mientras ella ha utilizado la rabia, el miedo y el odio, él ha basado su discurso en la esperanza y la mirada al futuro.

Y si Francia ha esquivado la bala de la extrema derecha, como previamente lo hicieron los Países Bajos, no ha sido gracias a la izquierda supuestamente antifascista de los indignados. La vergonzosa posición de Mélenchon y su entorno, pidiendo la abstención en unas elecciones en las que se sabía que la baja participación favorecía al Frente Nacional, ha quitado las caretas a muchos personajes, entre ellos a sus primos-hermanos de España, los del “ha ganado Le Pen, pero…” de Podemos.

Y todo ello porque durante la campaña francesa, todos ellos habían asociado a Macron con el “hipermegaultraliberalismo” (que en esta Francia del Estado del casi 60% del PIB viene a ser el menos socialista de todos los socialistas). Qué más quisiéramos muchos que Macron fuera algo más liberal y además de las propuestas buenas como las bajadas de impuestos y de gasto, reduciendo la elefantiásica burocracia gala, evitara otras como varios “planes E” a lo Zapatero en varios sectores, que no es otra cosa que keynesianismo puro y duro.

Este escuadrón del “pero”, los que no han querido apoyar a Macron pese a que lo que tenía enfrente era el mismísimo Frente Nacional, han aparecido en todas las televisiones inventándose que el auge de la ultraderecha en Francia se ha debido a unas supuestas medidas “neoliberales” y de “austeridad”, intentando vender que Le Pen es el resultado de lo que supuestamente representa En Marche. Pero, aunque a priori sean buenos agentes de márquetin, parece que de economía o bien no saben demasiado, o sí que saben pero prefieren manipular (yo me decanto más por esta última). Imaginaos si Francia ha sido víctima de las políticas neoliberales que en la última década, el gasto público en porcentaje del PIB se ha encontrado por encima de cualquier otra época en su historia, rozando el 60% y encabezando el ranking de la UE junto con Dinamarca (donde, por cierto, la extrema derecha del PPD también está en auge). A esto habría que sumarle, para hacer ver a los agoreros de ese mito llamado neoliberalismo (que no existe) su tremendo error, la mastodóntica regulación francesa en todos los ámbitos de la vida de los individuos.

Para superar a los lepenes europeos no se puede asumir parte de su programa, como lo hacen en economía los melenchones y pablistas, sino que hay que ser su total antagonista. Macron lo ha sido, y ha ganado. No rabien, indignados, que estamos de enhorabuena.

 

Imagen: huffintongpost

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