En coma inducido

Así lleva la política española cuatro meses. El PP, creyéndose médico experimentado ha preferido no tocar nada, confiando en una hipotética mejoría del paciente, o más bien, un empeoramiento de la enfermedad, la izquierda y su populismo en unas nuevas elecciones. Y en ese coma inducido hemos afrontado una nueva, más breve y rápida, ‘ronda’ de consultas. A mí eso de la ronda de consulta me recuerda a las rondas de las tunas universitarias. Y es que los políticos tienen mucho de tuno, de camelarte con canciones románticas para luego irse con otra(s). El problema es que en España, además de mucho ‘tuno’ político hay mucho político tunante, aunque hablar de eso daría para una heptalogía que ni JK Rowling.

Sigamos hablando de ese coma en el que ha estado nuestro sistema político. Aunque el cuerpo se mantenía inerte, y el cerebro hacía lo propio dejando de lado sus funciones, sí que había algunos órganos que intentaban mantener su funcionalidad. Supongo que las fechas de esa no investidura de Sánchez, en plenos carnavales, dejaron esa funcionalidad que aparentaban querer en simple y carnavalesco baile de máscaras. Cada uno jugó su papel, alguno incluso perdió la máscara (sería del Alcampo). No se sabe, ni se sabrá, cuáles eran las intenciones reales de cada uno.

Rivera y Sánchez pretendieron un pacto sabeedores de que no tenían votos suficientes y ese será el centro de la nueva campaña que se avecina. ¿Hasta que punto, por tanto, lo pretendían? Las urnas dirán al menos si les salió bien o mal. Pablo Iglesias mantuvo siempre su política de megáfono, de mensaje frentista, de líder de la gente. Rajoy, por su parte, ha demostrado una vez más que es un corredor de fondo, que los sprints de sus rivales no le asustan a mitad de carrera. Las condiciones internas no le alteran el pulso y las externas, fruto de sus duros entrenamientos en los frios senderos gallegos, menos. Es el Rajoy de siempre, el de casa.

Dentro de este clima gris y de neblina, frío y triste (dónde un gallego se encuentra cómodo) la gente, la de Pablo y la de los demás, se siente totalmente apática. Y es normal. Con la mayoría de nuestra clase política anclada en un juego de suma cero, dónde lo que gana uno es porque lo ha perdido el otro, poco futuro tenemos. Supongo que aún no estamos preparados para dejar atrás esa España bandista. Hasta Luis Tósar lo menciona en su última película “Toro”, “España es un país de malos hermanos”. Y es que, ante esta falta de política estadista (o pactista), habría que preguntarse quién fue el primero en incrustar el impedimento moral o ético de un pacto ppsoe en la sociedad, si los políticos o los ciudadanos. Además, es que si las posiciones de PP y PSOE se intercambiasen la actitud hubiese sido la misma.

Por tanto, ante la no previsón de clima despejado, el panorama se presenta decepcionante para la gran mayoría de los españoles. Y seguramente, el principal problema sea ese faro gallego llamado Rajoy que debería iluminar la Costa da Morte ante la que el buque de nuestra democracia está apunto de encallar. Y digo culpa, porque la bombilla de Rajoy hace tiempo que dejó de dar luz, y porque le pese a quien le pese, y aunque algunos no se lo expliquen, ha sido y seguirá siendo el partido mayoritario de los españoles en la actualidad.

El paisaje es todavía mas desolador cuando estudiamos las encuestas que vaticinan unos resultados prácticamente idénticos. ¿Qué harán entonces estos líderes? Tendremos que seguir esperando las urgentes reformas que necesita nuestro joven sistema democrático, como la Ley Electoral, la independencia del poder judicial o el pacto por la educación. Éste último quizá sea el más necesario de todos, puesto que tenemos que enseñar a que uno de los escenarios de la teoría de juegos es el win-win, donde podemos ganar todos. Y eso es algo que deben saber nuestros lideres.

Foto: Oleg Zaytsev

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