Gadgets, el comodín basura

Probablemente Dieter Rams, el padre del diseño de aparatos electrónicos, no se imaginaba el actual boom de los gadgets cuando dijo “Buen diseño es crear algo comprensible y memorable. Gran diseño es crear algo memorable y que tenga sentido”. En cualquier caso, lo que quizás era más difícil de imaginar, era el destrozo que se haría al sentido mediante el desarrollo y diseño de muchos de ellos.

Crear un nuevo aparato electrónico, se ha convertido en un comodín basura para muchas compañías, que buscando la innovación, recurren al desarrollo de nuevos e inservibles productos. Algo similar a lo que ocurre en muchos casos en el mundo de los servicios con la digitalización. Nuevos productos o servicios que en lugar de resolver un problema u ofrecer una ventaja al consumidor, aprovechan la tecnología solo como factor tendencia, generando nuevos conflictos y desperdiciando tiempo, dinero y oportunidades.

En este sentido hemos visto muchos ejemplos en el último par de años. Quizás el más reseñado haya sido Juicero, la máquina de zumos que no hace zumos, sino que te aplasta una bolsa con concentrado previo pago de 400 dólares y el precio de la recarga. Más allá del precio, lo insultante de este tipo de productos es tomar al usuario por un auténtico idiota, que caerá rendido ante el atractivo de un gadget estético, frente a su nula utilidad.

Si se analizan estos casos, el origen parece estar en las etapas iniciales del proceso, al menos así debería ser, ya que es imposible que la propuesta de valor de muchos de estos productos haya surgido de un proceso de observación y comprensión serio y mucho menos que haya pasado cualquier filtro de validación objetiva.

Estos productos son fruto, si no del error más garrafal, de meros caprichos. Más empeñados en llevar su idea al mundo por perversa e inútil que sea, que en que esta sea útil. Que no se malinterprete, es necesario luchar por una idea en la que se cree, pero así mismo es necesario ser riguroso en su validación y en los ajustes a llevar a cabo para que hagan de esta un verdadero éxito.

En las grandes empresas, podemos llegar a pensar que realmente estos productos se desarrollan como marketing de choque. Un juego bastante arriesgado pues la reputación de marca puede irse al garete si la comunicación y el empaque del proyecto, dejan entrever lo hueco del mismo. En este sentido LG ha lanzado por ejemplo un altavoz cuyo mayor logro es levitar. Y aquí es donde aquello del “Form follows function” se defenestra y volvemos a ver una apuesta por el comodín del gadget innecesario y oportunista, que utiliza la tecnología no como herramienta de mejora sino como decoración inútil.

En definitiva, en medio de la vorágine tecnológica, es importante volver a plantar los pies en el suelo y pensar en soluciones y ofertas que utilicen los gadgets cuando y como sea necesario, no de modo recurrente y simplista. Están en riesgo nuestra marca, nuestra idea y sobre todo la credibilidad del sector de la innovación.

A los que habéis llegado hasta aquí, pensando que la crítica es innecesaria, os dedico esta impresora de café en agradecimiento, mientras yo me tomo uno de la clásica Bialetti. Y a los demás os pregunto ¿Qué otro uso del comodín basura conocéis?

Imágenes: Juicero y LG

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