Hacia la huelga posmarxista

Imagen de la asociación feminista Panteras

Varias asociaciones “feministas” (el porqué de las comillas se verá durante el texto) han convocado el ocho de marzo, Día Internacional de la Mujer, una huelga laboral, estudiantil, de labores de casa y de cuidados.

El principal objetivo es visibilizar la posición femenina en la sociedad, y protestar contra la violencia hacia la mujer y las actitudes machistas. O eso se vende de cara al público o a la prensa.

Y digo que eso es lo que venden porque, cuando entras en la página web de la coordinación de la huelga (hacialahuelgafeminista.org), o en las de varias de las asociaciones organizadoras como Coordinadora Feminista o Libres y Combativas, y lees los distintos manifiestos que han publicado de cara a la preparación de la huelga, sus motivos y reclamaciones, te encuentras con algo totalmente distinto.

Todos esos panfletos se encuentran regados de proclamas contra el capitalismo, contra la economía de mercado, contra las democracias liberales o contra los tratados de libre comercio. Dejo por aquí algunos de sus magníficos eslóganes:

“Gritamos bien fuerte contra el neoliberalismo salvaje que se impone como pensamiento único a nivel mundial y que destroza nuestro planeta y nuestras vidas”

www.hacialahuelgafeminista.org

“El patriarcado y el capitalismo, con su lógica del beneficio y de la acumulación capitalista, van en contra de lo que proponemos, generar fuertes desigualdades, relaciones de poder y destrucción de los recursos y las condiciones necesarias para una vida digna”

www.feministas.org

“El capitalismo nos condena a una doble explotación: como mujeres, empujándonos a ser las responsables de las tareas del hogar y del cuidado de la familia, y como trabajadoras en las empresas, como mano de obra barata”

www.libresycombativas.net

No creo que todos aquellos que vayan a apoyar estos movimientos y la huelga sean marxistas, ni anticapitalistas, ni comunistas, pero está claro que quien coordina estos movimientos sólo utiliza el gran problema de la violencia contra la mujer para inculcar a la generación de la eterna adolescencia posmoderna una ideología rancia, anticuada y fracasada, que, allá por donde ha pasado, lo único que ha dejado ha sido miseria y muerte. Y no se a vosotros, pero a mí que se utilice de forma propagandística la violencia contra la mujer para aprovecharse de ello e intentar inocular ideas comunistas en las masas, me parece un hecho despreciable.

Porque cuando te dicen que la economía capitalista ataca directamente a la mujer, las pastoras de los movimientos neofeministas chocan de frente contra la realidad. Y no sólo porque se les pase por alto, por ejemplo, que en España el 80% de las personas sin hogar sean hombres y eso no se considere un problema de género. Sino porque debe ser putapura casualidad que si comparamos los mapas de libertad económica con los de igualdad de género o con los de derechos de los colectivos LGTBI, coincidan casi a la perfección los países más capitalistas con los países donde más igualdad real existe y dónde más se normaliza, respeta y protege a las diferentes condiciones sexuales y de género. Y no es nada halagüeña la situación ni de las mujeres ni de todo aquel que se salga de la heteronormatividad en aquellos países poco capitalistas y con economías estatalizadas.

World Economic Freedom, por la fundación Heritage.

Mapa del Gender Inequality Index de genderstats.org con datos de la ONU

Mapa de leyes respecto a los colectivos LGTBI de ilga.org

Esto no son proclamas de Twitter de propagandistas como la Barbijaputa o el tuitero que anteriormente fue un partido político (IU), esto son datos que reflejan la realidad. El problema es que para la generación que ha normalizado la posverdad, la realidad no es suficiente para estropear un buen tuit. Me recuerda a la brillante frase que leí hace poco a @coronelgonorrea, “a la generación sin tragedia no le queda otra que la sobreactuación”.

Esta apropiación de la izquierda de las reivindicaciones de minorías no es algo espontaneo. Viene pilotado por las élites intelectuales posmarxistas, desde que Mouffle y Laclau comenzaron la crítica al marxismo original, asegurando que el foco de la izquierda no debería ser únicamente la lucha de clases y que esa misma dialéctica marxista debía aplicarse a las diferentes identidades, ya sean de género, sexuales, raciales… etc.

Estas ideas posmarxistas vinieron, a su vez, provocadas por la práctica desaparición de ese proletariado al que escribía Marx, ya que la libertad de mercado y las sociedades democráticas liberales han conseguido que la calidad de vida de las gran mayoría de sus habitantes llegue a un nivel inimaginable a principios del siglo XIX. Occidente ha reducido la pobreza a la excepción y el resto del mundo sigue sus pasos. No podemos olvidar que, por ejemplo, en China, gracias a sus regiones administrativas especiales (Hong Kong y Macao) donde la economía capitalista se permite de mayor manera, y su apertura al comercio internacional, cada año cuarenta millones de personas se incorporan a la clase media.

Esa desaparición del proletariado tal y como lo definió Marx, unida al gusto que la izquierda le tiene al poder y a la ingeniería social, ha provocado esa mutación del discurso marxista y su aplicación a otros movimientos, para intentar llegar a las masas por otras vías y, como diría David Broncano, a lo “jíbiri” (no de frente, sino ocultándose).

Tienes todo el derecho a ser marxista y manifestarte por ello (aunque, como demuestra la propia evidencia empírica, sea tirar piedras contra tu propio tejado, ya seas hombre, mujer, cishetero o LGTBI), pero hazlo de frente y no utilices la violencia contra las mujeres ni te creas con la capacidad de hablar en nombre de todas ellas para publicitar tu ideología. Está feo eso.

Así que no, que no te engañen, lo del ocho de Marzo no es feminismo, tan sólo es marxismo con cosas.

Foto principal: Asamblea Feminista Panteras

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