Ideología de muro de Facebook

Naranjas con VIH que vienen de Libia, el Papa Francisco dice que los perros también van al cielo, Albert Rivera era nazi de joven, la NASA avisa de que en Diciembre habrá seis días seguidos de oscuridad… ¿Te suenan verdad? Estas cuatro noticias tienen varias cosas en común. La primera, que son falsas. La segunda, que las hemos visto compartidas en nuestras redes sociales, como si fueran ciertas, en innumerables ocasiones. 

Internet nos ha vuelto demasiado cómodos. Ya ni siquiera nos molestamos en poner a prueba nuestra memoria para obtener el nombre de ese actor cuya cara tanto nos suena. Desbloqueamos nuestro smartphone, buscamos en Google, y lo tenemos en ese mismo momento. Este hecho está afectando directamente a nuestra visión crítica del mundo. La red es una gran fuente de información que necesita ser filtrada y contrastada, pues no todo es 100% fiable ni transparente. 

Un buen ejemplo de ello está en las redes sociales y en las publicaciones que acaban viralizándose en ellas. Hace poco, un amigo nos pasó, indignado, en un grupo de Whatsapp, una foto de Pablo Iglesias rodeado de gente delante de un cartel que decía “Euskadi – Cuba”. La imagen contenía un texto explicando que el líder de Podemos se había reunido con etarras fugados en Cuba. Tardé alrededor de 30 segundos en buscar “Pablo Iglesias Euskadi Cuba” en Google y encontrar el siguiente enlace, en el que se ve que la reunión fue en el País Vasco, con una organización de apoyo a Cuba. Quizá la explicación no sea alentadora, pero está muy lejos de lo que la imagen previa pretendía vender.

Otro claro ejemplo fue una publicación que compartió un conocido en Facebook el mes pasado. Contenía una imagen de Leonor, la Princesa de Asturias, y venía a decir que, mientras ella cobraba 102.000 al año, los comedores escolares para niños desfavorecidos no iban a abrirse este verano por falta de recursos. Suena como para que dicha persona se indignara de verdad, pero… ¿es real? En menos de 2 minutos de búsquedas en Google encontré dos artículos muy interesantes. En el primero se indicaban los planes contra la malnutrición infantil que iban a llevar en verano varias comunidades y localidades, entre ellos la apertura de comedores o las ayudas directas. El segundo, demostraba, tras hablar con la Casa Real, que Leonor ni cobraba nada, ni iba a cobrarlo mientras fuera menor de edad. La malnutrición infantil es un drama, por supuesto, y podemos estar más o menos en contra de que alguien tenga un sueldo sólo por haber nacido donde lo ha hecho, pero la manipulación en este caso, es igual de clara que en el anterior. 

Ambas personas vieron las imágenes, se sintieron indignados frente a lo que en ellas se exponía, y las compartieron sin pensar en que cabía la posibilidad de que no fueran ciertas. Cualquier persona con unos mínimos conocimientos de, simplemente, Paint, puede copiar una imagen de la web, ponerle un texto más o menos incendiario, y subirla a sus redes sociales, pudiendo inventarse cualquier barbaridad. Somos nosotros, como usuarios de toda la información contenida en Internet, los que tenemos que controlar lo que recibimos, ser críticos con la información, y cotejar en fuentes refutadas lo que diga una simple imagen en nuestro muro de Facebook. Si se puede – y se debe – ser crítico hasta con la prensa, ¿cómo no serlo con estas publicaciones en las redes sociales?

Si estos amigos hubieran dedicado un simple minuto de su vida a comprobar si aquella imagen que les llegó era real, no hubieran tenido que aguantar al pesado de turno (en este caso, el que escribe) echándoles una reprimenda e instándoles a ser críticos con toda la información que les llega, antes de compartirla sin pudor.

Internet está acabando con la visión crítica de gran parte de la sociedad, creando “Ideologías de muro de Facebook”, basadas en imágenes y mensajes, de dudosa veracidad, pero que no son sometidas a ningún tipo de filtro por parte de sus transmisores.

Como se decía en la serie Expediente X, “la verdad está ahí fuera”. Solamente tenemos que ser críticos y gastar una mínima parte de nuestro tiempo en cotejar la información que nos llega, para alcanzarla.

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