Invirtiendo en valores

Fuente: inc.com

Siguiendo la estela de publicaciones anteriores en las que os hemos hablado sobre la revolución que está suponiendo a la economía el consumo colaborativo, y esa posible evolución a un Capitalismo 2.0, hoy quiero comentar la otra pata que, a mi entender, junto con la economía colaborativa y las nuevas tecnologías, será la base del cambio de modelo financiero a medio plazo: la ISR o Inversión Socialmente Responsable.

La diferencia entre el formato de inversión estándar y la ISR es que ésta última añade al binomio rentabilidad – riesgo, históricamente usado para decidir la actividad o negocio en los que depositar el capital, factores como el impacto social, impacto medioambiental o la aplicación de criterios de buen gobierno. Y remarco la palabra “añade”, ya que la ISR busca, como cualquier inversión, un beneficio, pero incluye otros criterios en su toma de decisiones.

Un ejemplo: tienes 1000 euros que quieres invertir para poder sacarles cierta rentabilidad y así generar algo más de dinero. Te dan a elegir dos fondos de inversión en los que destinar tus ahorros, uno te ofrece un 10% anual y el otro solamente un 5 (tengamos en cuenta que es un ejemplo y son porcentajes figurados). De primeras, y sin pensarlo mucho, todos elegiríamos el primer fondo, ya que te revierte el doble que el segundo. Pero, informándonos más, descubrimos que, sorprendentemente, el primer fondo consigue sus beneficios en base a empresas que se dedican fabricar armas que, queriendo o sin querer, acaban en manos de los terroristas del Daesh. Sin embargo, el segundo se basa en empresas que aportan i+D+i en el sector de las energías renovables. ¿Seguirías invirtiendo en el primer fondo?

Evidentemente es una casuística exagerada, pero sirve para ejemplificar que, cada vez más, los aspectos no puramente monetarios influyen en la elección de mecanismos de ahorro e inversión.

La Inversión Socialmente Responsable no es algo nuevo o que haya aparecido en los últimos años. Comenzó en los países anglosajones en la década de los 50, por influencias morales y religiosas, mediante criterios excluyentes, tales como discriminar de sus inversiones todo aquello relacionado con el tabaco, el alcohol o el juego. Fue evolucionando hacia ser una forma de realizar presión social y, entre las décadas de los 60 y los 80, surgieron fondos que excluían empresas de armamento (durante la guerra del Vietnam), u otros que evitaban incluir en sus carteras empresas sudafricanas durante el Apartheid.

La ISR empieza a expandirse desde ese momento, y las instituciones  de inversión colectiva mediante las cuales se gestionan este tipo de fondos, llegando a representar el 11% de los activos gestionados profesionalmente en 2007 en EE.UU. A nivel mundial se han creado los Social Investment Forums (SIF), que son asociaciones sin ánimo de lucro con el objetivo de impulsar las inversiones socialmente responsables. En Europa se fundó Eurosif en 2001 y en España tenemos el nuestro propio, Spainsif, constituido en 2009.

Con la evolución del sector, empezaron a tenerse en cuenta otros criterios a la hora de seleccionar inversiones, no únicamente los criterios excluyentes, por ejemplo:

  • Screening positivo: basado en la selección de actividades o negocios que sean ejemplares en cuanto a su comportamiento socialmente responsable o que produzcan bienes o servicios positivos.
  • Screening basado en normas: selección de aquellas actividades o empresas que cumplan estándares internacionales de entidades como la OCDE, la ONU o UNICEF.
  • Inversión en la comunidad: elección de empresas que apoyen determinadas actividades productivas en las comunidades cercanas.
Fuente: bnymellon.com

Fuente: bnymellon.com

Éstos y otros muchos criterios son los que muchas agencias de rating ya están utilizando para realizar “rankings” de valoración de empresas y carteras en cuanto a ISR. Algunos ejemplos de dichos ratings son el de EIRIS, ASSET 4, o Dow Jones Sustainability.

 Desde el mundo profesional dedicado a la ISR se reclama cierto apoyo de las Instituciones Públicas y la Administración. Desde la libertad de elección y lejos de la imposición, la administración puede ayudar mediante:

  • Garantizar reglas claras de transparencia, mejorando así la confianza de ofertantes y consumidores.
  • Facilitando el acceso a la información necesaria para la toma de decisiones de inversión en cuanto ISR.
  • Tener en cuenta los criterios de responsabilidad social a la hora de adjudicar proyectos.
  • Integrar el uso de la ISR en la gestión pública. Por ejemplo, contratando con Banca Ética en vez de banca comercial corriente. Cosa que, en España, ya han hecho ayuntamientos como el de Terrassa, San Sebastián o Málaga.

Que la mentalidad de la gente está cambiando es un hecho. Como ejemplo, sólo tenemos que ver que el beneficio de Triodos Bank, la banca ética con más recorrido en nuestro país, aumentó en España, en el primer trimestre de 2015, un 44%. Aun así, sigue siendo un nicho importante, con cada vez más demanda y que, de aquí a unos años, habrá multiplicado su presencia de manera significativa.


Recomiendo, a quien esté interesado en el tema, éste documento de la Asociación Española de Contabilidad y Administración de Empresas (AECA) del que ha salido parte de la información de este artículo.

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