Israel y Palestina. Crónicas de un conflicto enquistado

En este mundo en el que todo se resume, por desgracia, al maniqueísmo y, por ende, al simplismo; vemos como el longevo conflicto palestino-israelí no escapa ni de esta percepción, ni tan siquiera del paso del tiempo. Es más, nos remite, en cada episodio, a la conocida película de Bill Murray, “Atrapado en el tiempo” (El Día de la Marmota). Lo vemos a diario en los medios de comunicación, en la sociedad e, incluso, en nuestro propio Parlamento. Y es que, en esta moda del simplismo, de la reducción de la noticia a los 140 caracteres que nos permite Twitter, no cabe desde luego la explicación de un conflicto que se adentra en el tiempo por casi tres cuartos de siglo. No cabe, como digo, sin pecar de simples, sin caer en ese reduccionismo maniqueísta de adoptar una posición (quizás la más fácil del apoyo al débil) de dotar a un bando del bien y, al otro, del mal. En el conflicto más mediático, más comentado y más seguido, es dónde abunda, sin embargo, más desinformación. Y es que, no se puede explicar cada uno de los episodios del conflicto, sin analizar el sustrato de éste, las bases o los antecedentes, todo ello, por supuesto, partiendo de la base de que ni unos son tan buenos, ni los otros, tan malos. Debemos empezar ubicando correctamente los hechos.

Finales del s. XIX. Theodor Herzl, precursor del movimiento sionista, abriría la puerta a los flujos migratorios hacia una reagrupación judía en Palestina, bajo control otomano. Principio s. XX. Acuerdo (secreto) de Sykes-Picot en 1916 entre Francia y Reino Unido para la repartición del Imperio Otomano tras el fin de la I GM, mediante el cual Palestina y Transjordania, entre otros territorios, pasan a estar bajo mandato británico. Se produce en 1917 la “Declaración Balfour”, compromiso del gobierno británico de crear un asentamiento judío en Palestina. Ante el descontento árabe, se confirman y aumentan las migraciones judías hacia Palestina cuyo cenit se produce tras la II GM (hay que recordar sin entrar en detalles el asunto del Holocausto judío). Los recelos árabes, ante el aumento de población judía, dan lugar a tensiones entre ambas poblaciones. Al finalizar la II GM, Gran Bretaña, al certificar el aumento de las hostilidades en Palestina, deja en manos de la recién creada ONU la resolución del enfrentamiento. Ésta, en su Resolución 181 de 1947, decide la división de Palestina en dos estados, uno árabe y otro judío, con la ciudad de Jerusalén bajo mandato internacional. ¿Funcionaría dicha Resolución? La respuesta es que ésta fue una de las muchas que sobre el conflicto han sido continuamente incumplidas por las partes.

La decisión de las Naciones Unidas es aceptada por israelíes, que se quedan con un 55% del territorio, pero no por los palestinos, que inician una guerra el mismo día en que se aprueba la Resolución citada. Apenas un año más tarde, Israel, vencedor del enfrentamiento, proclama el Estado de Israel, ocupando ahora una mayor parte del territorio. Esta guerra supuso, además, más de medio millón de refugiados que se asentaron en los países limítrofes: Siria, Egipto, Líbano y sobre todo, Jordania. El pueblo palestino acentúa sus reclamaciones y su actividad beligerante hasta que, en 1964, se funda la OLP (entre medias, la guerra del canal de Suez marca otro de los episodios violentos en la región).  La Organización para la Liberación de Palestina surge como una coalición de distintos movimientos. La Liga Árabe y la ONU la reconocieron como legítima representante del pueblo palestino.

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Tras este avance en la “política palestina” se produce otra guerra. Una coalición árabe formada por Egipto, Siria, Irak y Jordania se enfrenta a Israel por la disputa de la militarización egipcia de la península del Sinaí en 1967. Durante este breve enfrentamiento (Guerra de los Seis días), Israel se hace con la península del Sinaí (motivo del enfrentamiento) junto con los Altos del Golán, Franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este. La Resolución 242 de la ONU, obliga al restablecimiento de las fronteras y al reconocimiento mutuo, pero no es acatada por ningún bando. Se produce de nuevo un éxodo de palestinos hacia Jordania, donde comienzan a formar asentamientos en la frontera. Será éste el momento donde el grupo armado Al-Fatah (nacido en 1959) se va haciendo presente bajo el mandato de Yasser Arafat. Esta serie de campamentos de refugiados comienza a suponer un problema para Jordania debido a los constantes pillajes y enfrentamientos con civiles jordanos (ya no solo israelíes). La radicalización de los palestinos, bajo el liderazgo de la OLP (Yasser Arafat),  supuso la expulsión de los palestinos de Jordania, lo que provocó, la formación, entre otros, del grupo terrorista Septiembre Negro (culpable de la Masacre de Münich de 1972) y el asentamiento de una importante colonia de refugiados palestinos en Líbano, desestabilizando este país (los conflictos dentro de este país, y entre éste e Israel son otra historia).

Durante los años siguientes, tuvieron lugar más enfrentamientos, entre los que destacan la Guerra de Yom Kippur, y la lucha interna en la OLP para derrocar a Fatah y, con ello, a Arafat (al que consideraban excesivamente blando con Israel). A pesar de estas luchas interinas se mantuvo un “statu quo” hasta 1987, fecha de estallido de la Primera Intifada, que provocó la aceptación de una única autoridad palestina. A pesar de ello, esta fecha es clave, y ejemplo de la división palestina, pues coincide con el surgimiento, gracias a los Hermanos Musulmanes, de la organización terrorista Movimiento de Resistencia Islámica, más conocido como Hamas. Organización que se presenta como yihadista, nacionalista e islámica, que pretende instaurar un Estado islámico en Palestina, no reconociendo por tanto la existencia de Israel y pretendiendo su total eliminación. Para ello, cuenta con un brazo político, y otro armado, las brigadas de Ezzedin al-Qassam. Los líderes de Hamas, como ya hemos comentado, proceden de la corriente islamista de los Hermanos Musulmanes, panarabistas cuyo objetivo es imponer la Sharia (ley tradicional islámica). El hecho de que los Hermanos Musulmanes, estén detrás de Hamas, explica la financiación que recibe por parte de estados árabes del golfo (donde los Hermanos Musulmanes están presentes), en forma de donaciones privadas, o las ayudas por parte de Irak (con Saddam Hussein) y, principalmente, Irán e incluso, países de América Latina como Cuba o Venezuela.

El fin de esta Primera Intifada, llega con los Acuerdos de Oslo de 1993, tras la Conferencia de Madrid de 1991. Supusieron un marco político desde el que partir, al ser la primera vez que había un reconocimiento mutuo entre la OLP e Israel. Se estableció un autogobierno palestino en Gaza y Cisjordania, con la creación de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), con el liderazgo de Al-Fatah (Arafat), y el cese, por parte de la OLP, de la actividad terrorista. Es importante recalcar, que estos acuerdos no fueron reconocidos por Hamas, rechazando por tanto el establecimiento de la ANP. A su vez, por parte israelí, también fue rechazado el acuerdo por los ultranacionalistas (muy presentes en los siguientes gobiernos). Este descontento llevó, al final de la década de los 90, a numerosos atentados suicidas en territorio israelí por parte palestina, siempre con objetivo en lugares civiles, (mercados, hoteles, bares, autobuses, etc.). Por parte israelí, se produjo el asesinato del Primer Ministro Isaac Rabin en 1995, a manos de un extremista judío. Hay que remarcar, por tanto, la ruptura entre Al-Fatah, más favorable al entendimiento con Israel, presente en Cisjordania, y Hamas, defensores de la destrucción del Estado israelí, presente principalmente en Gaza. Una situación que se ha mantenido, prácticamente, hasta abril de 2014, cuando ambos movimientos han firmado un gobierno de unidad (que puede tener, sin embargo, más sombras que luces, por la política que Hamas continua llevando a cabo).

La falta de resultados de las conversaciones iniciadas en Oslo, llevaron a una nueva cumbre, en Camp David en el año 2000, entre Clinton, Arafat y Ehud Barak (Primer Ministro israelí). Ésta acabó de la misma manera, sin acuerdo firme, y en el marco de una serie de disturbios que dieron comienzo a la Segunda Intifada. Durante este episodio del conflicto, son varias las cumbres o planes que tienen lugar para estudiarlo y darle una posible solución, la Comisión Mitchell (2001, específica para determinar las causas de la Segunda Intifada), el Plan Tenet (2001, para poner fin a la intifada) o la Hoja de Ruta (2002, para buscar una solución al conflicto israelí-palestino en su conjunto).

Esta Hoja de Ruta, se basaba en tres fases para dotar a Palestina de una serie de aspectos claves para la formación de un estado. Estas tres fases garantizarían de 2003 a 2005, la creación de las instituciones, las infraestructuras y los órganos que garantizasen el establecimiento de una democracia y de los pilares que debían sostenerla como era, entre otros, la seguridad. Éste ha sido uno de los planes más ambiciosos llevados a cabo para dar una solución al conflicto pero que, sin embargo, tampoco ha tenido éxito. La continuidad de los atentados suicidas por parte de Hamas provocó la respuesta israelí, que gracias a su superioridad llevó a cabo una serie de “asesinatos selectivos” de los principales líderes de la organización, el “jeque” Ahmed Yassin (fundador) y Azziz Al-Rantisi (co-fundador y portavoz) en 2004. En este mismo año muere también el presidente de la ANP, Yasser Arafat, al que le sucede el moderado Mahmud Abbas.

Con el fin de la Segunda Intifada en 2005 se produce, un año más tarde, uno de los hechos que serán claves para entender los episodios subsiguientes. Israel, como digo, decide unilateralmente en el año 2006 la retirada de las tropas de ocupación de la Franja de Gaza, creando un muro de contención y estableciendo un férreo control fronterizo, tanto en el tránsito de personas como de bienes. Este hecho ha sido un punto de inflexión en la actividad de Hamas, tanto políticamente como militarmente. Militarmente porque cambia la tendencia, el bloqueo fronterizo dificulta la entrada de palestinos en Israel, por lo que sus ataques ahora pasan por el lanzamiento de misiles desde la Franja de Gaza hacia las ciudades israelíes próximas. Políticamente porque por primera vez se presentará a las elecciones para la ANP consiguiendo, además, acceder al poder en la Franja de Gaza. Esto supuso un agravamiento en el distanciamiento político entre las principales facciones de la ANP, Al-Fatah, más moderada y Hamas, más radical (que llegó incluso a un enfrentamiento armado entre sus milicianos, con victoria también por parte de Hamas) decidiéndose, finalmente, el establecimiento de un Primer Ministro en Gaza (Hamas) y otro en Cisjordania (Fatah).

A pesar de la victoria, el continuo bloqueo comercial que Israel ejercía sobre la Franja provocó el debilitamiento político de Hamas, que se vio obligada, para mantener el apoyo de la población y de sus benefactores foráneos, a continuar con el lanzamiento de misiles. Esto dio pie a un nuevo “casus belli” para Israel que, a finales de 2008, comenzara una nueva ofensiva (Operación Plomo Fundido). El objetivo de ésta de nuevo se centraba en Hamas y, concretamente, en sus baterías de misiles y de morteros ocultas en todo tipo de lugares. Este es otro de los principales problemas, ya que dada la prácticamente única presencia de Hamas en la Franja (como autoridad responsable de la seguridad), sus actividades “militares” son desarrolladas en o desde lugares públicos como colegios, mezquitas o viviendas, quedando, en muchos casos, impunes (una violación permanente del Derecho Internacional Humanitario y del Derecho de la Guerra, que es la causa de la elevada tasa de muerte de civiles en los continuos conflictos con Israel, ya que estos son utilizados como auténticos escudos humanos). La población elige callar ante las posibles represalias. El conflicto se alarga durante 23 días de enfrentamientos.

A pesar del claro debilitamiento de la actividad de Hamas, el elevado número de civiles muertos durante la Operación Plomo Fundido, en torno a 1000, y la dura situación humanitaria que vive la Franja, provoca consternación a nivel internacional. Sin embargo, hay que resaltar que esta ofensiva israelí es apoyada por Al-Fatah (ANP) y los civiles contrarios a Hamas en Gaza, a quien se culpa directamente de la provocación. A principios de 2009 termina la operación israelí. Pero aún quedan dos cosas importantes por suceder ese mismo año. Por un lado, la llegada a la presidencia norteamericana de Barack Obama (con su consecuente cambio en la política de Oriente Medio y Próximo, diferente a la de George Bush hijo) y, por otro, la elección de Benjamín Netanyahu como Primer Ministro israelí. Es importante hacer hincapié en la llegada de Netanyahu, puesto que no obtiene la victoria en las elecciones y llega al cargo con el apoyo de los ultraortodoxos. Este apoyo de la ultraderecha israelí será la culpable de la “agresividad” en las relaciones con Palestina y principalmente con Hamas en los años siguientes.

En los cinco años que prosiguen hasta la actualidad, se ha producido otro conflicto en Gaza, la Operación Pilar Defensivo (2012), cuyo origen está también en el ataque con misiles por parte de Hamas y Yihad Islámica al territorio israelí. La respuesta a estos ataques fue el asesinato del jefe militar de Hamas y el continuo bombardeo durante siete días de la Franja.

Y, por último, la Operación Margen Protector, iniciada el 8 de Julio de 2014. El “casus belli” es esta vez el secuestro y asesinato de tres jóvenes israelíes (a pesar de que Hamas no ha reivindicado el hecho, y normalmente lo hace). La destrucción del arsenal de misiles (estimado en 10.000, tres mil de ellos lanzados hacia Israel en estos veinte días, y otros tres mil destruidos en suelo palestino) pasa ahora a un segundo plano, siendo el principal objetivo israelí la destrucción de los denominados “túneles del terror”. El bloqueo que, como he comentado antes, lleva viviendo Gaza desde la retirada de la ocupación israelí ha provocado un déficit de productos básicos abrumador (sanitarios, alimenticios, de combustible, etc.). En un principio estos túneles surgieron para facilitar el contrabando de armas, sobre todo en la frontera egipcia, pero la necesidad de productos de primera necesidad ha provocado un aumento de los mismos también en la frontera con Israel.

El problema es, de nuevo, que la red de túneles es utilizada por las milicias para atacar los asentamientos israelíes por sorpresa, de ahí el ahínco por parte de Israel para destruirlos. ¿El problema? Se estima que hay más de 400, de los que Israel hasta ahora sólo ha destruido 32. La sociedad gazatí es consciente de la construcción de este entramado de túneles, pero de nuevo, calla. La mayoría comienzan en viviendas, lo que dificulta mucho su búsqueda. Se confirma entonces que existe una auténtica Gaza bajo tierra, que es usada como almacén, vivienda y búnker, de los líderes de Hamas y sus milicias. ¿Por qué no permiten a la población gazatí acceder a ellos? Simplemente no les interesa, el aumento de víctimas civiles favorece la actitud propalestina de los medios de comunicación y la sociedad internacional.

Y aquí estamos a día de hoy. La decisión de Israel de acabar con los túneles es firme. Prácticamente no se alcanza unidad en el alto el fuego duradero, puesto que por parte palestina, son varias las milicias que actúan de manera independiente a Hamas o Yihad Islámica y que prosiguen con el lanzamientos de estos misiles (la mayoría hechos íntegramente en la Franja de Gaza) durante las treguas. Muchos aseguran que el proceso de paz pasa por un levantamiento del bloqueo y el embargo económico sobre la Franja, que permita la entrada de ayuda humanitaria para una población que vive hacinada y en pésimas condiciones. En mi opinión y la de otros expertos, sin embargo, no es ésta la posible solución. Hay que tener en cuenta que desde el bloqueo fronterizo, Hamas se ha visto obligado a abandonar los atentados suicidas, culpables de la mayoría de las bajas que se producían entre los civiles israelíes. El cambio a la política de lanzamiento de misiles ha beneficiado a la población israelí, que ha visto aumentada su seguridad, gracias, sobre todo, al desarrollo del escudo defensivo “Cúpula de Hierro” (Iron Dome). Este caro sistema de baterías antimisiles obliga a Israel a un gasto muy alto (62.000 dólares cada misil, 30 millones cada batería) pero a cambio del cual obtiene una gran seguridad. La posición israelí actual, como digo, aunque cara más eficaz respecto a la seguridad de sus ciudadanos, hace que no pretenda levantar un bloqueo que pueda facilitar la entrada de terroristas suicidas.

El proceso de paz pasa, por tanto, por un rechazo y abandono total por parte de Hamas de la lucha armada contra Israel. Si esto no se produce, la etapa de paz que seguirá a este conflicto, tendrá fecha de caducidad. Este abandono de las armas, como ya hizo anteriormente Al-Fatah y la OLP, favorecería el reconocimiento mutuo entre Israel y Hamas, lo que llevaría a la presencia de esta organización (hasta ahora rechazada por Israel) a las mesas de negociaciones y, con éstas, el levantamiento progresivo del bloqueo a la Franja. La situación favorecería a todos. Hamás podría continuar con su compromiso político. Permitiría que el acuerdo del gobierno de unidad nacional alcanzado hace unos meses fuera respetado por parte israelí. Israel, y en concreto Netanyahu, vería con buenos ojos la decisión, pues se relajaría la presión de la ultraderecha (con la que se vio obligado a formar gobierno de coalición) y con ello, podrían reducirse los asentamientos israelíes (el mantenimiento y aumento de éstos era petición expresa del sector ultraortodoxo, mientras que su retirada es petición de la ANP). Por último, los gazatíes, que podrían acceder a una mejora de la calidad de vida tanto civil como política y social y, por supuesto, a la reconstrucción de la Franja. Se alcanzaría, por tanto, la ansiada solución de “un territorio, dos Estados” y con ella los palestinos pasarían de sobrevivir a “simplemente” vivir.

No podemos olvidar el contexto internacional. El compromiso de la ONU y EE.UU para alcanzar un acuerdo de paz duradero y la creación del Estado de Palestina es máximo. El interés de la Liga Árabe, también. Pero no podemos abstraernos de la inestabilidad de algunos de los países limítrofes, como Egipto, Irak o Siria. La poca gobernabilidad que existe en éstos (además con riesgo de contagio, como se vio en las revueltas árabes) puede afectar a los acuerdos existentes con Israel y alterar, con ello, el posible “statu quo”. La pelota está, por tanto, en tejado palestino, en el tejado de Hamas para ser exactos, veremos si decide dejarla ahí. El número de víctimas civiles por desgracia seguirá aumentando, es el mal de todo conflicto. ¿No se da cuenta Hamas que tiene la llave de la supervivencia del pueblo que “defiende”? O es que acaso, ni a ellos, ni a su principal valedor, Irán, no les interesa. Mientras Irán mantenga vivo el conflicto palestino-israelí, seguirá siendo un quebradero de cabeza para Israel, que verá distraída su atención del principal problema y miedo de éste: la consecución por parte de Irán de armamento nuclear.

Tras esta larga entrada concluyo un profundo análisis histórico de un conflicto que dura ya décadas. Por ello, por las raíces de éste, me remito a mi primer párrafo, en el que hablo del error en el que cae gran parte de la gente, posicionarse sin conocer. Lo más fácil es coger una pancarta y demonizar al que más víctimas genera (Israel). Pero, ¿no son víctimas los propios gazatíes sometidos al islamismo? ¿No son víctimas los niños que viven en el adoctrinamiento, en el odio que promueve Hamas? No son víctimas mortales desde luego, pero serán partícipes de un alargamiento del conflicto. No se gana nada dando paso al antisemitismo, podemos comprobar en la Historia las consecuencias de ese error. ¿Por qué en estos años no habido operaciones militares israelíes contra los palestinos de Cisjordania? Quizás en la respuesta a esta pregunta encontremos la solución de lo que sucede en Gaza.

Me gustaría terminar con un impresionante testimonio, el de Marek Edelman, uno de los comandantes responsables del levantamiento en el Ghetto de Varsovia, del que se cumplen ahora 70 años. Al igual que Hamas, vivían y luchaban entre túneles. Se trata de una carta escrita a los líderes de las organizaciones palestinas en el año 2002:

Me llamo Marek Edelman. Soy el antiguo comandante adjunto de la Organización militar judía en Polonia, uno de los jefes de la insurrección del ghetto de Varsovia. En el año memorable de aquella insurrección, en 1943, luchábamos para la supervivencia de la comunidad judía en Varsovia. Combatíamos por nuestra vida, no por un territorio ni una identidad nacional. Nos movía una determinación desesperada, pero nuestras armas nunca se dirigieron contra poblaciones civiles indefensas, nunca matamos mujeres ni niños. En un mundo como aquél, despojado de principios y valores, a pesar del constante peligro de la muerte, permanecimos siempre fieles a aquellos ideales.

Estábamos aislados en nuestro combate y, a pesar de ello, el poderoso ejército al que nos enfrentábamos no logró vencer a aquellos muchachos y muchachas apenas armados que éramos entonces. Nuestra lucha en Varsovia duró varias semanas y luego continuamos en la clandestinidad y durante la insurrección de Varsovia, en 1944.

Sin embargo, en ningún lugar del mundo puede un grupo de partisanos alcanzar la victoria definitiva, en ninguna parte una guerrilla puede ser vencida por ejércitos regulares, por muy bien equipados que estén. Vuestra guerra tampoco tiene solución. La sangre será derramada en vano y se perderán vidas en ambos lados.

Nosotros nunca despreciamos la vida. Nunca enviamos a nuestros soldados a una muerte segura. La vida es eterna. Nadie tiene derecho a quitarla a la ligera. Ya va siendo hora de que todo el mundo lo comprenda.

Mirad a vuestro alrededor. Mirad Irlanda. Después de cincuenta años de una guerra sangrienta, ha llegado la paz. Antiguos enemigos mortales se han sentado a la misma mesa. Mirad lo que sucede en Polonia, Walesa y Kuron. Sin gran dificultad, el criminal sistema comunista desapareció. De igual manera, ustedes y el Estado de Israel deben cambiar radicalmente de actitud. Deben hacer las paces para salvar cientos y quizá miles de personas, para ofrecer un mejor porvenir a sus seres queridos, a sus hijos. Sé por experiencia que, tal como se presentan los acontecimientos, eso depende de los jefes militares. La influencia de los actores políticos y civiles es mucho menor. Algunos de ustedes estudiaron en la Universidad de mi ciudad, Lodz, y me conocen. Los creo lo bastante sabios e inteligentes como para comprender que, sin paz, no habrá futuro en Palestina y que la paz no puede obtenerse más que a cambio de concesiones en ambos lados.

Le pido también al [ex] Presidente Bill Clinton, al ministro Bernard Kouchner y al diputado Daniel Cohn-Bendit que apoyen mi petición. Quiero recordarles a ustedes nuestra posición común con respecto a la guerra en Yugoslavia. Quién sabe si esta guerra, la guerra que nadie puede ganar, podría detenerse para que la sustituyan portavoces capaces de llegar a un acuerdo.

Quizá deberíamos buscar un mediador, que no ha de ser un político, sino más bien una personalidad de autoridad moral incontestable, alguien que sitúe la vida con dignidad y la paz para todos por encima de cualquier objetivo político.

@diurte