La decisión de Ada

  • “Puedes ser de izquierdas o de derechas, pero si no eres nacionalista, eres un facha”.

  • Una clase obrera que presume de querer reducir privilegios, al tiempo que los exige para sí.

  • Decida lo que decida (Ada Colau), ella no será la protagonista. Mantener la incertidumbre es precisamente lo que le da ese protagonismo.

Barcelona, la ciudad del mestizaje, de la modernidad personal y arquitectónica, de la grandeza y de las oportunidades, en fin, ciudad de libertades, se abre paso a diario, a pesar del  embate de algunos parásitos indigentes intelectuales que, instalados en el  gobierno, amenazan con empequeñecerla y dejarla reducida a una aldea.

La mujer que abanderó la  “liberación de los desahuciados”, castigados por la crisis y el sistema financiero, y  subió como la espuma hasta el podio de una de las alcaldías más importantes de España; la mujer que se sirvió de escraches y coacciones – mientras hablaba de libertad – es hoy quién se encarga de gestionar Barcelona: una ciudad en la que no conviene enseñar una bandera española porque “no queremos tener problemas” – este es el nivel de libertad barcelonés.

Los  meses de mandato de Ada Colau han supuesto una época de conversión del solitario oficio de alcalde, en un caluroso negocio familiar (o en un friendly venture capital, si se prefiere) – un árbol genealógico para reconocer a los cargos del ayuntamiento, serviría mejor que un organigrama al uso. Estos meses de mandato morado han venido marcados por algo que desde años viene sucediendo en Cataluña y es el coqueteo de todos los sectores de izquierda con el nacionalismo catalán, algo semejante a la máxima del  peronismo: “puedes ser de izquierdas o de derechas, pero si no eres nacionalista, eres un facha”. Colau no ha sido ajena a ese fraude intelectual y ha tenido la habilidad de hacer que no pocos de sus seguidores provenientes de la clase obrera hayan empatizado con los anhelos de la burguesía catalana (Convergència) corrupta (3%, Palau, Port de Barcelona, Pujol,… ) y se hayan inmiscuido de forma equidistante (lo que es digno de estudio) en el despropósito soberanista. Una clase obrera que presume de querer reducir privilegios, al tiempo que los exige para sí – (¡si es que no hay por dónde cogerlo!).

La libertaria alcaldesa deberá tomar (ahora sí) una decisión que la encasille de facto: o con “el procés”, o en contra. Hasta ahora, estar con los golpistas salía gratis, era guay y daba votos de indecisos. “¿Qué puede haber más democrático que querer votar?”, han repetido mil y una veces Colau y los suyos en discursos a sus asambleas. Pero ahora los discursos tienen que convertirse en acciones y yo ya me he puesto a calentar palomitas…

Que nadie lo dude, el (des)Govern presionará a Colau – de una u otra manera hasta el mismo 1 de octubre (como al resto de alcaldes), a fin de poner al servicio del régimen separata las instalaciones municipales (de todos los catalanes) para la celebración del referéndum ¿Es imaginable un acto más antisistema?

Así será cómo Colau, que ha defendido hasta ahora el referéndum secesionista, la democracia asamblearia, el estado alternativo, el sobreseimiento de las obligaciones y deudas y  los escraches como forma de libertad de expresión,  probará de su propia medicina en las jornadas que están por venir – la ANC ya ha mandado a un séquito de adeptos a l’Ajuntament para que haga ruido día y noche hasta que Colau ceda. Nuestra alcaldesa, la antisistema de la camiseta de la plataforma de los desfavorecidos – ahora acomodada en el “sistema” y con tratamiento de  “excelentísima señora”, se encuentra en un magnífico brete ¡Ay! la ley ¡Ay! la inhabilitación ¡Ay! el sistema ¡Ay! Barcelona… ¿Y ese soberano salario que se halla en juego?… ¡Ay! el retorno a la nómina cero… ¡Ay! las camisetas de algodón roñosas que ya le quedan ajustadas… ¡Ay! esas recepciones de figuras internacionales, con sus respectivas comidas, cenas y fiestas… ¡ay! Las portadas en la prensa…

Claramente, ceder el ayuntamiento tendrá ese precio. Ahora, Colau dice que le preocupan los funcionarios: “no podemos poner el ayuntamiento a disposición del referéndum, sin que haya garantías de que nada les pasará a los funcionarios públicos” parece que ahora los funcionarios son la excusa y, “donde dije digo, digo Diego” ¿Por qué será?

¿Será que  si Colau facilita al Govern las instalaciones del ayuntamiento, podría quedar  inhabilitada de su cargo en la mejor alcaldía de España y volver de nuevo a las plataformas de donde salió? O… ¿será que le asusta lo que Barcelona representa en el mundo y la cesión podría arrastrarla a un antiescrache?  No sé  por qué me da a mí que si no termina cediendo los espacios municipales, no será por la protección de los trabajadores públicos, ni de su convicción política, ni siquiera de su propia supervivencia en la alcaldía: Su olfato ha descubierto que lo que mi ciudad representa en el mundo es mucho más grande que todos los escraches secesionistas. 

Parece que el destino quiere conferir a Ada Colau un papel de comparsa; y ella lo lleva muy mal: decida lo que decida, ella no será la protagonista. Mantener la incertidumbre es precisamente lo que le da ese protagonismo del que es muy celosa de deshacerse.

Foto: Sylvia Fredriksson

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