La esperanza

Confusos. Andamos confundidos. Parece que iniciamos 2018 como cerramos el año pasado: con la hostia de un chicle pegado en la raíz del cabello, obligándote a cortar toda la melena por lo sano; rescatando el cuerpo putrefacto de un pozo, aplaudiendo al confesor por confesar, y abucheando al que le coloca las esposas por la tardanza ¡Oh, la confusión!

Seguimos desconcertados. Ciudadanos ha ganado en Cataluña y eso le causa ardor de estómago a más de uno. Pero lo que más desconcierta a algunos es que los números no den; que las cuentas nos hagan la pirula con el pulgar sobre la nariz, meneando la palma de la mano al viento, olvidando que tenemos la ley electoral que tenemos. Desconcierta la racionalidad tras la negativa a ser quemada en la hoguera de la plaza mayor, arrimada y maniatada a un mástil de madera, de nombre “Parlament de la Generalitat”. Como también desconcierta la artesanía de ver en la Mesa del Parlament una brecha por la que colarnos en la fiesta exclusiva de la Camorra Catalana, en la que Pujol sigue siendo el Dj. Como viene repitiendo Manu Guix estos días en el 24horas: “la calidad del artista yace en su capacidad de control del tempo”. Y, sin prisas, pasaron de tres a nueve; de nueve a 25; y de 25 a ser los más votados. Artistas.

¡Qué alboroto! Si es que España es inigualable, joder. Alborotados por una carroza con Drag Queens en el espectáculo infantil más cercano al pueblo, que celebra la epifanía cristiana ¿Cómo? ¿Cómo puede esto perturbaros, gobernando la ciudad quién la gobierna? Su homologuísima, en Barcino, ya dejó bien claro a finales de agosto que cualquier acto público es una oportunidad para perder la oportunidad: cualquier situación puede ser politizada, solo se necesita una sonrisa para la foto. No os alborotéis, hombre.

Hay perplejidad en las carreteras porque nieva en Castilla en un mes de enero ¿Queréis quedaros pasmados de verdad? Leed algo sobre la Great Smog of London, a principios de los años cincuenta, anda. 12 mil víctimas se cobró la maldita niebla en la ciudad; imaginad el caos. Wilde ya advertía de la presencia de aquella entre las calles londinenses, lo hacía desde la belleza, claro; ¿qué iba él a saber de ninguna catástrofe? El caso es que, lejos de dimitir, Churchill se coronó héroe de la gestión de las crisis ¡Ah, la alta política! En España, hemos rozado ese nivel de calidad política, sí, con el nacimiento de Tabarnia, pero no del todo, pues ha sido un movimiento bottom-up. 

En fin, este año, los que se extrañan brindan con agua mineral; luego está Enric Juliana, fingiendo que se extraña; y luego, después de la ficción, somos realmente brillantes: leed esto, por favor. Resulta que antes, cuando uno perdía su reputación, se limitaba a abandonar el lugar para ser olvidado y regresar al tiempo como un triunfador (o, en su defecto, no regresar jamás). Como lo hiciera Carmencita, de Cabezón de la Sal, que de jovenzuela se enamoró de un zángano que la engañó con todas las del pueblo, y que cuando se supo cornuda, partió a la gran ciudad, enamorando a un triunfador de los negocios, volviendo al cabo de seis Navidades a Cabezón, enjoyada y abrigada entre pieles. Hete ahí The Reputation Strategy. El “cállate-la-boca” mudo; el que no suena. Impecable. Carmencita. Cabezón de la Sal. Ahora vas y lo ubicas.

Imaginad por un instante que Unidos Podemos – Podemos, Puedo, Pablemos, On peut, Whatever… – se evapora del mapa por una temporada… A mí no me extraña que el neo-comunismo tome el relevo de Convergencia i Unió – que ya no sé ni cómo se llaman, ni me interesa. Afortunadamente, ya nadie sabe quién es Yurena – la que fuera Ámbar, habiendo sido Tamara y que naciera María del Mar – y eso me tranquiliza, pues ha creado antecedentes esperanzadores para este confuso, desconcertante, alborotado, perplejo y extraño 2018.

Foto: Dominic Simpson

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