La espita de la ciudadanía

  • ¿Cómo es posible que en la era de la comunicación, la (des)información suponga una lacra?

  • Reflexionar o ahondar supone un tarea intelectual demasiado ardua en una época donde la inmediatez manda.

  • Evolución no significa progreso; conformarse únicamente aboca al empobrecimiento del individuo.

Conducir hacia el desastre o evitarlo en el tiempo de descuento.

El sueño americano como la demostración fehaciente de la teoría del caos. Y es que un simple aleteo en EEUU puede desencadenar una catástrofe en cualquier otro rincón del mundo. Cierto es que no reside primicia alguna en esta afirmación, pues somos plenamente conscientes del poder de influencia que ejerce, directa o indirectamente, el gigante yanqui sobre nuestra rutina. Y tal vez por ello, los cincos sentidos estén puestos en lo que allí ocurre.

El pasado martes 10 de enero, Obama se despedía en la ciudad de Chicago tras 8 años de mandato. Un día más tarde, sería el turno de Donald Trump el cual se enfrentaba por primera vez a la prensa como presidente electo. Viendo ambas actuaciones, parece imposible pensar que los ciudadanos a los que se dirigía el 44º presidente, fuesen los mismos que el 8 de noviembre otorgaron su voto al 45º. EEUU: país de incongruencias; esas que han provocado un cambio cromático completo, radical y extremo. Del negro al blanco en 0,5 segundos y no precisamente entendiendo éste último como el polo positivo.

La sociedad 2.0, virus y cura

Decía Barack Obama en su discurso que realizamos una selección selectiva de los acontecimientos que ocurren a nuestro alrededor. Que estamos tan cómodos en nuestra burbuja que únicamente nos alimentamos de aquellas noticias que cumplen con lo que pensamos, sean ciertas o no. ¿Dónde ha quedado nuestra capacidad crítica? ¿Cómo es posible que en la era de la comunicación, la (des)información suponga una lacra? Ocurre que esta sociedad 2.0 es simultáneamente virus y cura, y que ¡oh sorpresa! nosotros, seres aparentemente racionales, somos los responsables de analizar, examinar y juzgar la realidad que nos presenta este mundo sobreinformado.

Convertidos en autómatas de las redes sociales, el hecho de cuestionar, reflexionar o ahondar supone un tarea intelectual demasiado ardua en una época donde la inmediatez manda. Y así, los medios de comunicación hemos abandonado el análisis necesario para el crecimiento de una sociedad crítica, entrando en una guerra donde únicamente existen vencidos. Cada estrato, cada agente e institución que conforma la democracia parece haber olvidado la necesidad del “se reflexivo”, ese que permite recapacitar y por tanto, crecer, madurar. Cuestionarse o morir en vida. Y esa, es la verdadera amenaza.

La ciudadanía como colectivo posee la espita necesaria o bien para conducir hacia al desastre, o bien para evitarlo aunque sea en el tiempo de descuento. Quizá por ello, Obama apelaba constantemente al poder intrínseco que poseen los ciudadanos. Un grito agónico ante su sucesor que como ya mencionó Iñaki Gabilondo, parece ser el reflejo de la sociedad actual. Más de 60 millones y medio de individuos que han apartado su capacidad crítica, y vapuleado el sentido común para que “EEUU sea grande otra vez”. Grandeza subjetiva.

Tal vez, el bisiesto que dejamos atrás sea el golpe que necesitábamos para entender que evolución no significa progreso, y que conformarse únicamente aboca al empobrecimiento del individuo y por tanto, de ese colectivo llamado ciudadanía del que cada uno de nosotros formamos parte.

Foto:Alpha du centaure

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