La libertad se sembró en el XIX

Fusilamientos del tres de mayo, de Francisco de Goya.
  • Podemos considerar que el siglo XIX en España no comenzó de facto hasta el 2 de Mayo de 1808.

  • El fin de la guerra dio paso a uno de los momentos políticos más efervescentes de toda nuestra historia.

  • El reinado de Isabel II fue marcado por su intento de modernización y de apertura, así como por el papel principal en la política de la época que tuvieron los liberales.

Toda época histórica cuenta con hechos y momentos fundamentales que la definen. Así, por ejemplo, muchos sociólogos e historiadores consideran que el siglo XXI no llegó verdaderamente hasta el 11 de Septiembre de 2001. Ese día, tras los atentados yihadistas a las Torres Gemelas y el Pentágono, el contexto mundial cambió para siempre, dando inicio a una nueva época.

Si bien este día marco un nuevo paradigma a nivel mundial, debido a la sociedad globalizada en la que vivimos, siglos atrás estos hechos se pueden analizar a niveles más locales, ya que los sucesos acontecidos en una geografía concreta no siempre repercutían en el resto del globo.

Bajo esta premisa, podemos considerar que el siglo XIX en España no comenzó de facto hasta el 2 de Mayo de 1808, con el levantamiento del pueblo de Madrid contra los invasores franceses, dando así inicio a uno de los siglos más dinámicos de nuestra historia.

Entre los últimos años del siglo XVIII y los primeros del siglo XIX, un Napoleón cada vez más poderoso e influyente encontró en España un buen aliado para combatir dos frentes que le traían de cabeza: los enfrentamientos con su archienemigo, el Imperio Británico, y las campañas contra uno de los aliados de estos últimos, el Reino de Portugal. Las tensiones con este último llevaron a la firma del Tratado de Fontainebleau, por el cual se acordaba la invasión conjunta entre España y Francia de nuestro vecino ibérico, permitiendo el paso de las tropas napoleónicas por territorios españoles. Como bien es sabido, esto permitió la ocupación de la península por el imperio galo, con el objetivo de instaurar un estado satélite bajo el mando de su hermano José Bonaparte, conocido en nuestras calles con el cariñoso sobrenombre de Pepe Botella (haciendo alusión a ciertas aficiones a los licores que nunca fueron probadas).

Tras estos acontecimientos, seis años de guerra en los que, gracias a las ya legendarias “guerras de guerrillas”, que verían su máximo exponente en el Empecinado, y la ayuda del anteriormente enemigo y, por puro interés geopolítico, ahora aliado, Imperio Británico, se consiguió echar de la península a un Napoleón que cada vez tenía menos interés en ella, debido a los quebraderos de cabeza que le estaban dando sus campañas por Rusia.

El fin de la guerra dio paso a uno de los momentos políticos más efervescentes de toda nuestra historia. En apenas cien años se concatenaron gobiernos de juntas descentralizadas, gobiernos absolutistas, monarquías parlamentarias, más guerras, dos repúblicas, constituciones, reinados de niñas, y de extranjeros, liberales y absolutistas, doceañistas y exaltados…

Los nuevos aires de liberalismo que entraron en España con la Constitución de Cádiz enseguida se vieron aplacados con el retorno de Fernando VII y la vuelta del absolutismo. La “revolución española” que acabase con el Antiguo Régimen no fue tal, y durante la primera etapa del siglo XIX las ideas de la libertad sólo pudieron hacerse un hueco entre el pronunciamiento de Riego y la llegada de los Cien Mil hijos de San Luis, en lo que conocemos como Trienio Liberal.

El absolutismo se debilitó con la muerte de “el Deseado”, ya que el reinado de Isabel II, además de por las dos primeras guerras carlistas, fue marcado por su intento de modernización y de apertura, así como por el papel principal en la política de la época que tuvieron los liberales (divididos en doceañistas o moderados y veinteañistas o exaltados). Los protagonistas de la vida pública de la época nos llenan las calles hoy en día: el general Narváez, Bravo Murillo, Martínez de la Rosa, O’Donnell…

Gobierno provisional de 1869. Entre ellos, Laureano Figuerola, Sagasta, Zorrilla, Prim y Serrano.

Tras la revolución de la Gloriosa en 1868 por la cual Isabel II, pese a su política moderna y liberal, fue enviada al exilio, se iniciaron una sucesión de gobiernos que se podrían considerar como los primeros verdaderamente democráticos en la historia de España: el gobierno provisional, la monarquía parlamentaria de Amadeo de Saboya y la Primera República Española. Esta fue también una época prolífica de grandes nombres: el general Serrano, Juan Prim, Emilio Castelar, Pi y Margall, Sagasta, Zorrilla, Estanislao Figueras…

Aunque fue un periodo de profundización en las libertades individuales, también fue violento y convulso: a las continuas revoluciones se les sumó la tercera guerra carlista. Al final, y tras el pronunciamiento de Martínez Campos, se restauró la monarquía borbónica.

Nuestro país terminaría el siglo manteniendo el modelo monárquico (que duraría hasta la proclamación de la segunda república en 1931) y, si el siglo comenzó con un hecho impactante, también terminó con una conmoción general. El desastre de 1898 que llevó a la pérdida de todas las colonias que le quedaban al Reino de España, marcó la historia y la literatura que se escribieron desde entonces.

Habiéndonos dejado muchas cosas en el tintero, podemos considerar, sin lugar a dudas, que el siglo XIX fue uno de los más interesantes, históricamente hablando, de la biografía patria y el punto exacto en el que se sembraron en ella las semillas de libertad que, mucho tiempo después, terminarían por florecer.

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