La nueva política

Histórico, esa era la palabra más repetida el pasado viernes con motivo del primer debate electoral que se produce en la universidad pública y que tuvo lugar en la Universidad Carlos III. Pablo Iglesias y Albert Rivera ya habían ganado antes de empezarlo. Son los dos únicos que decidieron dar la cara (una vez más), mientras que Rajoy y ZP Snchz hicieron lo que suelen hacer, el primero nunca quiere estar, y el segundo nunca sabe lo que quiere. Sobre el contexto, uno inmejorable: una universidad pública, rodeados de aquellos que no sólo son el futuro, sino que deben ser parte del presente, los jóvenes. Tras ese vino el de El País, al que se sumó el PSOE y próximamente, vendrá el de Atresmedia, con las cuatro principales fuerzas políticas. Todo apunta a que cada día en esta campaña será histórico. Esta cercanía de los políticos, esta presencia constante en el prime time de todas las cadenas es parte de esa “nueva política” que Ciudadanos y Podemos comparten y que PPSOE rechazan. Efectivamente, para nosotros esta política televisada es nueva pero, ¿es mejor esta “nueva política”?

Siempre se dice que España es un país de extremos, esa famosa frase de “las dos Españas” nos viene a la perfección para definir también la situación actual. No tenemos termino medio. Hemos pasado de un panorama televisivo en el que apenas había debate político más allá de la campaña en TeleGobierno (TVE) a una presencia  de la política y de los políticos casi constante en la pequeña pantalla. Desde El Hormiguero, El Intermedio, o el programa de Bertín Osborne hasta La Sexta Noche o Al Rojo Vivo. Teniendo en cuenta que tenemos políticos hasta en los cereales, ¿estamos ante una sobreexposición de la política?

Cereales Políticos

Recordemos a Albert hablando de la tortilla de patatas con o sin cebolla, a Pedro Sánchez haciendo zumos o Rajoy preparando unos mejillones al vapor. Antes que políticos, son personas, y a veces se nos olvida. En general, la población española agradece esa cercanía de los líderes políticos. Sin embargo, a pesar de agradecer esta bajada al barro de la política, la sociedad española no perdona. Una de las cosas más comentadas de ese primer debate, tristemente, fue el error que cometieron al hablar de la bibliografía de Kant. Si se exige más cercanía ¿por qué se vuelve tan relevante algo tan absurdo, tan humano?

Para poder responder a estas tres preguntas, en mi opinión, hay que echar un vistazo al interés de nuestra sociedad por la política. Según la última Encuesta Social Europea de finales de 2012 y principios de 2013 (se realiza cada dos años), España mostraba uno de los índices más bajos de interés, sólo un 34% de la población (un 28% en la anterior edición). Si lo comparamos con países como Holanda, Suecia o Alemania, que rozan el 65%, los datos son realmente bajos. Sin embargo, superamos ampliamente la media europea en implicación política.

Si tenemos en cuenta estos datos de interés, quizá sí que estemos ante una sobreexposición de los políticos. Aunque evidentemente eso no tiene por qué ser negativo, esta falta de interés demuestra por qué en muchas ocasiones lo que trasciende, más allá de propuestas políticas sean las anécdotas “crea memes” que se vuelven virales. No obstante, esta cercanía es necesaria. Los datos, a pesar de bajos, nos proporcionan una tendencia ascendente que nos deja un horizonte esperanzador sobre la aceptación y participación de la sociedad en la política. Gran parte de esta tendencia ascendente es gracias a los jóvenes, ya que en los menores de 25 años los datos de activismo político se elevan al 41% según el último estudio del Centro Reina Sofía. Evidentemente, esta nueva política es mejor, pero como siempre en España, hemos pasado de cero actividad política en la televisión a un bombardeo masivo de los candidatos y sus equipos en todo tipo de programas. Y eso que apenas llevamos unas horas de campaña.

Tanto Podemos como Ciudadanos han sido los “culpables” de este acercamiento a la gente. Pero no solo nuestra “joven” sociedad democrática no esta acostumbrada a esta presencia permanente en los medios, tampoco lo están los políticos. Esta casi constante presencia mediática favorece los fallos que alimentan esa maldita hemeroteca e incluso las cagadas metidas de pata como la de Monedero.

Estamos entonces ante una auténtica renovación de la política en todos los ámbitos, en los medios, en las instituciones y en la calle. Es trabajo de todos acostumbrarse. La sociedad debe ser cada vez más consciente de la necesidad de una participación proactiva en la política. Los políticos, por su parte, deben acostumbrarse a esta cercanía. Las imágenes de Rajoy sobre un banco dando un mitin o un debate de cafetería entre Iglesias y Rivera debe dejar de ser una novedad. Nos esperan unos días por delante apasionantes, pero deberían ser sólo el inicio de una nueva forma de entender y de hacer política para los próximos años.

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