La piedra

Portada del Brooklyn Daily Eagle el "Black Thursday" primer día del crack del 29.
  • ¿No estamos cometiendo los mismos errores que nos llevaron a la crisis de 2008?

  • La Reserva Federal (FED) americana como el Banco Central Europeo (BCE) sintieron la necesidad de ponerse manos a la obra para estimular la economía.

  • Este crédito barato hace que empresas que no serían rentables en un entorno corriente, crezcan basadas en deuda, facilitando enormemente la creación de burbujas.

Según el dicho popular, el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, y, actualmente, en pleno siglo XXI, con todos los avances tecnológicos que hemos conseguido, la cantidad de conocimiento que tenemos disponible, las comunicaciones instantáneas con todo el planeta… al llegar la hora de la verdad, la sabiduría popular prevalece ante todo. Seguimos tropezando con las mismas piedras, desde los círculos más personales a los más institucionales.

En el viaje que pudimos hacer con los compañeros de ThinkAct a visitar las instituciones europeas en Bruselas, durante una reunión con un representante del Banco de España planteé una duda que llevaba tiempo en mi cabeza: ¿No estamos cometiendo los mismos errores que nos llevaron a la crisis de 2008, manteniendo los tipos de interés bajos durante tanto tiempo, fomentando el crédito fácil y, por ello, una posible nueva aparición de burbujas? La respuesta me hizo dudar de si estábamos en 2017 o si por alguna especie de agujero de gusano había acabado en 2006. “No importa lo que pueda pasar, lo que necesitamos es dinamizar la economía para salir de la crisis anterior”. Keynesianismo en vena como medida “novedosa” [sic].

Pongámonos en contexto. Como consecuencia del estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008, tanto la Reserva Federal (FED) americana como el Banco Central Europeo (BCE) sintieron la necesidad de ponerse manos a la obra para estimular una economía que se había quedado más helada que Walt Disney. Para ello, primero la FED y luego el BCE, bajaron los tipos de interés a mínimos (cercanos al 0%), lo que se traducía en que los bancos podían recurrir a financiación prácticamente gratis. Esto, sumado a los tipos de interés negativos en la facilidad de depósito (es decir, que el banco central cobra a los bancos comerciales por guardarles el dinero), y a la inyección de liquidez que han supuesto los diferentes Quentitative Easing (QE, compras de deuda pública y privada por parte de los bancos centrales), impulsó la facilidad de crédito, las inversiones y el gasto, con el objetivo de que volviera a moverse el capital y repuntara la producción.

Evolución de los tipos de interés.

Pero, ¿es esto beneficioso para el conjunto de la economía? Si nos centramos en el corto plazo, parece ser que sí. Aumenta el consumo, aumentan las inversiones, las recaudaciones de los estados… y parece que la recesión económica se deja atrás. Sin embargo, sus efectos en el largo plazo son más contradictorios: este crédito barato hace que empresas no consideradas como rentables en un entorno corriente, crezcan basadas en deuda, facilitando enormemente la creación de burbujas y agravando los efectos y las consecuencias de la siguiente recesión. Los tipos de interés deben volver a subir para controlar la inflación y en ese momento las empresas que parecían rentables, dejan de serlo y quiebran. Un buen ejemplo lo podemos tener en la manera de la que se ha salido de las últimas grandes recesiones.

Entre los años 2001 y 2002, tras la explosión de la burbuja puntocom y la consiguiente crisis del Nasdaq, Estados Unidos quiso aplicar estas mismas medidas keynesianas para volver a activar su economía, y en apenas unos meses bajó los tipos de interés del 6’5% en el que estaban a menos del 2. Llegaron a estar al 1% en 2003. Esto, sumado al impulso a las hipotecas (rentables o no) por parte de las entidades gubernamentales Fannie Mae y Freddie Mac, dinamizó la economía estadounidense (y, por consiguiente, la mundial), pero, como pidió en su momento el “gurú” de la socialdemocracia (y muchas veces rebatido) Paul Krugman al responsable de estas medidas, Alan Greenspan, infló la burbuja inmobiliaria de la que todos conocemos (y sufrimos) sus consecuencias.

Podemos ver rebajas de tipos, impulso a la inversión y consumo… etc. en las fases previas a todas las recesiones reconocidas por el gobierno de EEUU, desde las bajadas de tipos de interés de 1922 que precedieron a Crack del 29, hasta el ejemplo anterior. La misma piedra en el mismo camino y todas y cada una de las veces nos hemos pegado el trompazo. Actualmente llevamos varios años con los tipos cercanos a cero, y el crédito se impulsa de manera enérgica desde los bancos centrales y los gobiernos.

Esta gestión estatal de la economía, eltop-down” de Keynes, provoca unos ciclos económicos más largos y duros, rebajando los incentivos de la banca a auto-regularse e incentivando así una híper-regulación central cada vez mayor. Una pescadilla que se muerde la cola y de la cual no aprendemos, repitiendo el mismo proceso crisis tras crisis. Sin este juego con los tipos de interés, si bien el crecimiento podría ser más lento, sería más sano, ya que sólo permanecerían las empresas que realmente son solventes, previniendo la formación de burbujas.

Ahora sólo hay que apostar por cuál será el sector inflado en esta fase de auge que nos lleve a la próxima recesión. Algunos analistas ya hablan de las start-ups, de las infraestructuras o incluso del crecimiento de China. Tenemos de nuevo la piedra en nuestro camino y, desgraciadamente, nos vamos a volver a comer el suelo.

Imagen principal: Underwood Archives/Getty Images
Imagen cuerpo: Idealista

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