La propiedad del feminismo

Clara Campoamor en el Congreso de los Diputados
  • Creo en el feminismo de Clara Campoamor y Mary Wollstonecraft.

  • Dejar el feminismo en manos de la izquierda paternalista y dirigista de siempre es totalmente contraproducente.

  • Cuando la igualdad es un arma arrojadiza entre ideologías pierde todo su potencial.

Sí, creo en el feminismo, lo confieso. No me considero feminista porque creo que todavía me falta conocimiento suficiente sobre el tema para definirme como tal, pero creo en el feminismo.
Y no, creer en el feminismo no me va a hacer ir corriendo mañana a apuntarme a una Morada ni a hacer collages de Alberto Garzón. Creo en el feminismo de Clara Campoamor, impulsora del sufragio femenino en España (que una vez dijo: “Estoy tan alejada del fascismo como del comunismo. Soy liberal”) y Mary Wollstonecraft, autora de “Vindicación de los derechos de la mujer” (dónde argumentaba la no inferioridad natural de la mujer frente al hombre, estableciendo las bases del feminismo moderno), no en el de Rita Maestre.

La izquierda se ha apropiado totalmente del movimiento feminista, utilizándolo de manera electoral y apoyada por la dejadez de un conservadurismo rancio y a menudo machista. Y esto, lejos de ayudar a la consecución de la igualdad real de oportunidades, es un gran problema en su camino.

Desde el liberalismo, y alejados de igual manera de las tesis izquierdistas y de las conservadoras, se debe apoyar, sin complejos, el feminismo. Porque el machismo anclado en nuestra sociedad además de matar, porque sigue matando, es un ataque directo contra las libertades individuales. Cuando una persona en igualdad de capacidades, intelecto y cultura, se ve discriminada simplemente por el hecho de aquello que tenga entre las piernas, en su cabeza o (poniéndonos cursis, que es Navidad) en su corazón, ve su libertad completamente cercenada. Creo en el feminismo porque a mí me da igual que seas o qué te sientas: eres una persona y por lo tanto mereces un trato en igualdad de oportunidades. Y eso es algo que a día de hoy no sucede con las mujeres, que son tratadas de forma desigual por el mero hecho de ser lo que son.

Este cambio de paradigma, nos guste o no, no va a llevarse a cabo si todo lo que hacemos es pedir al Estado. Porque, normalmente, cuando éste actúa suele ser siempre en contra de nuestras libertades. Por ejemplo, nos parecerá mejor o peor, pero si una empresa decide contratar el 100% de su plantilla a hombres (al igual que si decide que sean 100% mujeres o un cuarto hombres, un cuarto mujeres y el resto animales de granja), el Estado no es quien para meterse en esa decisión.

Cuando una empresa tiene toda su dirección formada por hombres, no debemos pensar en cómo obligarles a cambiar o multarles (deben tener la libertad de gestionar su empresa como quieran), sino en por qué es así, si está justificado o es discriminación (los famosos techos de cristal), y qué podemos cambiar todos y cada uno de nosotros para que eso ocurra cada vez menos (cosa que ya se está empezando a conseguir).

Las SCUM Girls en una manifestación feminista.

Dejar el feminismo en manos de la izquierda, esta izquierda para la que sólo es feminismo lo que sus ajustadas normas personales dicen, sin poder salirte ni un ápice o serás o un machista ignorante o una mujer machista alienada, la izquierda paternalista y dirigista de siempre en la que ellos saben más que los demás y todo el que se salga de su marco lo hace mal, es totalmente contraproducente.

Si todo lo que podemos conseguir es una censura total, un buenismo desmesurado, en dónde se le aplique el tribunal de la inquisición a todo aquél que dice algo que se sale de nuestro marco, o hace humor con algo que no nos gusta, sólo profundizaremos en la dictadura de lo políticamente correcto, sin conseguir cotas más altas y mucho más necesarias. Cuando una cuestión fundamental como la igualdad entre individuos se vuelve, de nuevo, un arma arrojadiza entre ideologías, un nicho de voto o un buen slogan, pierde todo su potencial y gran parte de su capacidad para llegar a triunfar.

Somos nosotros, la sociedad civil, quién debemos luchar por la igualdad real de oportunidades, sin filtros de sexo o tutelas paternalistas. Ser una sociedad aniñada (en lo que cada vez profundizamos más), no nos llevará más que a perder toda capacidad de acción y de crítica. Tenemos que ser nosotros quiénes reprobemos moralmente aquellos catálogos de juguetes en los que aún, en pleno 2016, dividen los juguetes entre aquellos que son “para niños” y aquellos que son “para niñas”, con sus respectivos azules y rosas, y no firmar el change.org de turno para pedir al gobierno que castigue a los malvados sexistas de la compañía de juguetes. Porque lo están haciendo mal, pero están en su derecho, como dueños de su empresa y de sí mismo, de hacerlo mal, ya sea por ignorancia o deliberadamente.

Todos tenemos hijos, sobrinos, primos, hermanos o incluso alumnos alrededor a los que podemos ayudar, mediante nuestro ejemplo, a vivir en el futuro en un mundo más libre. Libre de prejuicios, de injusticia y de intervencionismo moralista e infantilizador.

Foto cabecera: RTVE
Foto texto: garbancitaecologica.org

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