Las claves del discurso del Rey Felipe VI en 2016

  • Vuelta al despacho y al belén, entre los símbolos de valores, conocimiento y trabajo.

  • Un llamamiento al “orgullo español”, con elegancia y serenidad.

  • La palabra “respeto” fue una de las que más repitió.

  • “La clase política debe servir a los ciudadanos para que éstos lleven a cabo sus proyectos de vida”.

Como cada 24 de diciembre a las 21 horas, su majestad el Rey Felipe VI emitió su discurso de Navidad. Este fue su tercer discurso; un discurso que nos devolvía los planos en su despacho.

Importante destacar esta vuelta al despacho, un símbolo de trabajo con un veloz recorrido por Zarzuela, abriendo puertas y mandando un claro mensaje: aquí se trabaja hasta en casa. El belén, arma arrojadiza estrella de estas navidades, también volvía tras un año de ausencia, entre el diccionario y la enciclopedia y desapareciendo en los momentos en que las referencia no eran a los sentimientos sino al estado. El clásico discurso volvió, como el turrón, por Navidad.

Repleto de primeros planos, otorgando firmeza y cercanía, pero imponiendo, justo como ya se vio en la última sesión de investidura del congreso. Felipe VI inició sus palabras dirigiéndose a las familias de la comunidad autónoma de Murcia y Valencia; familias que en las últimas semanas han sufrido gravísimos daños materiales causados por las inundaciones. Tras ellas, dedicó unos extensos tres minutos a recalcar y subrayar los sentimientos colectivos y el patrimonio común que nos unen a todos los españoles y al que debemos cuidar. Nos invitó a la reflexión, a buscar aquello que hace que sigamos adelante – “Fuerza interior”, dijo.

Desde luego, sus siguientes palabras fueron para quienes se dejan la piel por España más allá de nuestras fronteras – a quienes, en mi opinión, poco recordamos. Recordó la labor de servicio público que ejercen; nos transmitió que las libertades individuales y nuestra seguridad son fruto, en gran medida, de su trabajo diario.

Tras el reconocimiento de rigor, comenzó el verdadero cuerpo del discurso. El rey empleó casi la totalidad del tiempo restante en un llamamiento al “Orgullo Español”, y lo hizo con elegancia y serenidad. “No hay que tener miedo al futuro; hay que mirar a Europa”. La bandera española y europea, con la corona como elemento central, fueron el principal fondo de este discurso. Recordó, por encima, una crisis de la que venimos y de la que ya hemos salido, pero a la que hay que terminar de erradicar. Nos hizo un guiño a los jóvenes, nos llamó a la cohesión y al respeto.

De hecho, la palabra “Respeto” fue una de las que más repitió. Y lo hizo al hilo de su a “recuperar la serenidad política” – el penúltimo tramo de su discurso, momento en el que ejerció sin complejos de monarca que reina, pero no gobierna. “Recuperar la serenidad política”, qué forma tan elegante de poner paz al gallinero que hoy es el Congreso.

 

“Me gustaría insistir esta noche también en la necesidad de que cuidemos y mejoremos en todo momento nuestra convivencia. Y la convivencia exige siempre, y ante todo, respeto. Respeto y consideración a los demás, a los mayores, entre hombres y mujeres, en los colegios, en el ámbito laboral; respeto al entorno natural que compartimos y que nos sustenta. Respeto y consideración también a las ideas distintas a las nuestras. La intolerancia y la exclusión, la negación del otro o el desprecio al valor de la opinión ajena, no pueden caber en la España de hoy.

Como tampoco son admisibles ni actitudes ni comportamientos que ignoren o desprecien los derechos que tienen y que comparten todos los españoles para la organización de la vida en común. Vulnerar las normas que garantizan nuestra democracia y libertad solo lleva, primero, a tensiones y enfrentamientos estériles que no resuelven nada y, luego, al empobrecimiento moral y material de la sociedad.”

La crisis territorial, los populismos, las crecientes muestras de violencia e intolerancia resumidas en esos dos párrafos. Dos pilares que se tambalean y que la jefatura del estado llama a apuntalar. Libertad y Orden, una tarea para todos.

“La clase política debe servir a los ciudadanos para que éstos lleven a cabo sus proyectos de vida”, hete aquí un claro hachazo a la casi perpetua situación de bloqueo que hemos vivido. Golpe sobre la mesa frente a la anteposición de los intereses personales, al bien común; y frente al deterioro cualitativo de la política española – que no solo ha acogido a tertulianos en lugar de a eruditos, sino que está calcinada por casos de corrupción de todos los colores.

Pero, siendo Nochebuena, no iba a cerrar su discurso con un mensaje tan desalentador. El cierre del discurso del rey lo protagonizó el futuro: la globalización, las nuevas tecnologías y cómo éstas están cambiando nuestra forma de desenvolvernos – tanto personal como profesionalmente. Hizo referencia incluso el Rey a la curva de la singularidad, la ley de Moore, la agilidad en los cambios sustanciales gracias al desarrollo tecnológico. El “nuevo modelo de mundo”, la necesidad de adaptación y el papel que jugará la educación en hacer que tal fin pueda cumplirse, fueron el punto y final del mensaje de Navidad del rey.

Nuestra agenda está marcada y el impulso de las instituciones hacia esta nueva época de innovación y competitividad intelectual definido.

¿Su postdata? Aprender del pasado respetando a nuestros mayores y sin abrir heridas que ya se cerraron.

Valentín Garal y Sofía Rondán

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