Libertad selectiva

  • “Cara anchoa” ha venido para quedarse, hasta que volvamos a ver a otro imbécil meter la gamba en internet.

  • Escenas absurdas como esa alienan como humanos a un porcentaje amplio de la población a diario a través de la caja tonta.

  • Va siendo hora que nos demos cuenta de lo que significa vivir en una sociedad libre.

Ya está. Ya tenemos una nueva palabra de moda. “Cara-anchoa” o “cara anchoa” ha venido para quedarse con nosotros, hasta que volvamos a ver a otro imbécil meter la gamba en internet. En un mundo de risa fácil y viralización precoz, es bastante sencillo que cualquier idiotez llegue a dar la vuelta al mundo en muy poco tiempo. No es nada nuevo. Esta vez ha sido por el galletón que le soltó un repartidor, con más nervios que Aguirre siendo parada por los agentes de movilidad, a un “youtuber” que se dedicaba a gastar bromas al personal, insultándoles a la cara.

Hay varios detalles de todo esto, dignos de estudio. Estudio que, por supuesto, a mí no me corresponden. Esto es solo mi opinión. En primer lugar, roza el punto de lo absurdo subir tu propio fiasco sin saber las consecuencias que pudiera tener (aunque no me extrañaría que aumentasen los seguidores de dicho personaje). En segundo lugar: el contenido. No solo es subir la agresión física (y verbal por parte del “youtuber”), sino que, en un intento de mantener la poca dignidad que le quedaba, acude al servicio de emergencias y, – tras lo que, probablemente, fueran tres horas de espera jugando al Candy Crush; y cinco minutos, donde tres de los cuáles, el médico de guardia escuchaba atentamente la injusta historia de nuestro amigo, mientras pensaba: ¿y para esto he estudiado yo?,  y dos intentando mantener las formas y dándole un diagnóstico profesional, en vez de darle otro sopapo -, sale mostrando un dignísimo “parte de lesiones”, como si de un herido de guerra se tratara. Acto seguido, fue a denunciar el suceso y, librándose de un tercer tortazo por parte del agente, llega a su casa a grabar las conclusiones donde, haciendo alarde de su inmensa bondad, anuncia que sólo (SÓLO) quiere que le pida perdón (aunque deja caer que “se ha estado informando, y puede sacar dinero”).

Probablemente toda la culpa no sea del chico. Al fin y al cabo, escenas absurdas como esa alimentan y alienan como humanos a un porcentaje amplio de la población a diario a través de la caja tonta. Si a esto le sumamos una educación, donde prima que los hijos tengan todo lo que necesiten (material, por supuesto) frente a la enseñanza de valores, principios y el enriquecimiento personal a través de la cultura, conseguimos el cóctel que llevamos años agitando (no mezclando). Y llegará el momento en que sea demasiado tarde para cambiar el rumbo.

Va siendo hora que nos demos cuenta de lo que significa vivir en una sociedad libre. La sociedad implica convivencia, que no es hacerte amigo de todo el mundo, sino respetar al prójimo en la medida de lo posible. Y la libertad, no es absoluta, acaba donde empieza la del resto. Por esto, si insultas a un desconocido en la calle, es bastante normal que le siente mal y se sienta irritado. Y puede llegar el punto en que veamos situaciones como esa. Así que, ilustrados y amantes de la libertad absoluta, antes de llenaros la boca hablando de vuestros derechos, pensad que no sois los únicos en este mundo, que el resto también los tiene.

Foto: Clément Pinel

 

 

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