Libia: sin alivio

  • El Daesh – esos que vieron que la máquina estaba caliente y probaron a echar la moneda.

  • Miles de refugiados que han permitido la – siempre estimada – recaudación de 88 millones de euros para el autoproclamado Estado Islámico.

  • Libia es un pastel del que el Daesh no era más que las velas. Habrá que ver si esta tarta no nos acaba sentando mal a todos.

Ha pasado ya un lustro de la desastrosa intervención militar en Libia. Un uso, como siempre, interesado de la responsabilidad de proteger, sin saber muy bien a quién, cómo y sobre todo, durante cuánto tiempo. Lo del tiempo de estancia tampoco ha supuesto ningún problema moral para la coalición internacional: se fueron tan rápido como entraron. El pastel que se había montado dentro de Libia podría haber alterado los niveles de azúcar y generar un alto coste para nuestra sanidad pública – y nuestro sistema del bienestar, por supuesto, que no nos lo toquen.

Para resumir: tres gobiernos, dos “capitales”, más de 1700 milicias, 150000 libios que huyen cada año y, como no, Estados Unidos y sus famosos bombardeos quirúrgicos manteniendo la vorágine de la industria armamentística americana en funcionamiento. Vamos, lo que viene siendo el parque de atracciones de cualquier fanático que busque su minuto de gloria – y hay fanáticos de todo tipo. Desde los que juegan en la Champions League del terrorismo, como Daesh, Al Qaeda o Ansar al Saria, hasta otros más de 2ª regional como los tuareg. Y es que, será por regiones transfronterizas en esta oda a la más pura geometría que nos quedó tras la descolonización.

La ONU dejó en las manos de Bernardino León, primero, y del canciller Kobler, después, la creación de un gobierno de unidad. La persona elegida, Fayez al-Sarraj, cuya mayor cualidad es la de la negociación, ha demostrado ser solo capaz de mantener la cabeza sobre los hombros – dada la situación del conflicto, tampoco es algo banal. Es curiosa la elección, teniendo en cuenta que las fricciones tribales y étnicas ya eran un problema para Gadafi (al igual que en otros países de la región) que solo fue mantenido a raya a cambio de una feroz represión. El levantamiento de todas estas tribus y etnias (las que ya estaban, las que pasaban por ahí y las que vieron, en zona revuelta, ganancia de pescadores), no se iba a suavizar,  por tanto, con un poco de talante negociador.

En una región dónde si no impera la lealtad (en su mayoría religiosa), es porque impera el dinero, iba a ser necesario algo más para decantar la balanza del lado de Trípoli (islamistas) o Tobruk (reconocido por la ONU). Porque sí, la ONU reconoce tanto al Gobierno de Unidad como al gobierno de Tobruk, liderado por Al Thini, que ganó los comicios de 2012. Cuantos más caballos tengas en la carrera, más posibilidades hay de ganar – pensarían en el headquarter de Naciones Unidas.

Entre esta batalla este-oeste por el control de las principales ciudades y, sobre todo, las explotaciones petrolíferas, se encuentra el Daesh – esos que vieron que la máquina estaba caliente y probaron a echar la moneda. Hemos obviado la zona sur, dónde tuaregs, toubou y Al Qaeda se reparten un poco lo que queda del pastel libio. Pero vamos, volviendo al Daesh, por suerte, poco queda ya de ellos. Apenas resisten en el centro de la ciudad de Sirte, donde otrora se le diera justicia a Muamar el Gadafi – qué poético todo.

Este pequeño bastión costero que, junto a otras pequeñas ciudades de la costa central de Libia, servía de lanzadera al Mediterráneo de los miles y miles de refugiados que han permitido la – siempre estimada – recaudación de 88 millones de euros para el autoproclamado Estado Islámico. Así que mirad, parece ser que la máquina tragaperras dejó el gordo. Desde luego, esto es solo el principio, al Daesh no lo quería nadie allí. Cuando deje de estar – que nunca se irá por completo, si acaso cambiará de nombre -, veremos cómo queda la situación entre los más islamistas y los menos islámicos. Como he dicho antes, Libia es un pastel del que el Daesh no era más que las velas. Habrá que ver si esta tarta, no nos acaba sentando mal a todos.


Foto: joepyrek

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