Life on Mars?

Simulación del Rover Curiosity, de la NASA.

Hoy, 14 de marzo de 2016, alrededor de las diez y media de la mañana, ha despegado desde Baikonur, en Kazajistán, la última misión conjunta de la ESA (European Space Agency) y la agencia rusa Roscosmos, dirección a Marte. Con esta misión, que incluye la participación de equipos españoles, se espera poner fin a la hegemonía americana en el planeta rojo, siendo la NASA la única agencia espacial que ha conseguido operar con éxito sobre la superficie marciana.

La misión ExoMars (así se llama la iniciativa de la ESA y los rusos), que se espera que llegue a su destino a mediados de octubre, tiene un doble objetivo: por un lado situará en la órbita del planeta vecino una satélite que analice los gases de la atmósfera marciana, y por otro lado un módulo de aterrizaje que tomará medidas similares en la superficie. Todo ello pensado para allanar el camino a la hora de aterrizar un vehículo autónomo (llamados rover) en 2018.

Es especialmente interesante esta misión por su principal objetivo, que es analizar las fluctuaciones en los niveles de metano que se han ido detectando en los últimos años. El interés en este gas se debe a que aquí en la Tierra, se produce principalmente por origen biológico. Otra opción sería que se estuviera produciendo en la erupción de volcanes, pero no hay de estos en la superficie de Marte. Por lo tanto, existe cierta posibilidad de que estos niveles cambiantes de metano se deban a la acción de microbios metanógenos.

Si así fuera y, en unos meses, se dedujera que el metano de la atmósfera marciana está producido por microbios actuales, o fue producido por microbios en el pasado, estaríamos ante la primera prueba de vida extraterrestre. Ahora bien, ¿eso sería una buena señas o una mala?

Podríamos pensar que descubrir vida, aunque sea microbiótica, en Marte sería una buena señal de cara a las posibles misiones humanas al planeta rojo, y a su futura colonización, algo planteado mil veces en la ciencia ficción.

Pero existe una teoría, llamada la Teoría del Gran Filtro, por la que descubrir indicios de vida en Marte sería algo preocupante para el futuro de nuestra especia. Esta teoría intenta dar respuesta a la paradoja de Fermi, formulación del físico Enrico Fermi sobre por qué no hemos detectado vida extraterrestre todavía.

Según la Teoría del Gran Filtro, en el desarrollo de cualquier tipo de civilización en el universo pasaría por tres fases o tipos: el tipo 1, en la que la civilización en cuestión controla toda la energía de su planeta (nosotros estaríamos cerca de esa fase), el tipo 2, en la que se podría controlar toda la energía de la estrella sobre la que se orbita, y el tipo 3 y más avanzado, dónde no supondría problema controlar la energía de toda la galaxia.

Para responder a por qué no se ha sabido de posibles civilizaciones de tipo 2 o 3 extraterrestres, la Teoría del Gran Filtro indica que en la evolución de inteligencias entre los tres tipos existe un momento en el que es imposible avanzar, y la civilización se extingue.

Según esta hipótesis, nosotros podríamos estar, o bien antes del gran filtro, y, por lo tanto, en un futuro la raza humana tenderá a su extinción, o bien después del gran filtro, y hemos conseguido pasarlo, siendo una civilización excepcional que se dirige a una evolución imparable.

Por lo tanto, encontrar signos de vida en Marte, aumentaría mucho las probabilidades de que nuestra civilización se encontrase antes de ese gran filtro, ya que sería extraño que dos planetas vecinos pudieran desarrollar vida tan excepcional que pasase el Gran Filtro. Si la teoría estuviese en lo cierto, el éxito de la misión ExoMars supondría el estar abocados a una más que posible extinción.

Entonces, ¿Queremos que haya vida en Marte?

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