Los ignorantes nos han igualao

Los lunes no suelen ser días de cenas o festejos. Los lunes tienden a la inercia sombría de aquel que acaba convenciéndose de que convertirse en pez, mecerse en la vertiginosa corriente de una urbe y ceñirse a un horario convencional es simplemente lo que toca. Ayer lunes cené atún frente a un pez gordo, avisté un tango por proa, descubrí un nuevo género literario en el horizonte y no usé mi catalejo. Y ahí, partiendo de la orillita de un tartar hacia alta mar, me gustó conocer a Enrique Santos Discépolo en su Siglo XX Cambalache:

“Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor,
ignorante sabio o chorro.
Generoso o estafador.
Todo es igual, nada es mejor.
Lo mismo un burro,
que un gran profesor.
No hay aplazaos ni escalafón,
los inmorales nos han igualao”.

Y más me gustó adueñarnos de ese tango y hacerlo nuestro, pensando que, en la versión actualizada para este siglo, nada más ilustrativo que canjear ‘inmorales’ por ‘ignorantes’. Sí, ya un poco a la deriva por la escasez de vino, ese lunes singular culminó sus horas, advirtiendo en los confines de un crumble de manzana, la silueta de lo que nos hacía aborrecer lo que nos rodea. Huimos y nos saltamos el protocolo de los lunes porque “Los ignorantes nos han igualao”.

Llegados los cafés, echamos el ancla un rato. Encendimos un farolillo y compartimos anécdotas de domingo. Como sabíamos en secreto que lo que más queríamos era zafarnos de lo ordinario, no nos pusimos al día. Sólo certificamos que, entre nosotros, se puede hablar de lo que sucede, porque importa; a sabiendas de que lo que no sucede nos importa quizás más. Allí, entre el vaivén de una cucharilla que revuelve el azúcar en el café, encontramos un suceso poco común que comentar: un medio de comunicación dando la cara por la propiedad intelectual del trabajo de un poeta. Lo repetiré por si ha pasado desapercibido: Un Poeta.

Fragmento de artículo publicado en El Español

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo camino, camino sobre la mar, verbalicé con retórica esperanza. Quizá no haya que perder la fe; puede que, después de la época de los juglares, los versos de un poema hayan dejado atrás su tiempo de oscuro desconocimiento y hayan dado con un nuevo espacio temporal en el que brillar. Al fin y al cabo, la poesía no deja de ser música… “¿Estaremos exagerando con esto de fugarnos a la mar?”, pensé. Y, al segundo de pensarlo, casi decido tirarme por la borda.

 

Fragmento de artículo publicado en El Español

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Chavales y chavalas”, para que quede claro: la poesía es ese género olvidado y sólo abrazado por melancólicos que no gustan de mucha luz y que comprenden, como Roberto Benigni, que sin infelicidad el artista no tiene cabida ¡y ‘La Poesía’ lo sabe y lo tiene asumido! no es necesario humillarla con faltas gramaticales o contenido de libro de autoayuda. No es necesario que El Español reivindique que falta mugre en el aire; ya nos estamos ahogando.

Llamar a esas ‘líneas de palabras sistematizadas’ – siendo generosa – ‘Poesía’ es tal insulto, que, por lo pronto, nuestra suscripción a El Español ha pasado a mejor vida; un frío siberiano se ha hecho con la península; y Theresa May se ha despertado con la leche de su té cortada. Escolios. Ten la jodida voluntad de elevar a género literario poético los Escolios Escogidos de Nicolás Gómez Dávila:

 

“Sin ambigüedad no se puede hablar de nada que valga la pena”;
“El capitalismo es abominable porque logra la prosperidad repugnante vanamente prometida por el socialismo que lo odia”;
“El comunismo fue vocación, hoy es carrera”;
“La trivialidad es el precio de la comunicación”;

 

Y ahora ten la osadía de difundir en tono de protesta que ‘De quien te acuerdas sin motivo’ es un poema víctima del plagio.

A nadie le importa la poesía, y no hay que alarmarse por ello; forma parte de su encanto. A nadie le importa que Borges debiera “fingir que en el pasado fueron Persépolis y Roma, y que una arena sutil midió la suerte de la almena, que los siglos de hierro deshicieron” para proclamarse enamorado. “La luna en el mar riela, en la lona gime el viento y alza en blando movimiento, olas de plata y azul”, y no te importa que ese mar, que Espronceda describía, bañe tus costas. Eso sí, nos va a importar ahora, y porque El Español lo reivindique: ‘De quien te acuerdas sin motivo’.

Definitivamente, “los ignorantes nos han igualao”.  

 


Imagen de portada: David Stephens

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