¡Mira mamá, soy sostenible!

Los Beattles - Abbey Road
  • Sin saberlo, Ahora Madrid estaba tomando sus primeras medidas liberales.

  • La próxima vez que Carmena se levante con ganas de cortar la Gran Vía, quitar los coches pares, disparar a los conductores de coches azules, si tienes alguna de éstas podrás conducir.

  • La pequeña derrota de la “mafia” hiperregulada del taxi.

Recojo unos paquetes cuando la noche ya ha empezado a disimular la capa de humo amarillo que envuelve Madrid. Salgo, cargado, pensando cómo ir hasta mi casa. El metro está lejos, tendría un buen paseo hasta allí, y con los malabarismos que tengo que hacer para llevarlo todo, la idea no me parece demasiado atractiva. Hay alguna parada de autobús algo más cerca, pero tendría que utilizar dos buses diferentes, una caminata y casi una hora de trayecto para alcanzar mi destino. “¡Un taxi!”,  pienso, pero mi tío Gilito interior brama por los (más o menos) 10€ que me van a cobrar, siendo un día normal de entre semana.

Pero desde hace un tiempo atrás y, sorprendentemente, sin la oposición del ayuntamiento de Madrid, los habitantes de la capital tenemos otra opción más para movernos por el centro (“otras”, siendo más preciso). El conocido como carsharing, o uso temporal de vehículos, llegó a España hace algo más de un año de la mano de la compañía Car2Go (aunque previamente existían compañías como Bluemove, estas se asemejaban más al alquiler de coches tradicional). Coches totalmente eléctricos que puedes localizar, reservar, abrir y pagar al finalizar el trayecto, todo a través de su aplicación para smartphones. Todo ello por el módico precio de 19 céntimos el minuto.

Su adaptación no fue fácil en un principio. A la falta de costumbre de alquilar coches de los españoles, se le sumó el problema que supusieron los continuos ataques que sufrieron sus coches, que amanecían destrozados. También, como siempre que ha llegado a nuestras calles alguna propuesta de innovación en el transporte urbano (que se lo pregunten a Uber), el sector del taxi lo recibió con cierto recelo. Pero en este caso, ensordecida por los cantos de sirena de la movilidad sostenible o “verde”, Carmena no puso trabas a la empresa privada, les permitió operar en la ciudad y, además, les alquiló unos garajes de la EMT para poder cargar sus coches. Sin saberlo, y con la intención de luchar contra la capa de mierda contaminación que cubre Madrid, Ahora Madrid estaba tomando sus primeras medidas liberales.

Carmena con el director general de Emov.

Al ser coches eléctricos, se pueden aparcar gratis en cualquier parte de la zona SER de Madrid, tanto zona azul como verde (residentes), y, sí, las restricciones por contaminación… ¡No les afectan! La próxima vez que Carmena se levante con ganas de cortar el centro de Madrid, la Gran Vía, quitar los coches pares, disparar a los conductores de coches azules o algo similar, si tienes alguna de estas aplicaciones podrás conducir y saltarte cualquiera de los Check Points que plantaron para controlarnos.

Tanto es así que, un año después de la llegada de Car2Go, el Ayuntamiento de Madrid ha dado permiso para la entrada de un nuevo competidor al mercado del carsharing en Madrid. Desde hace unos meses Emov, compañía propiedad de Eysa (plataforma de pago de estacionamiento SER) y el grupo PSA (Peugeot – Citroën), está moviendo su flota de coches (también eléctricos, pero de cuatro plazas), para hacerle la competencia a Car2GO. ¡Lo que nos gusta la competencia en Vladivostok! Las principales diferencias con Car2Go son el tamaño de los coches (puedes llevar a más gente, pero son peores para aparcar), la zona de uso (puedes utilizarlos en ciertas zonas también fuera de la almendra central) y la facilidad de darse de alta, ya que con este servicio no tienes que acudir a ningún centro físico y puedes realizar todos los trámites desde su aplicación.

¿Y cómo puede afectarnos a los usuarios la entrada de este nuevo competidor? Pues, como siempre ha pasado, la libre competencia en un mercado no intervenido, repercute en beneficios para los consumidores. Es probable que, para ganar su cuota de mercado, ambas compañías comienzan a desplegar una flota mayor, competir en precios o aumentar las zonas en las que se pueden utilizar sus servicios.

Y esto no para aquí. En unas declaraciones que firmaría el mismísimo Juan Rallo, el ayuntamiento de Madrid no se cierra a la posibilidad de que nuevas iniciativas privadas se unan a este mercado y compitan con los dos ya citados.

Aprovechemos esta pequeña vena liberal que le ha salido a nuestra alcaldesa, alegrémonos de la pequeña derrota de la “mafia” hiperregulada del taxi, y disfrutemos de esta nueva manera sostenible de movernos por la ciudad.

Foto cuerpo: elmundo.es

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.