Municipales 2015, un bodrio audiovisual

Señoras y señores, demos por inaugurada la campaña electoral.

El pasado viernes comenzaba oficialmente el tiempo de campaña para municipales y autonómicas 2015. Los partidos mostraban sus cartas. La simbólica pegada de carteles, acompañada de un simbólico discurso y el simbólico descubrimiento de videos, que resultaban ser los peores de la historia de la democracia.

La consigna general, salvo honrosas excepciones, fijarse en el contrario y atacar con paternalismo triunfalista a su target. Hacía Atlas un divertido ejercicio, mostrando los spots de PP y Podemos sin señalar el partido al que pertenecían. Nadie acertaba una. Los populares apelando a la revolución del obrero, mientras Podemos se emperifollaba en laca y traje de chaqueta. El resultado, un auténtico bodrio.

Pero lo primero es lo primero. Aquí tenemos los principales spots.

El efecto Instagram ha hecho mucho daño. No hay ni un solo video que se haya librado de un buen filtro estilo Valencia. Candidatos impecables, sociales, cercanos y con un hiperrealismo que ríete tú de Ron Mueck, pero principalmente, candidatos ausentes. Tan ausentes como la marca del partido. Da miedo, es comprensible, ¿Quién quiere oir los nombres de los partidos, o ver a los candidatos, cuando puede escuchar mensajes diciéndole lo bueno que es y lo que se esfuerza? Pues todos, señores, todos queremos saber quien nos va a representar, así que tomen nota para la próxima.

El fallo más común, la pérdida de identidad de marca. Por más implantada que esté la marca PPSOE, o incluso Podemos o Ciudadanos, no enseñar el producto, es un fallo de primero de carrera. Claro, que viendo ciertos productos, sabemos que se trata de un “fallo” voluntario. Otra de las características de esta campaña es la excesiva teatralidad, el exceso de acción y actuación a la hora de representar a la ciudadanía, que acaban traduciéndose en la falta total de empatía. Aquello que diríamos comúnmente, “no te los crees”, “se nota que son actores”. Es Podemos sin duda el que más peca de este error. De la go-pro y youtube pasan a la superproducción y el actoraje profesional y eso se nota. Un discurso plagado de “día nacional” con la intencionalidad de alejar la sombra de Venezuela, pero que consigue justamente lo contrario. Un rotundo fracaso que pierde la naturalidad y reivindicación que había conseguido su marca.

Mientras tanto, el Partido socialista, nos intenta dar un mensaje de partido histórico, consiguiendo sin embargo, que lo único que transmitan es, que han quedado para la historia. Vuelve la chaqueta de pana, la barba de abogado setentero, la arruga, el plato de vidrio prensado y hasta el despertador de Casio. “Lo poco agrada y lo mucho enfada” y la España de Cuéntame que nos meten con cucharón, no hay quien se la crea. Experimentos gráficos en cartelería, un Carmona que sale de la nada y un Gabilondo de dentadura ajada, apelan más al voto por caridad que por convicción.

No se queda atrás el Partido Popular, que como hemos destacado antes, comienza con su “revolución”. Mensaje paternalista e imagen de una pulcritud más propia de Neutrex Futura que de un partido político. La excesiva medida de cada imagen, le restan empatía. No digamos ya los carteles electorales. Háganme el favor de dejar a Aguirre que sonría o que no lo haga, pero no me la fuercen en photoshop, que no hay quien se la crea.

Izquierda Unida y Ciudadanos por su parte, parecen haber ido más de Maverick. El problema es, que cuando eres un Maverick, te puedes quedar solo. IU, que acostumbra a hacer unas campañas excelentes, nos ha plantado en esta ocasión un batiburrillo incomprensible de frases, danzas folclóricas y tribus urbanas. Dando la sensación de venderte la nueva temporada de danza en los teatros de Lavapiés. Largo además, muy largo. Y con una imagen impresa que deja mucho que desear.

C’s no se ha complicado la vida y aún a riesgo de que se me vea el plumero, admito que me encanta. Tiene líder, despacho, discurso, eslogan y aplausos. La fórmula no es nueva, pero el resultado es excepcional. Esto parece haberlo comprendido a la perfección el equipo de marketing naranja. Fondo blanco y naranja apelando al voto en los carteles, candidatos con sonrisa, camisa blanca y chaqueta gris. Porque si funciona, ¿Para qué cambiarlo?

El cambio, en ocasiones, no es hacer algo nuevo, es hacerlo bien.

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