Neo-garrulismo

  • Según Izquierda Unida saber inglés nos obliga a ser camareros o emigrar.

  • Su política autárquica, les ha llevado a oponerse férreamente al TTIP y al CETA.

  • Por contra, son claros defensores de la imposición por ley de las lenguas territoriales sobre el castellano.

Hace pocas semanas, repasando la actualidad en ese estercolero de información al que llamamos Twitter, me quedé totalmente perplejo al ver una campaña que se estaba lanzando desde Izquierda Unida, antaño partido político y actualmente “tuitero” de éxito tras su fagocitación por Desunidos Podemos, en la que cargaban contra el bilingüismo en inglés en los colegios españoles con el brillante y repensado eslogan “Bilingües para qué” (sic).

Según la extinta formación política, la formación en inglés solamente prepara al alumnado para un futuro apocalíptico: sufrir ante guiris en Mallorca, bandeja en mano, o en avión rumbo al exilio económico, con destino en los malvados países capitalistas de nuestro entorno en los que, por pura casualidad, disponen de muchas más oportunidades de trabajo que aquí.

Porque, para Izquierda Unida, ¿qué importancia tendrá que más de un tercio de las ofertas de trabajo tengan como requisito mínimo el conocimiento avanzado de, como mínimo, un idioma extranjero (principalmente el inglés)? ¿Qué más da que el 25% del PIB de nuestro país venga de exportaciones al extranjero, principalmente a países de habla no hispana? Si el 12,7% de los trabajos en nuestra economía están asociados al turismo, generando el 11% del PIB (unos 114 millones de euros), ¿qué importa? Si montáis un negocio y debéis atender a algún foráneo que tenga la desgracia de no saber el “idioma del estado español”, siempre podéis hablar más despacio, gritando, y con muchos gestos, que todos sabemos que ese es el idioma universal.

No es de extrañar que a los viejos comunistas de España (viejos de ideas, no de edad) no le guste que la juventud española aprenda inglés, ya que va en línea con su clásica idea de aislarse del mundo, profundamente anti-globalización, que en las últimas semanas se ha visto más que definida con su clara y poco fundada oposición al tratado de libre comercio con Canadá, conocido por sus siglas como CETA, que ha firmado la Unión Europea, con el amplio apoyo del Congreso de los Diputados aquí en España.

Sin embargo, esta repentina alergia que les ha salido a los garzoners con el idioma de Shakespeare sí choca, a simple vista, con su defensa a ultranza del bilingüismo o, incluso, la total inmersión, cuando de las lenguas regionales de nuestro plural estado se trata. Que en Cataluña sólo se hable catalán, que en Galicia sólo gallego, que en Euskadi únicamente Euskera, en Valencia, valenciano… porque deben de traer progreso, pero que ni se les ocurra aprender inglés, no vayan a caer en las feroces fauces del “neoliberalismo” (sic).

Esta desnortada izquierda española, que a falta de ideología clara funciona siempre a la contra, prefiriendo la protesta a la propuesta, busca continuamente zanahorias que poner en el palo de sus posibles votantes: antaño fueron la OTAN y las nucleares, hoy son el bilingüismo en inglés, TTIP, el CETA, un supuesto “neoliberalismo”, la fractura hidráulica, las nucleares de nuevo (no se cansan)… etc. Objetos inanimados, generalmente desconocidos por la mayoría de ciudadanos, a los que demonizar y en los que volcar toda la rabia y el odio en los que basan sus alternativas electorales.

Y todo ello sin importarles las consecuencias, aunque estas sean una peor preparación a su vida adulta de las generaciones venideras. Mucho me temo, y ojalá me equivocase, que estamos ante el surgimiento de una nueva ideología: el neo-garrulismo.

Foto principal: vintag.es

Foto cuerpo: Izquierda unida

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