Ni una agresión más

Año 2016. Siglo XXI.

¿De qué hablo?  Hablo del miedo, o quizá de la ignorancia. De la ignorancia de una sociedad que está condenada a caminar hacia atrás. El pasado 7 de febrero  un joven de 25 años fue agredido en Madrid  tras una pregunta que le realizaron sus agresores.  Una pregunta que para muchos se convierte en el inicio de un problema: ¿eres maricón? Tras esto golpes, patadas… y silencio.

Los agresores,  veinteañeros. El agredido de igual condición. Bueno, quizá no. No de igual condición a ojos de una parte de la sociedad que aún a día de hoy cataloga, inserta de algún modo a las personas dependiendo de su condición sexual en escalones sujetos a distintos derechos.

Pero hay mucho más. Hay mucho antes para que unos jóvenes de 20 años cometan semejante atropello en contra de la libertad de un individuo. Y no hay que irse muy atrás en el tiempo para ver un acto que fomenta comportamientos de este tipo en el futuro de los jóvenes.

Recién estrenado el año, el 19 de enero la plataforma ultraconservadora “Hazteoír” ponía en marcha una campaña contra la cadena de restauración  VIPS; más concretamente contra una promoción que hacia esta acerca de un 2×1 en sus cenas. ¿Cuál fue el “delito”, el “fallo” acontecido por este grupo de restauración a ojos de esta plataforma?

Simple y llanamente emitir una imagen de una pareja homosexual para promocionar esta oferta. En palabras de esta plataforma se acusaba al grupo hostelero de “distorsionar la imagen de la familia” y se les pedía que se incluyesen imágenes que representasen a la familia natural.

“Estas imágenes, y otras parecidas, están por todos lados. En la calle, en los restaurantes del grupo y en las redes sociales. Y niños y jóvenes las están viendo. Niños y jóvenes que podrían ser tus hijos, tus sobrinos o tus nietos. Niños y jóvenes que están siendo confundidos” argumentaba la plataforma.

¿Confundidos? ¿Quién está confundido aquí realmente? ¿Qué es lo que hay que confundir? Por favor no nos equivoquemos. Nuestros hijos, sobrinos, nietos…nuestros niños no se confunden, les confundimos.

Nosotros les decimos por aquí, por allá. Nosotros les decimos que el rosa es para  niñas, y que el azul para  niños. Nosotros les decimos “no llores que pareces una niña” o “no juegues al fútbol que eso es de niños”. Les conducimos. Proyectamos en ellos ideas, nuestras ideas, ideas que van a formar parte de su vida, de sus valores, de su comportamiento. De su futuro.

Decir que ante esta oleada de violencia contra el colectivo LGTB, la delegada del Gobierno en Madrid, Concepción Dancausa, reconoció que se ha registrado una subida en las agresiones homófobas producidas en Madrid durante enero y febrero, y ha pedido a las víctimas que denuncien ante la Policía y no solamente ante las asociaciones.

La misma ha apuntado que esta subida de agresiones hacia el colectivo LGTB le ha llevado a reunirse con diferentes asociaciones y colectivos con las que se quiere trabajar, y ha anunciado una nueva serie de medidas que frenen estos comportamientos homófobos.

En cuanto a la respuesta de los grupos parlamentarios que conforman la asamblea de Madrid cabe destacar dos manifestaciones. La primera la que realizo el grupo socialista madrileño que exigirá la “inmediata apertura” de la Oficina contra Delitos de Odio, una iniciativa que ya propusieron los socialistas y que se aprobó en julio, pero que aún no se ha desarrollado.

Y la segunda la que realizo la portavoz de Ciudadanos en el Consistorio, Begoña Villacís, quien expuso que su partido está comprometido con el colectivo LGTB y que como muestra de ello impulsará “la creación de un protocolo que ayude a prevenir la transfobia en las escuelas madrileñas”.

Leyes, proposiciones, pero el problema ahí sigue, creciendo, y mayoritariamente invisibilizado por múltiples factores. Ojalá no tengamos que volver a esperar a que suceda otro episodio de la misma o de incluso mayor dureza, para que empiecen a funcionar esas leyes, y esas proposiciones. Ojalá nos demos cuenta de que todo empieza en la educación.


Alba Pérez Hurtado: Estudiante de Ciencias Políticas en la universidad complutense de Madrid. “Compus sui”, o eso pretendo.

 

Foto: Sofia Hamavet

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