No nos nieguen el acceso al conocimiento

La pasada semana, conocimos que el Ministerio de Educación trabaja en un proyecto de Real Decreto para la obtención de los títulos de Bachillerato y de graduado en ESO, que modifica el primer borrador que ya envió a las comunidades autónomas para debatirlo en la última conferencia sectorial, celebrada el 30 de marzo.

Las modificaciones consisten en que prácticamente, se vuelve a lo ya existente antes de la LOMCE, es decir, los alumnos podrán pasar de ciclo aunque su nota media sea inferior a 5, y con hasta dos asignaturas suspensas, siempre que no sean ambas, Lengua y Literatura y Matemáticas, al igual que sucedía tras la entrada en vigor de la Ley Orgánica de Educación que se aprobó en 2006 bajo el Gobierno socialista.

Se pretende así, luchar contra la alta tasa de abandono escolar que tiene nuestro país, y que actualmente se sitúa en el 19%, bajar el nivel, para que la frustración que acarrea no llegar a los mínimos establecidos, no empuje a nuestros jóvenes a tirar la toalla de la formación, tener más graduados es el objetivo, incluso a costa de que estén peor formados al bajar la exigencia para obtener el título.

Lejos quedan aquellos momentos, en los que todos los partidos del arco parlamentario hicieron suya también, la propuesta estrella del programa de la formación de Rivera, un gran pacto por la educación, que sentara las bases para formar a las próximas generaciones, alejadas de intereses partidistas y sin cambios repentinos, como este último que nos ocupa ahora, en el que el Gobierno ha decidido hipotecar el futuro a sus jóvenes, a cambio de ahorrarles el tener que enfrentarse a un posible fracaso.

La solución en ningún caso, debe ser bajar el nivel, hay que encontrar la manera en la que aquellos que se plantean abandonar debido a que no alcanzan los mínimos exigidos, elijan continuar y lo logren, apoyar y ayudar a aquellos que a pesar de esforzarse al máximo, no lo logran, para que nadie quede excluido. Bajar el nivel es lo sencillo, lo complicado es subirlo a la vez que aumentamos el porcentaje de éxito, de lo contrario estaremos haciendo un flaco favor al futuro de nuestra sociedad, pues su progreso, siempre irá ligado al progreso de sus individuos, y este pasa por la formación que estos adquieran. Rebajar el nivel, es un riesgo para un país que tiene el dudoso honor de estar siempre a la cabeza en el porcentaje de parados que posee respecto a su población activa.

Además el pensamiento crítico, es la base de la libertad individual, si les negamos a nuestros jóvenes el acceso al conocimiento, su capacidad para tener conciencia crítica, se verá limitada y podrán ser víctimas de adoctrinamientos con mayor facilidad, pues serán incapaces de distinguir por si mismos, no podrán emitir juicios de valor independientes, y estarán condenados a aceptar como buenos los criterios mayoritarios.

Y mientras esto sucede en los institutos, la universidad no es portadora de mejores noticias, los antiguos lugares de debate, de exposición de ideas innovadoras, diferentes, contrapuestas a veces a las mayoritariamente adoptadas como válidas, ahora se han convertido en espacios seguros para los allí presentes, sitios donde se prohibe el debate en algunos casos, para proteger los frágiles valores de los futuros líderes de nuestra sociedad, se acabo el refutar ideas, el demostrar que algo es equivocado mediante la exposición de argumentos más sólidos que los presentados por el otro, y si no es así, siempre podemos recurrir a la ley, porque si lo dice la ley, ya saben, no es necesario argumentarlo. Tenemos varios ejemplos recientes, como cuando la gente de Hazte Oír, sacó su autobús con un mensaje trasnochado y estúpido.

Una sociedad que ante este hecho, no es capaz de ridiculizar y condenar por sí misma la forma de actuar de este colectivo, disuadiendo así a sus responsables de repetir la acción, sino que solo puede recurrir al Estado y que sea la justicia la que alegando supuestos delitos de odio o ataques a la moral mayoritaria de la sociedad sea la que prohiba al autobús circular para que así no pueda difundir un mensaje, que aunque sea estúpido puede vulnerar la sensibilidad de ciertas personas, esa sociedad está condenada, pues nunca deberíamos olvidar que el Apartheid fue legal, el Holocausto fue legal, o que la esclavitud durante prácticamente toda la historia de la humanidad ha sido un acto respaldado por las leyes de cada época, a veces la legalidad es una cuestión de poder, no de justicia.

Por todo esto, dejen que los más jóvenes sepan los motivos por los que estos hechos están mal, no se conformen con que sea porque ustedes se lo dicen, porque el día que falten, quizá no encuentren motivos para no volver a legalizar la esclavitud, el colonialismo o pensar que el Holocausto tampoco fue para tanto.


David Salazar: Administrador y Director de empresas. Estudiante de Ciencia Política y Administración Pública.

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