Nuestra deuda con Atenas

  • 35 jóvenes, 20 países y una idea: cambiar esto de una jodida vez.
  • La razón será nuestra guía para luchar contra la simpleza política que asola este Viejo Continente.
  • ¡Hagámonos visibles! – ¡joder! – de nosotros depende que esta obra que tenemos, trascienda también a nosotros.

Atenas no es más que escombros, en todos los sentidos, de lo que una vez fue. Sin embargo, lo que Grecia nos dejó va mucho más allá de los restos de la Acrópolis. Es algo, que por suerte, trasciende al tiempo y al lugar. Es capaz de alumbrar, aún siglos después, las sombras que se ciernen sobre Europa. Se trata de algo tan intangible como la Razón y la Lógica.

Os pongo en contexto. Finales de noviembre, 35 jóvenes, 20 países y una idea: cambiar esto de una jodida vez. El motivo: la crisis de los refugiados. Los refugiados en general, porque esto hace tiempo que dejó de ser una crisis coyuntural acotada en el tiempo y pasó a ser una realidad internacional – y lo que nos queda, si añadimos los futuros refugiados o migrantes medioambientales. En definitiva unas jornadas donde compartir experiencias relativas a refugiados, hacer brainstorming de políticas de integración y cooperación a todos los niveles y trabajo de campo.

European Y.O.U.T.H. meets politics - Grecia

European Y.O.U.T.H. meets politics – Grecia

Nuestro objetivo: la sencilla tarea de elaborar un plan de acción y un posicionamiento respecto a esta situación, que puedan ser elevados a esas altas instancias llenas, en muchos casos, de bajas éticas y moralidades. El resultado – en mi modesta opinión – fue inmejorable. En resumen, el plan de actuación se basaba en una revisión completa de los protocolos de Dublín III en los que se incluya para su elaboración a países del entorno, una mayor interacción entre ONGs y gobiernos etc. Más allá de esto, que era el objetivo técnico del viaje, me gustaría quedarme con lo que para mí significó Atenas.

European Y.O.U.T.H. meets politics - Grecia

European Y.O.U.T.H. meets politics – Grecia

Nos encontramos en ese contexto histórico en el que encajaría esta frase de Platon de hace un par de miles de años: “el precio de desentederse de la política es ser gobernado por los peores hombres”. Y, sin embargo, mis sensaciones tras este viaje han sido diferentes, creo  –sin duda – que hay esperanza. Esperanza, cuando veo que hay jóvenes de lugares tan dispares como Finlandia, Escocia, Eslovenia, Albania, Rumanía o incluso Georgia con unos valores tan constructivos y, sobre todo, realmente dispuestos a defenderlos.

En el entorno no sólo se respiraba Unión, sino que se sentía Europa. Como ya escribíamos en esta revista, en este intento de desenterrar el sXX, coincidir con gente tan diversa pero, a la vez, tan ilusionada por este proyecto que se llama Unión Europea, es realmente esperanzador. La juventud hace tiempo que dejó de ser únicamente el futuro, la partida se está jugando en el ahora, en presente. Debemos ser parte activa, y proactiva de esta acrópolis que seguimos construyendo y que por momentos se tambalea. “El hombre más poderoso es aquel que es totalmente dueño de uno mismo” decía Aristóteles y, por desgracia, muchos jóvenes estamos cediendo gran parte de nuestra soberanía. Brexit y Trump han sido los primeros sonidos de una alarma que muchos han preferido posponer en lugar de descartar. Pero Atenas me ha enseñado que hay muchos a los que la alarma les hizo despertar.

Gracias, por tanto, por todo lo que te debemos, Atenas. Ese sería el resumen de mi experiencia. Porque, más allá de ruinas, nos dejaste algo que trascenderá, también, a nosotros, incluso a los restos de esa venerada obra de la arquitectura. La razón será nuestra guía para luchar contra la simpleza política que asola este Viejo Continente. “La educación es el encendido de una llama, no el llenado de un recipiente” decía el otro gran filósofo griego, Sócrates, y sin duda, en muchos es una llama que lleva tiempo encendida. ¡Hagámonos visibles! – ¡joder! – de nosotros depende que esta obra que tenemos, trascienda también a nosotros. De lo contrario, será recordada como el mayor ejemplo de “lo que pudo haber sido”. Es hora, como decía Francisco de Borja las Heras, de “reivindicar ese humanismo griego que fue nuestro valor fundacional”.

Foto: Sharon Mollerus

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